Los preparativos para la cumbre del G20 que organiza nuestro país y convoca a los países más desarrollados del mundo colocan nuestras metas en la economía 4.0 y en la digitalización tecnológica, con los perfiles de la producción del siglo XXI; mientras tanto, Salta, que es una de las reservas alimentarias potenciales más importantes del continente, carece de un horizonte de desarrollo y su producción se encuentra en retroceso. La crisis azucarera habla por sí sola. Y el congelamiento de las fronteras agropecuarias resulta desconcertante.

El término "economías regionales" expresa algo familiar, todos sabemos cuáles son tales economías, pero no existe una definición exacta. Podríamos decir que son las producciones agrícolas y agroindustriales ubicadas fuera de la región central y la región pampeana, pudiendo citar los cítricos, el azúcar, el tabaco, las aceitunas, las manzanas, las peras, las uvas, la yerba, el algodón y la miel, entre las más importantes.

Es evidente que para las provincias son vitales, como generadoras de desarrollo y empleo.

Es difícil encontrar estudios o estadísticas oficiales que unifiquen a estos sectores para ver su evolución en el corto y mediano plazo, pero a los efectos prácticos podemos utilizar el término economías regionales como un conjunto de actividades económicas que funcionan de manera similar y sufren los mismos problemas.

Definiciones aproximadas

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) explica que el término "economías regionales" nació para diferenciar a los pequeños productores a lo largo de todo el país que producen cultivos no tradicionales de aquellos que tienen grandes extensiones en las zonas pampeanas que generalmente producen soja, trigo o maíz.

La consultora Ecolatina indica que este tipo de producciones representan el 5% de las exportaciones totales, mientras que en términos de retenciones fiscales aportan solo el 2%, caracterizando a este tipo de cultivos porque son intensivos en el uso de mano de obra.

Producciones diferentes como la vitivinicultura, la yerba mate, el tabaco o el azúcar, son realidades totalmente diferentes ya que no comparten estructuras de costos, formas de comercialización a los distintos mercados, distancia a los centros de consumo, procesamiento o al puerto, pero solamente se agrupan porque no son producciones de las zonas pampeanas.

Son generadoras de empleo, impulsan la evolución económica y funcionan como sostén de su medio.

Problemas comunes

Pero la crisis de estos sectores se manifiesta por problemas comunes como la competitividad ocasionada entre otras por la inflación, que produce aumentos de costos internos, especialmente la logística y el transporte, que se combinan con el atraso cambiario, además de la presión tributaria, las retenciones, la concentración de los mercados, caída de precios internacionales. Tal como lo explica Ariel García, investigador del Centro de Estudios Urbanos y Rurales del Conicet al referirse a la reclamada necesidad de una devaluación para lograr un precio competitivo, una modificación cambiaria "no va a resolver nada" ya que el problema está relacionado con la distribución de la riqueza dentro del circuito productivo y no con la rentabilidad: "no podemos incidir en los precios internacionales, pero si cambiar la relación que tienen los pequeños productores con la agroindustria y los comercializadores"

Con solo analizar los precios que los productores venden a la cadena de distribución y comercialización y cuanto es el valor que llega a los consumidores podremos entender esta relación.

Concretamente se refiere a las cadenas de valor de estos complejos productivos donde el productor es el mayor perjudicado ya que es el que más arriesga y el que menor retribución recibe.

Según las palabras de nuestro Presidente, el objetivo es convertir a la Argentina en un supermercado del mundo; o las expresiones de nuestra Vice Presidenta, que afirmó que "vamos hacia un modelo agro-exportador y de servicios". Permítasenos advertir: para cumplir con estos dichos observamos que son muchas las necesidades ya que serán las economías regionales las que se pretende cumplan con las afirmaciones esbozadas.

Hace dos semanas, medio gabinete nacional se constituyó para ratificar la vigencia del Plan Belgrano. Los ministros de Mauricio Macri hablaron bastante, dejaron buenas señales, pero dio la impresión de que no escucharon a los empresarios, economistas y funcionarios presentes en el Centro de Convenciones de Limache.

Lo que falta

Las regiones necesitan incorporar valor agregado a las materias primas que producen, entendiendo que debe ser prioridad estratégica la industrialización de las mismas.

A pesar de que se busca desde determinadas corrientes de pensamiento instalar la idea de que en los países subdesarrollados el crecimiento de la industria manufacturera es algo pasado de moda, discrepando con esta corriente de pensamiento entiendo que se deben generar las condiciones para que esta actividad sea desarrollada en los lugares donde se producen los productos de las economías regionales.

Nadie debe olvidar que la prioridad estratégica es la industrialización.

En el mundo la industria sigue siendo una de las principales fuentes de expansión económica. Ya lo dijo la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, que ratifica que “la industria es el sector que genera mayor inversión en I+D, que tiene los mayores encadenamientos productivos y capacidad de empleos indirectos”, concluyendo y afirmando que la industria juega un rol decisivo en el desarrollo regional.

Los defensores de la producción e industrialización en la zona de producción de las economías regionales sostenemos que las mismas deben ser apoyadas ya que las problemáticas de estas son muy parecidas a pesar de la diversidad de las mismas.

El dólar alto, el dólar muy bajo, los gastos de transporte, las retenciones, la inflación, son temas que están siempre en discusión y le agregamos la concentración del mercado, la competitividad, las importaciones, las exportaciones, el alto costo del dinero, la falta de políticas de incentivos y la gran presión tributaria para completar las necesidades que permanentemente están en discusión en estos sectores productivos.

No todas las economías regionales tienen los mismos patrones, pero sí hay un problema estructural que perjudica a casi todas y se resuelve con la misma receta: investigando la cadena productiva en cada región para realizar un plan de desarrollo estratégico, buscando la innovación tecnológica, las tan necesitadas y retrasadas inversiones en infraestructura y productivas, para lograr la integración y complementación entre productores, el Estado y el sector privado.

Me preocupa mucho los temas de discusiones y necesidades que hoy estamos analizando de las economías regionales cuando tendríamos que estar discutiendo sobre productividad, inversión y desarrollo, políticas de incentivos, infraestructura para que se radiquen mas industrias, penetración en los mercados, proyectos para darles mayor valor agregado a nuestra producción primaria, mejorar las cadenas de valor mejorando la competitividad de nuestros productos, proyectos que además generaran mayores puestos de trabajo y aumentaran la calidad de vida de nuestra población

La actividad privada que apostó al crecimiento de nuestras economías regionales necesita de políticas pro-industria, el desafío es lograr que nuestros gobernantes conozcan la realidad de cada región y no abandonen esta prioridad estratégica, es necesario implementar políticas de fomento, quizá una materia pendiente con el interior profundo con altos costos políticos y sociales.
 

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