Adolescentes generan una ola  de denuncias sobre acoso y abuso

A las horas de la denuncia del Colectivo de Actrices Argentinas por violación contra el reconocido actor de novelas Juan Darthés, la acción colectiva ya se nombraba como un "momento bisagra". Los episodios que vinieron luego así lo confirmaron.

Las denuncias a la línea Nacional Contra el Abuso Sexual Infantil aumentaron en un 240 por ciento. Pasaron de 16 el lunes pasado, a 55 al día siguiente y continúan en aumento, según informó el programa Las Víctimas contra las Violencias, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. La línea 137, que acompaña a víctimas de violencia familiar y sexual en Buenos Aires registró un aumento del 18 por ciento en las denuncias.

Las repercusiones hicieron eco, además, afuera de los organismos estatales, como en el Colectivo Furia Feminista que trabaja en 19 ciudades del país. De una llamada diaria o incluso una cada dos días, pasaron a recibir 15 por jornada.

"Efecto de identificación" llamaron los especialistas al fenómeno, que se replica por estos días en Salta. La denuncia que conmovió al país y que logró instalar a través del hashtag #MiráCómoNosPonemos el tema del abuso y acoso sexual, hizo que una catarata de casos silenciados por años encontraron en las redes sociales un escenario propicio para salir a la luz.

"No nos callamos más" fue otra de las consignas que surgió. El crudo relato de Thelma Fardín sobre el abuso sexual al que la habría sometido Darthés cuando tenía solo 16 años, generó un efecto boomerang para otras jóvenes.

"Esto lo denunciamos nosotras, pero sucede en todos los ámbitos", aseguró la actriz Griselda Siciliani. En tan solo unas horas, Facebook, Twitter e Instagram se inundaron de denuncias de acoso y abuso sexual.

"Ayer a la noche llegué a contar hasta 30 historias de Instagram", dijo A. G., una joven que, si bien no denunció su caso en las redes, lo hizo ante El Tribuno.

Las publicaciones involucraron en su mayoría a adolescentes aun menores de 18 años o incluso a jóvenes de entre 20 y 25 años. Con fotos, nombre y apellido se expone públicamente al presunto abusador o acosador.

Los diferentes relatos dieron cuenta de situaciones en las que mediaron el alcohol o las fiestas. Otras casos se produjeron en espacios más privados, como casas o autos. Incluso, algunas denunciaron abusos de familiares o hasta de promotores de viajes de estudio de una reconocida empresa en Salta.

Ayer se conoció una denuncia de abuso sexual en una escuela de Tres Cerritos, donde una alumna se mostró nerviosa al no poder realizar una tarea y explotó en llanto.

"A la maestra le pareció extraño que no pudiera hacer un ejercicio que era bastante sencillo, y cuando la llevó afuera del curso, la alumna le contó que estaba viviendo una situación de abuso por parte de su padre", dijo a El Tribuno la directora del establecimiento, quien destacó que allí se dicta educación sexual integral.

La docente siguió el protocolo y convocó a la madre que radicó una denuncia penal.

Más allá de los detalles, todas las historias coincidieron en un mismo punto: las víctimas denunciaron haber vivido una situación sexual en contra de su voluntad. La vergenza de ser señaladas y cuestionadas, el miedo y el desconocimiento fueron los motivos que la mayoría esgrimió para explicar el silencio que guardaron durante años. Algunas de las denuncias se retroalimentaron con más acusaciones contra el mismo victimario por parte de otras mujeres, mientras que, por otro lado, algunas de las que decidieron hablar sufrieron amenazas.

“Quiso violarme en una fiesta de Navidad”

A.G. 17 AÑOS

A.G. subió su relato en Instagram, con nombre y apellido del chico al que acusó de un intento de violación durante una fiesta de Navidad. Tras su denuncia, se sumaron otras jóvenes que afirmaron haber sufrido los mismos abusos. 
Todo habría comenzado con episodios a los que no pudo poner freno y eso la hizo sentir culpable. “Dudé muchas veces de contarlo porque no sabía si me iban a tratar de fácil, si yo le había dado lugar a que me hiciera eso. Me sentía mal por no haberle cortado la cosa en la fiesta”, aseveró. 
Primero fue un beso “robado”, que ella y sus amigas tomaron a la ligera. Luego, según contó, él la sacó a bailar e intentó que le tocara sus partes íntimas, a lo que ella se negó.
“Fuimos hasta un descampado y él me insinuaba de tener relaciones, yo le contestaba que no iba a pasar. Cuando llegamos al descampado, comenzó a querer bajarme el enterito que tenía puesto para verme los pechos, yo me agarraba las tiritas, hasta que de repente me lo bajó entero y me empujó, me puso el brazo en la espalda y yo no podía moverme. Quería penetrarme por la fuerza y yo lo corría con la mano, como podía. Le pregunté si tenía preservativo para distraerlo y comenzó a buscarlo en el bolsillo. Ahí me soltó un poco y logré correr, me metí en una cuadra que no era, él me alcanzó. Cuando estábamos llegando a la fiesta, me pegó en la cola por haberlo calentado”, relató. A.G. y recordó haber soportado el llanto hasta llegar a su casa.
“Lo cuento ahora porque ya no podía callarme más, aunque me dé mucha vergüenza”, señaló la adolescente y advirtió: “Hablo ahora porque sé que me van a apoyar”.

