Juan Domingo, el ahijado cerrillano de Perón

En el invierno de 1952 nació el séptimo hijo varón de la familia Morales Sarapura y, como tal, recibió según la legislación de entonces, el padrinazgo presidencial de nada más y nada menos que del general Juan Domingo Perón. Una medalla de oro de 18 kilates, así lo recuerda.
En los días siguientes al nacimiento del bebé, un telegrama llegó a Cerrillos con las buenas nuevas. Los Morales Sarapura pertenecían a una arraigada familia radical yrigoyenista, tanto que el primogénito de don Eusebio Morales fue registrado con el nombre de Hipólito, en homenaje al expresidente (1916/22 - 1928/30)). 
Pese a los vaivenes de la política intrafamiliar, la noticia del gobierno central llenó de alegría no solo a los Morales Sarapura, sino también al vecindario y al pueblo en general. Fue así que el pequeño fue bautizado como Juan Domingo Morales por el párroco Luis Zangrilli, en el bautisterio de la vieja iglesia del pueblo.
El templo de la parroquia San José se vistió de gala. Era un acontecimientos como pocos. Hasta el mismísimo gobernador de la provincia, don Carlos Xamena, encabezó la ceremonia junto al exintendente Horacio Corimayo. 


“Mi mamá, Claudia Sarapura, me contó que vinieron muchas autoridades de la ciudad de Salta y un representante del presidente Perón. Todo el pueblo se juntó frente al altar. El bautismo se llevó a cabo en la iglesia y después continuaron los actos en el anterior edificio de la Municipalidad”, recordó Juan Domingo, sentado en un banco de la plaza Serapio Gallegos, mirando de reojo y con nostalgia el lugar del viejo edificio comunal. 

La Municipalidad no le era ajena a Juan Domingo y a su familia, puesto que vieron allí hasta los años 70. El denominado “canchón municipal” fue su casa y la plaza, ubicada enfrente, su patio de juegos. Su papá, don Eusebio fue el casero, encargado de mantenimiento del edificio, jardinero, podador y placero. Por aquellos tiempos, su fama de jardinero había trascendido los límites de Cerrillos y del Valle de Lerma por sus dotes artísticos en jardinería y especialmente por sus destrezas en el arte topario, que consiste en darle formas ingeniosas a los árboles y arbustos mediante la poda ornamental para embellecer parques y jardines. Tanto, que fue contratado por municipios del sur provincial, como Metán y Rosario de la Frontera para dar rienda suelta sus habilidades. 

Los primeros juguetes de Juan Domingo

Antigua iglesia de Cerrillos, donde fue bautizado Juan Domingo

En los recordados cercos de ligustros de la plaza de Cerrillos -extraídos en 1974-, lucían animales, aviones y decenas de esculturas verdes. Eso fueron los primeros juguetes de Juan Domingo, quien desde pequeño solía ayudar a su padre junto a sus hermanos mayores. “Mi papá nació en 1909 en Potrero de Díaz (La Viña), y luego se radicó para siempre en Cerrillos. Tuvo 12 hijos. Yo soy el más chico. Hice toda la primaria en la escuela Gobernador Solá, hasta sexto grado, como era en aquellos tiempos. Después trabajé en la construcción del barrio Antártida Argentina, fui encargado del Club de los Bioquímicos y estuve como responsable del bufet de Los Mayuatos”, contó Juan Domingo.

 

Durante gran parte del siglo XX, el padrinazgo presidencial estaba reservado para el séptimo hijo varón. Luego la ley se modificó para alcanzar al séptimo hijo, sin distinción de sexo.


El ahijado de Perón recordó, además: “Finalmente me quedé estable a trabajar en el campo, en una finca de Sumalao del argelino Fili Garcín, donde me jubilé el año pasado. Mis pasiones siempre fueron la jardinería y el fútbol. Soy un fanático que sigo al Atlético Cerrillos por todas partes, aunque mis primeras gambetas de niño las hice en la canchita de Ameghino. También fui árbitro, especialmente del los grandes torneos de Baby Fútbol del Club Pueblo Nuevo, del Club Municipal y los Evita que se organizaron en los años 60, 70 y 80”.
Juan Domingo está casado con Ana Martínez, tiene cuatro hijos y tres nietos. Pese a su cuna radical, cuando recuerda a Perón se le ilumina la mirada y le resulta imposible disimular un dejo de nostalgia y admiración.
 

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