El silencioso aporte de las mujeres de la Revolución

Si bien en la actualidad el rol que cumplen las mujeres en nuestra sociedad es reconocido, hay que destacar que ya desde tiempos de antaño fijaron un rumbo importante en nuestra historia. Tal es el caso de aquellas patriotas que ayudaron a los próceres a forjar la Revolución de Mayo, de la cual hoy se cumplen 208 años, y cuyos nombres son poco conocidos en la bibliografía.
Cuando uno repasa las hojas de un antiguo manual o bucea por diversos libros y revistas, encontrará a Mariquita Sánchez de Thompson como una de las bases donde se apoyó la resistencia frente a los realistas que gobernaban en el Río de la Plata. Mariquita buscaba derrocar al gobierno del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien había creado un juzgado de Vigilancia Política que perseguía a los revolucionarios.


A pesar de ello, Mariquita ofreció su casa donde se forjaron los planes secretos para derrocar al gobernante godo. Es por eso que tuvo una participación directa en la Revolución de Mayo y, apenas 3 años más tarde nuestro Himno Nacional sonó en su casa por primera vez.

Casilda Igarzábal

Casilda Igarzábal de Rodríguez (esposa de Nicolás Rodríguez Peña), por su parte, reunió, entre 1804 y 1810, sociedades secretas de emancipación americana (el llamado Partido de la Independencia).
Su acto más grande fue en la madrugada del 18 de mayo de 1810 cuando junto a Mercedes Lasala de Riglos, Eusebia Lasala, Ana Estefanía Riglos, Angela Castelli e Isabel Agrelo, entre otras, le pidió al comandante de Regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra, que ayudara en la revolución y se reuniera en su quinta con Manuel Belgrano y Juan José Castelli para conspirar contra el virrey, encuentro que derivó en el Cabildo Abierto del 22 de mayo.

Guadalupe Cuenca

María Guadalupe Cuenca era esposa de Mariano Moreno y, mientras él estaba en el exterior, le enviaba cartas con información sobre lo que pasaba en Buenos Aires. Además, solía discutir de estrategia con su marido y juntaba dinero para entregarlo a la causa. En épocas de las invasiones inglesas, Manuela Pedraza "la tucumanesa" combatió a los europeos en 1806 y 1807 y, a pesar de perder a su marido, se convirtió en una referente.

Martina Céspedes

De hecho, Santiago de Liniers la ascendió al grado de alférez con goce de sueldo. A ella se une Martina Céspedes, quien atendía una pulpería junto a sus tres hijas, y fue vital en aquellas batallas porque atraía a los ingleses con agua ardiente y luego los mantenía presos. Llegó a entregar 12 hombres y fue ascendida a sargento mayor por su valor también por Liniers.

Eusebia Segovia

En tanto, María Eusebia Segovia fue una esclava que donó un peso fuerte para la causa y se ofreció al servicio de la cocina junto a sus hijos. Juana Pavón donó dos pesos para gastos de expedición, al igual que Melchora Sarratea y María Ana Perichón, que brindaron sus servicios a la revolución.

Juana Azurduy

En el interior el valor de las mujeres fue clave para sostener el ingreso por el norte de los españoles. El caso más emblemático fue Juana Azurduy, quien luchó junto a su marido Manuel Padilla y a pesar de perder a cuatro de sus hijos y a su esposo, continuó en combate y años más tarde fue nombrada teniente coronela, único caso en nuestro país hasta el momento.

Fuente: Crónica

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