Francisco Vacazur (51) nació en la Puna salteña y allí conoció al sacerdote Juan José Nuñez, quien lo invitó a conocer más sobre la congregación fundada por San Francisco de Asís. A los 18 años, durante el carnaval, ingresó al convento franciscano para iniciar un camino espiritual y de servicio. Durante alrededor de nueve años, en un instituto privado, se formó en psicología, filosofía, sociología y teología, entre otras disciplinas. A lo largo de 23 años, misionó en muchos lugares de Salta, de la Argentina y de otros países. 

En 2009, mientras era párroco en Tartagal, un alud arrastró al pueblo y, en un sentido simbólico, también a Francisco. Después de esta tragedia, cayó en un estado depresivo, sufrió ataques de pánico y, además, se intoxicó con un parásito (Cryptosporidium) por el agua contaminada. Durante casi un año estuvo enfermo y se dio cuenta de que así no podría ayudar a la gente. Por eso, pidió un año de licencia tanto en la Iglesia Católica como en su comunidad religiosa. 
En 2010, un amigo psiquiatra de Mar del Plata -también había trabajado allí-, se preocupó por su estado de salud y lo invitó a “La Feliz” para que se hiciera atender. Unas semanas después de haber llegado, protagonizó un siniestro vial que pudo haberle costado la vida. Durante 10 días estuvo internado. En el hospital, se cruzó con una mujer de la que se enamoró y decidió replantearse su vida. Cuando se terminó la licencia, decidió casarse y quedarse en Mar del Plata con su enamorada y con “dos hijos del corazón”. 

Tras enterarse del matrimonio civil, la orden franciscana lo expulsó y la Iglesia Católica le notificó que no podría ejercer más el sacerdocio. A pesar de esto, él no pidió la dispensa, que significa volver a ser laico. Sentía que su vocación por ayudar a la gente seguía tan fuerte como al principio. 

Cuando decidió apostar por su matrimonio, Francisco se dio cuenta de que no tenía muchas herramientas para encontrar un trabajo formal. A pesar de la vasta formación que había recibido en el instituto franciscano, nunca obtuvo un título académico reconocido por el Ministerio de Educación, que le permitiera ejercer como profesor o catequista: “Cuando uno sale de la Iglesia, es la indiferencia total. No vale nada el estudio”, dijo a El Tribuno. 
Francisco recordó que el arzobispo de Salta, monseñor Cargnello, no tomó a bien su decisión. “De hecho, entré por la puerta grande y salí por atrás, como escondido. Eso es lo triste. Si uno se va con la verdad y con honestidad, no hay un apoyo”, sostuvo.

Cuando estuvo enfermo, los franciscanos trataron de acompañarlo pero no sabían cómo. Fue difícil luego recibir la expulsión de la orden, tras 23 años en el convento. Lamentó también que algunas personas, incluso de su propia familia, se apartaran de él por considerarlo un “desertor”. “Después de haber entregado la juventud, la vida, lo mejor, uno se queda tan solo como loco malo”, lamentó.
“Yo esperaba una Iglesia más abierta, que me comprendiera. Cuando uno sale, no tiene a nadie, pero Dios nunca me dejó”, confesó el cura. “Yo sigo trabajando porque Dios me enseñó a amar a la gente y amar a la Iglesia”, definió.

Sobre los franciscanos, dijo: “Es mi familia, a la cual yo amo. Quiero a los hermanos aún muchísimo. Aprendí mucho de ellos y les doy gracias, pero también siento el espíritu de San Francisco, que dice: ‘Repara mi Iglesia’”. Francisco trata de vivir lo que le enseñaron: amar a Dios y al hermano: “Estoy convencido de que siento ayudar a la gente y amar a Dios, por eso continúo con mi camino”.
No se arrepiente de haber dedicado 23 años a la vida religiosa, aunque opinó que la Iglesia Católica debería ayudar a quienes trabajaron tanto por ella: “Hay muchos como yo, sobre todo, religiosas y monjas, que no encuentran trabajo. Eso es algo muy fuerte que en la Iglesia tenemos que modificar porque somos hombres y mujeres que hemos dado lo mejor. Tendrían que apoyarnos un poco”. 

Una propuesta distinta

A pesar de las barreras con que se topó, Francisco armó un centro de recuperación espiritual ecuménico. Junto a otros sacerdotes casados, lleva adelante la consultoría “Nuestro Bienestar Interior” (nuestrobienestarinterior.com). No dan misas públicas ni sacramentos pero hacen bendiciones, ceremonias y predican el Evangelio. El sábado pasado, cuando los católicos celebraron el día de la Inmaculada Concepción de María, hicieron un retiro espiritual frente al mar. 
Hace seis años Francisco lleva adelante un proyecto de promoción y fortalecimiento de valores humanos con apoyo del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Desde entonces, brinda contención y ayuda a los más pobres de Mar del Plata. 
Así, visita comedores, escuelas, sociedades de fomento, geriátricos y el basural. Para llevar adelante esta tarea, Francisco tiene una capilla móvil, que recibió la bendición del papa Francisco. Además, conduce programas de radio y televisión en los que habla sobre valores humanos.

Un camino nuevo, de la mano del Papa

Durante el tiempo de crisis, Francisco entabló amistad con Jorge Bergoglio, quien era entonces arzobispo de Buenos Aires: “Él me sostuvo y me dijo que soy sacerdote para siempre pero que la Iglesia no puede recibirme como sacerdote casado”. Recordó que el fue el único que lo abrazó en su peor momento, que le pidió que siguiera trabajando por los pobres y que buscara a todos los sacerdotes y religiosos que dejaron la Iglesia para ayudarse, unirse y ofrecer otro camino. 
“Yo salí, no para criticar, sino para aportar a la Iglesia y mostrar un camino que es posible. Creo que tiene que haber un cambio de mentalidad”, planteó y sostuvo que es posible casarse y dedicarse a la vocación: “Es un camino de encontrarse con Dios y ser feliz con las personas que uno ama”. Por eso, quiere reunir a quienes dejaron los hábitos, ya que muchos lo hicieron con culpa, miedo o vergüenza. En Mar del Plata son cuatro los curas casados; en Buenos Aires, más de 50, y, en Salta, “un montón”. 
Francisco recordó que hasta el siglo XII los sacerdotes se casaban y que “en la Biblia dice que el sacerdocio es para siempre”.
Consideró que la Iglesia debería apoyar a quienes abrazaron otras vidas: “Si no, mientras uno sirve, todo joya, y después, cuando uno sale, es como si fuera del otro lado. En ningún momento uno reniega de Dios. Al contrario”. 
Todos los meses Francisco se cartea con el Papa, de manera extraoficial: “Yo le escribo como un amigo. Creo que como hombre él puede hacer muchas cosas pero como Papa le cuesta... Él mismo me dijo que es muy difícil que la Iglesia apruebe a los sacerdotes casados. Sin embargo, nadie quita que yo pueda seguir trabajando por los pobres y llevando la palabra de Dios”.
 

 

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