“No hablás por vergüenza”

A. C. 17 AÑOS

“Una no habla porque te da vergüenza de vos misma, te culpás. Si bien en un momento entendés que no fue tu culpa, te queda hasta el rechazo de verte en el espejo todos los días y decir: capaz yo lo causé”, lanzó A.C. apenas se sentó para compartir su relato. 
Para ella, la denuncia de Thelma Fardín contra Juan Darthés es una muestra de la gravedad de lo que sucede y eso se reflejó en las redes. “En un día vi como 30 historias en Instagram de pibes escrachados. Algunos por abuso, otros por violación. Me alegró ver que nos animábamos a hablar pero es muy fuerte que esto pase tanto”, aseguró sorprendida. Consultada sobre su denuncia, A.C. aclara que no se lo contó a sus padres porque la “matarían” si supieran que se subió al auto de un chico.
El año pasado, A. fue a “dar unas vueltas” con un joven de 18 años al que “estaba conociendo”, y allí sucedió lo que “la marcó”. “De la nada comenzó a tocarme los pechos, yo me quedé paralizada, le pedí que parara, quería bajarme del auto. Me decía que era una broma. Me dijo que me iba a acercar a la parada del colectivo,” contó entre lágrimas. La situación se repitió por lo que ella amenazó con tirarse del auto: “Puso trabas y no me dejaba bajar, hasta que paró, pero me pedía que para que me dejara bajar le diera un beso”, prosiguió su relato. Finalmente, entre forcejeos, ella se lo dio, porque “solo quería salir de ahí”. “Él me siguió hablando y no vio la gravedad del asunto. Cuando llegué a casa me largué a llorar, fue una agresión a mi privacidad”, manifestó A. C. y aseguró que le hubiera gustado advertirle a las chicas que salieron con él. “Salía hasta con chicas de 14”, advirtió.

“Mi tío me violó a los 5 años”

K. D. - 16 AÑOS 

Para contar su caso, Karen necesitó estar acompañada de su amiga y que la entrevista fuera en “un lugar abierto”. Sufre depresión y no puede estar en lugares cerrados. En enero denunció a su tío por violación ante la Fiscalía de Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual N°2. “No puedo estar con un chico, no me siento cómoda, me da asco, no puedo ni abrazar a mi hermano. Me mutilaron psicológica y emocionalmente”, sentenció.
“Mi tío tenía 17, 18 años. Los fines de semana íbamos a la casa de mi abuela. Todo comenzó con juegos, con cosquillas. Un día mi tío nos dijo a mí y a mi prima que jugáramos a los novios. Me dijo que me diera la vuelta y la agarró a mi prima, la tenía contra la cama. Después me agarró a mí, yo le dije que no quería jugar, dijo que si no jugaba le iba a avisar a mi papá que yo hacía cosas malas, que le iba a creer porque era su hermano. Yo era solo una nena, solo quería jugar!”, aseveró entre lágrimas. Luego de aquel episodio, K. intentó hablar con una prima. “No me creyó”, lamentó. Ante el descreimiento, decidió guardar silencio, hasta que las emociones desbordaron. “Le conté a mi papá, solo se puso a llorar, no me ayudó ni contárselo a mi mamá. Ella sí me ayudó a denunciar”, indicó.
El tío de K. estuvo preso por unos días y fue liberado, por lo que su familia decidió mudarse. “Sé que me va a hacer algo, no sé cuando. Yo le digo a mi mamá que recién cuando aparezca en una bolsa tirada, recién ahí van a hacer algo”, denunció. “Que se visibilice sirve para poder contarlo. La gente duda y piensa que ganás algo en contarlo, cuando en realidad perdés todo”, cuestionó.

“Mi hermano me tocaba” 

M.S. 16 AÑOS

La joven afirmó que no denuncia para evitar “mayores dolores” a su madre.

