Marcas comprometidas por un mundo mejor

Opinión de Virginia Villamayor y Ana Larrán (Socias de Juegos Multiverso)

 

Todos los días las personas actúan en el mundo intercambiando energía. Un saludo, un gracias o una compra son todos gestos que van a impulsar otros movimientos. Todas nuestras acciones, por insignificantes que sean, tienen un impacto enorme. Eso que los chinos dijeron alguna vez es cierto: el aleteo de una mariposa puede cambiar el curso del mundo. Así todas las pequeñas cosas que hacemos cada día pueden hacer una gran diferencia.

Comprar algo o contratar a alguien también forma parte de este inmenso intercambio y, si optamos por productos y servicios de marcas comprometidas, podemos colaborar a crear un mundo mejor.

¿Qué son marcas comprometidas? ¿Cómo las identificamos? No se trata de empresas que tienen su política de Responsabilidad Social Empresaria, sino que se trata de empresas que se piensan como empresas de triple impacto. La idea es hacer negocios, pero de una forma diferente. Es pensar el negocio mismo como un compromiso social y ambiental. Después de todo, hacer negocios es sumarse a ese dominó de acciones que construyen el mundo y la sociedad.

La economía de triple impacto tiene que ver con patear el tablero y pensar todo desde una nueva perspectiva. Las empresas de triple impacto, desde su gestación, tienen como propósito provocar mejoras en la calidad de vida de las personas y del planeta. Lo más importante de esto es que la definición de éxito de un emprendimiento cambia totalmente. Se trata de entender que las empresas, además de ser rentables, pueden ser espacio de transformación social y que crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo.

Lo bueno de todo esto es que los consumidores valoran cada vez más estos cambios. Y el triple impacto se transforma en una herramienta de marketing. El mundo está cambiando la manera de consumir. Ya no nos interesa sólo lo que compramos sino también prestamos atención a la empresa que lo fabrica y si tiene impacto positivo en lo social o ambiental. Es una especie de signo: las empresas de triple impacto son una tendencia a nivel mundial y ganan cada vez más adeptos, más seguidores.

Sistema B es una ONG que representa el movimiento de empresas de triple impacto (económico, social y ambiental). En el mundo hay 2.356 empresas certificadas B, mientras que en América Latina hay 328 y en Argentina son sólo 67 y ninguna en el NOA. En nuestra región existen solamente 2 o 3 en proceso de certificación. Francisco Murray, director ejecutivo de Sistema B Argentina (y fundador de la empresa B Páez), nos cuenta su visión sobre el triple impacto en el NOA, y dice que “lo importante que tiene el NOA es que tiene mucha visión de lo que es el triple impacto. Son empresas que, a la vez que desarrollan un negocio, se comprometen en problemáticas sociales y ambientales. Hay empresas referentes como Humana en Jujuy, Warmi o la Cooperativa Magis. En el NOA, al convivir tan cerca de la naturaleza y de muchas problemáticas sociales, ya nace casi en el propósito de cada uno comprometerse desde lo que hace en solucionar estos problemas”. También en la zona se están armando comunidades B, no alcanza sólo con empresas B, sino que también se tiene que comprometer el Estado y la academia. “Buscamos una visión sistémica, que todos los actores de la economía empiecen a trabajar con una lógica de triple impacto”, dice.

También se refiere al papel que tienen los emprendedores en este movimiento: “Yo creo que los emprendedores tenemos una gran posibilidad. Ser emprendedor es una forma de moverse, de ser, que implica soñar en grande, que implica volcarse a la ejecución y colaborar, no asistir, y ante todo a los emprendedores nos mueve un propósito. Tenemos una gran oportunidad de integrarnos como personas y generar un beneficio para los demás, con lo que hacemos todos los días. Esa es la principal innovación que propone Sistema B. Integrar nuestras vidas, integrar lo que hacemos. Por primera vez en la historia, el gran cambio va a ser que el impacto social y ambiental venga de la fuerza del mercado. Vos al comprar un producto te estás volviendo cómplice de la empresa para solucionar un problema. Mi mensaje es que se animen a buscar sus propósitos, a integrarse y a hacer ese salto”.

Daravi, por ejemplo, empresa B argentina, es una fábrica de diseño sustentable que ha logrado generar un modelo de negocio con propósito medioambiental y social. La misión del proyecto es generar oportunidades de trabajo a partir del reuso de materiales con foco en mujeres. Daravi genera productos fáciles de replicar, capacita para su producción a las mujeres de la zona y les genera así un ingreso estable. En Daravi se fabrican productos de uso cotidiano (bolsas, cartucheras, lapiceros, bandejas, macetas), accesorios (collares, llaveros, pulseras) y todo tipo de desarrollos personalizados desde el diseño para emprendedores y organizaciones que eligen producir con esta trazabilidad. El emprendimiento tiene como valor principal “hacer para dar”.

Por su parte, Xinca es una empresa B que desarrolla calzado a partir de materiales reciclados. Las suelas están hechas con el reciclado de neumáticos fuera de uso y reutilizan telas de diferentes orígenes (jeans, ropa de trabajo, residuos textiles). Además, en el proceso productivo, generan trabajo genuino para personas excluidas del sistema. El eslogan de esta empresa es “Nuestras zapatillas son basura. Y estamos orgullosos de eso”. Y a través de esta forma de comunicar, cuentan a sus clientes que el impacto de comprar un par de zapatillas Xinca va mucho más allá del crecimiento económico de la empresa.

En Salta quienes estén interesados en los emprendimientos sociales, pueden acercarse a Magis, una incubadora de empresas sociales, que tiene como objetivo potenciar iniciativas que busquen generar un impacto económico, social y/o ambiental en la región. Magis está en proceso de certificación como empresa B y sería la primera cooperativa con esta certificación en Argentina como también la primera empresa B del norte argentino. Ofrecen programas de incubación y de formación para emprendedores sociales, colaborando con ellos en la búsqueda de financiamiento. Han incubado emprendimientos tales como Hilandería Warmi, Cooperativa Whipala y otras.

Existen muchos ejemplos de empresas B, y de rubros totalmente diversos, como empresas de salud, de diseño y hasta de venta de bebidas alcohólicas. También existen cada vez más emprendedores que, si bien no están certificados como empresas B, tienen ese rumbo para sus negocios y generan mucho impacto social. No importa lo que hacemos, se puede elegir el rubro que más nos guste, pero el desafío es reinventar los modelos de negocios y avanzar hacia la integración. Se trata de romper con la idea de empresa-negocio y ONG/asociación-compromiso social. Las tres B que movían a los consumidores (bueno-bonito y barato) se están transformando en un gran sistema (curiosamente también simbolizado con la letra B), que entiende el trabajo, el consumo y el mercado como herramientas de transformación inigualables.
Cada día hay que elegir, hay que levantarse y prestar atención a poner la energía en emprendimientos y empresas que van a darme más que lo que pido. Esa cadena es la que hay que construir, exigir y proteger y de la cual todos formamos parte.

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