En busca de un sueño: Sofía Murillo consiguió el título de arquitecta

"Cuidá a los abuelos y estudiá", le dijo Evelia Murillo a su hija la última vez que la vio, el 17 de septiembre de 2014. Dos semanas después, la asesinarían en la escuela rural donde trabajaba. Las palabras y la imagen de su madre en esa despedida quedaron grabadas en la memoria de Sofía, que el jueves alcanzó el sueño que había empezado a construir con ella: recibirse de arquitecta.

En octubre de 2014, Salta se conmocionaba con el caso de la maestra a la que habían matado en la humilde escuela albergue del paraje El Bobadal, donde enseñaba para pagar la universidad de su única hija, Sofía.

Evelia Murillo murió tras recibir un disparo en el pecho la noche en que trató de defender a una de sus alumnas de un abuso sexual.

Cuando ocurrió el crimen, Sofía estaba en el tercer año de la carrera y vivía con sus abuelos en Salta capital. Luego se mudó con una tía, que fue uno de sus apoyos más importantes desde entonces.

"En septiembre de 2014 ella había venido a Salta por los feriados del Milagro. Yo siempre la acompañaba a tomar el colectivo cuando se tenía que volver a la escuela, pero esa vez no pude por un examen. A las últimas palabras que me dijo, sentada en el remis que la iba a llevar a la Terminal, me las acuerdo todos los días", señaló ayer a El Tribuno Sofía.

Acompañar a sus abuelos y recibirse fueron su norte desde entonces. Desde el jueves, sus redes sociales se llenaron de fotos de la noche en que consiguió el título de arquitecta en la Universidad Católica.

A las publicaciones de Facebook, en las que aparece abajo de varias capas de harina, papel picado y pintura, agregó la imagen que faltaba en ese momento: la de su mamá. "Que emoción tan grande!! Muchas gracias.. Te amo mami!! Lo logramos", escribió.

Sobre sus próximos pasos, contó que quiere descansar un par de días y empezar a buscar trabajo en algún estudio para hacer sus primeras experiencias.

Sus amigas de la infancia, "las de la facu", los dos hermanos de su madre, sus abuelos, sus profesores y la Universidad Católica, que le dio una beca completa desde que falleció su mamá, figuran en la lista de agradecimientos que repitió Sofía Murillo cada vez que pudo en los últimos días.

A la hora de recordar cómo era su madre, Sofía habla de cómo se ejerce la docencia en los parajes del interior. "En mi cena de egreso de la secundaria ella no estuvo. No podía salir de la escuela, que había quedado aislada por las lluvias", contó.

Por eso, agrega, entiende del sacrificio de los maestros y siente que se comete una injusticia cuando se minimizan sus reclamos por mejores condiciones.

"Ella estaba acostumbrada a la soledad. La veía flaquita y demacrada por todo el trajín que tenía. Me duele que a veces no se comprendan esas cosas", expresó, en un paréntesis de la alegría que para ella es ya ser arquitecta, como hubiera querido su mamá.

Un femicidio penado con prisión perpetua

A Evelia Murillo la asesinaron la noche del 3 de octubre de 2014. Un hombre que pretendía abusar sexualmente de una de sus alumnas adolescentes le disparó en el pecho por tratar de defenderla.

El crimen ocurrió frente a 10 chichos que estaban en la escuela y huyeron asustados por el campo. Los encontraron recién al otro día, escondidos en pleno monte.

El ocho de abril de 2016, la Justicia condenó por el crimen a José Tomás “Maco” Cortez, un puestero de 66 años del paraje El Bobadal.

Al asesino le dictaron prisión perpetua por considerarlo autor material y penalmente responsable del delito de femicidio en concurso real con amenaza con arma de fuego.

Evelia Murillo se desempeñaba en la escuela albergue Nº 4.161 de El Bobadal, en Tartagal. Anteriormente había enseñando en otro establecimiento similar de Santa Victoria Este.

Sofía Murillo fue querellante en la causa por el femicidio de su mamá. Antes de la condena, expresó: “Solo queremos justicia para mi madre; no tengo odios ni sentimientos de venganza. En mi corazón solo queda el recuerdo de mi madre”. “Al recibir el disparo mortal Evelia solo alcanzó a decir ‘Ay, Dios’”, describió el fiscal Pablo Cabot en el juicio.

 

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