Evacuados se  preparan para el regreso al  Chaco salteño

De los más de 700 evacuados que permanecen en Tartagal aguardando que las aguas del río Pilcomayo desciendan y que sobre la ruta provincial 54 se coloque una estructura que permita sortear esa impresionante ruptura que dejó el agua del cauce que le da vida a esa inhóspita y alejada región.

Todos ellos solo piensan en volver a su lugar, los parajes y comunidades que rodean a Santa Victoria Este, arrasados por la increíble fuerza del agua.

Muchos aborígenes deambulan por las calles de Tartagal conociendo la ciudad, pero en su intención está firme la idea de regresar al Chaco a pesar de que en los dos centros de evacuación de la escuela de frontera Manuel Belgrano y en el Regimiento 28 de infantería son asistidos en forma permanente y no les falta alimento ni ropa.

Un tercero donde se alojan alrededor de 400 personas está ubicado en el paraje El Rosado en el Chaco salteño, asistido por personal militar.

En las primeras horas de la mañana de ayer fueron visitados por personal del hospital Juan Domingo Perón, que controló el estado de salud de los evacuados y vacunó a niños y adultos.

"Están todos bien, en este centro de la escuela de frontera tenemos 7 mujeres embarazadas, una de ella de 8 meses de gestación, así que pretendemos que permanezca en Tartagal hasta que dé a luz. Apenas llegaron se comenzó a vacunarlos a todos y esta semana seguimos con ese plan de vacunación", explicó una agente sanitario encargada de esta tarea, ya que la mayoría de los evacuados nunca había recibido una vacuna como la antitetánica, fundamental en estas situaciones en las que pueden lesionarse como consecuencia de la salida apresurada de sus viviendas.

En el regimiento

El otro grupo de alrededor de 300 evacuados permanece en las instalaciones del Regimiento 28 Juana Azurduy con asiento en Tartagal.

El teniente Coronel Héctor Parodi Ruiz es el jefe de la unidad militar y precisó: "En esta circunstancia nos toca poner todos los medios de los que disponemos a disposición de las comunidades que están sufriendo esta situación".

"Personalmente, yo tenía alguna experiencia en la provincia de Formosa pero lo que se vivió en esta zona fue muy superior; este evento ambiental ha tenido una consecuencia de mayor magnitud", señaló.

Parodi Ruiz habló también de la logística dispuesta por la unidad militar del Ejército. "Estamos disponiendo de 57 efectivos que están instalados en otro centro de evacuados en el paraje El Rosado; 7 botes están ubicados en el paraje la Curvita y en Hito 1 contamos con camiones y efectivos. En el regimiento tenemos en la actualidad 414 evacuados en su gran mayoría wichis y en el otro centro de El Rosado 427 personas más que se encuentran alojadas en carpas y recibiendo la misma contención que los que permanecen en Tartagal", indicó.

Ya quieren volver

Ramona Ralas es una criolla que reside en Santa Victoria y que fue trasladada hacia Tartagal el miércoles de la semana pasada. Recuerda: "Ese día nos escapamos del río y nos vinimos a Tartagal en una camioneta particular; estuvimos alojados en el CIC Norte y luego nos trasladaron hacia el regimiento".

Ramona tiene 12 hijos y tres chicos a los que crió como si fueran propios. Todos son adolescentes y jóvenes. "Siempre nos movemos todos juntos pero ahora algunos quedaron en Las Vertientes, otros en Santa Victoria y no sabemos nada de ellos. Uno de mis hijos de 18 años es discapacitado y lo que cobramos de él no nos alcanza para vivir así que hago pan, empanadas, lo que sea para vender y darles una mejor vida, comprar para sus necesidades", explica Ramona, quien no ve las horas de volver al paraje donde vive su comunidad en Santa Victoria Este.

"No sé qué habrá quedado de la casita. Se verá cuando podamos volver. Quizás el río nos haya quitado todo o quizás no", reflexionó con la paciencia que caracteriza a estos sufridos hermanos del Chaco salteño.

Néstor Frías es aborigen, reside con su familia en la comunidad Vertiente Chica y es padre de cuatro niños. Néstor no tiene un trabajo y solo se dedica a hacer changas pero básicamente subsiste por la asignación universal que cobra por sus hijos. En el regimiento y como el resto de los evacuados, está recibiendo ropas, colchones, alimentos y no pide nada. "Solo queremos volver, estamos esperando que baje el río", expresó el wichi.

Lo que viene después de la crecida

™El teniente Coronel Héctor Parodi Ruiz, jefe de la unidad militar con asiento en Tartagal, que asiste a centenares de evacuados por la crecida del río Pilcomayo, precisó a El Tribuno: “Les estamos brindando el apoyo sanitario, alojamiento, utilizan las instalaciones del Ejército, y el Ministerio de Asuntos Indígenas nos abastece en lo que es víveres secos para cocinarles, en tanto la Municipalidad de Tartagal lo hace con alimentos frescos, como pollos, carnes, frutas y verduras”. 
“Por el momento no tenemos precisiones cuánto tiempo permanecerán en condición de evacuados, ya que debemos esperar el descenso del nivel del río, que el agua se retire de las comunidades afectadas y restablecer las condiciones de las mismas para que las familias puedan regresar a sus respectivos lugares de origen. No será rápido ni sencillo, porque lo que queda cuando se va el agua nadie lo sabe y puede ser muy complicado”, explicó el militar.
En el regimiento se reciben donaciones. Parodi Ruiz explicó: “Toda la ayuda que llega queda en el depósito que tenemos en el regimiento pero pertenece en este momento al Ministerio de Asuntos Indígenas, no lo administramos nosotros sino ese organismo provincial que se encarga de la logística para darle a todos los centros de evacuados lo que necesitan para asistir a las personas que albergan”.
 

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