La historia de M.S. está marcada por un silencio que, asegura, la carcome. “Callarme me está limi­tando”, aseguró. 
La joven dice ser cons­ciente de que deberá de­nunciar a su abusador, que es su hermano y hoy tiene 18 años. “Gracias a Dios, ya no vive con nosotros”, agradece aliviada. Mien­tras, asiste a la psicóloga intentando superar la de­presión y los intentos de suicidio. Aunque también con su psicóloga guarda silencio.
“Tengo miedo de lo que suceda con él y lo que su­ceda con mi mamá”, ad­virtió. Justifica que su mamá ya “tuvo suficiente dolor” con el abuso que también sufrió su hermana de parte de su abuelo y tío paterno, que hoy están de­tenidos. Tres generaciones de abusadores serían un golpe que no sabe si su madre podría soportar.
“Solo algunas amigas cer­canas lo saben”, advierte al iniciar el relato.“Cuando tenía 7, 8 años, no recuerdo bien ya que siempre traté de olvidarlo, mi hermano dos años mayor que yo me manoseaba cuando yo dormía”, indicó, aunque advierte que ella simulaba dormir.
“Ocurrió durante 3 o 4 años. Traté de evitarlo quedándome despierta to­das las noches o atándome algo para que no pudiera bajarme la ropa. Recuerdo que incitó a un vecino a que me tocara, yo era pequeña y no entendía nada. Solo que no quería que siguiera ha­ciéndolo sin saber cómo pararlo. Hasta el día de hoy me sigo cuestionando si pasó o solo fueron pesadi­llas. Hay noches en que no duermo porque siento co­mo si él estuviera cerca”, contó.

“Buscó estar a solas para tocarme”

A.P. - 16 AÑOS

En diciembre de 2016 el tío de A.P. tenía que ir a tomar medidas a su casa para la construcción de un garaje. “Fue dos horas después de lo que había arreglado con mi mamá”, contó. Después de lo que sucedió, entendió que él “intentó que mi mamá no estuviera”. 
El rechazo que, según A.P., tuvo desde niña hacia el esposo de su prima, encontró sus fundamentos aquel día. “Cuando terminó de tomar las medidas yo estaba sentada, se acercó desde atrás y me dio un beso en la mejilla. Comenzó como a abrazarme, me agarraba con una mano e intentaba meterla bajo mi remera. Con la otra, me tocaba la pierna”, contó. Inmóvil por lo inesperado de la situación, tomó conciencia cuando vio lo que sucedía. “La sensación más fea de ese momento fue bajar la mirada. Le dije que saliera, mi hermanito estaba al lado. En aquel momento tenía 5 años. Ahí saludó a mi hermano como jugando, como disimulando la situación. Cuando ya estábamos cerca de la puerta, en la reja, metió la mano y me tocó los pechos”, contó. Cuando finalmente se fue, A.P. recuerda haber entrado asustada a la casa. “Pero no se fue, volvió y tocó la ventana. Dijo que se había olvidado la llave. Ahí le mandé un audio a un amigo y a mi novio, no busqué las llaves, pero le dije que no había encontrado nada, dijo que ya las había encontrado y se fue”, relató. A.P. le contó a sus padres y radicaron la denuncia en la Unidad de Delitos Contra la Integridad Sexual Nº2. La joven asegura que algunos episodios cotidianos en la calle la hacen regresar a aquella situación de desprotección. 

“Mi mamá y abuela fueron violadas”

D.C. - 17 AÑOS

La historia de D.C. es de tres generaciones marcadas por la violencia de género. Su abuela fue violada y su mamá también, aunque nunca quiso contarlo. “Mi abuela le dijo: ‘¿Vos por qué andabas jodiendo con los vagos?’. Tenía 7 años!”, destacó. Su mamá, además, sufría violencia de parte de su papá, quien “gracias a Dios se fue con la vecina. Por eso decidí cortar con mi ex”, aclara.
La adolescente vive en Solidaridad. “Tengo vecinas que murieron y no salieron en ningún lado. A los femicidios de las chicas de la periferia no se les da bola, no salen en los diarios ni en la tele”, aseguró, mientras pedía disculpas.
Luego de un noviazgo de 8 meses, D. quiso cortar cuando la mamá de su ex le contó “que lo había mandado al psicólogo porque quiso pegarle. Comenzó a insultarme una noche que estaba tomando en su casa y le tiró un vaso a mi amiga que intentó calmarlo. Nos encerró en la habitación hasta que vino su papá y lo justificó diciendo que él se ponía nervioso”, contó. Luego de aquel episodio D. sufrió acoso durante algún tiempo más, pero, para no ser “como su abuela y su mamá”, lo alejó definitivamente. 
La joven asegura que en el feminismo encontró aquel espacio donde se siente “cómoda” entre “tanto” episodio cotidiano que la incomoda. “Un día estábamos tomando con mis amigos. La mayoría de los chicos borrachos dijeron que les dolía que sus papás maltrataran a su mamá. Y ahora nos tratan de feminazis y ellos no se dan cuenta de que lloraron por lo que nosotras defendemos”, aseguró.

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