Le dispararon, le robaron la mochila con la plata, le sacaron su arma reglamentaria y salieron corriendo por la avenida Beiró. Así dos delincuentes mataron al suboficial del Ejército Javier Vilar tras salir de una financiera en el barrio porteño de Villa Devoto. 

El militar estaba acompañado por dos hombres, de 42 años y 51 años, pero no pudieron evitar que le pegaran un tiro en la cabeza. La víctima murió en el lugar antes de que llegaran los médicos. Un vecino explicó: “Lo conocía de verlo todos los días en la cuadra. No presencié el momento, pero sí mucha gente. Le dispararon en la cara. Otras personas quisieron ayudarlo, pero ya era tarde”.

Los investigadores pidieron las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona para determinar quiénes participaron del asesinato del militar retirado a metros de su lugar de trabajo. Las caras de los asesinos quedaron registradas.

Javier Alejandro Vilar (37) y Gustavo Ismael Morales (42), oficiales del Ejército Argentino que se desempeñaban como custodios de caudales, habían llegado en un Chevrolet Onix conducido por un empleado de una casa de cambio.

Los dos militares bajaron del auto con una mochila con dinero cada uno. El conductor se quedó adentro del coche. En ese momento, los oficiales fueron sorprendidos por dos asaltantes armados. Otros dos cómplices los esperaban en dos motos ubicadas unos metros más adelante.

Uno de los ladrones le exigió la mochila a Morales se la entregó. El otro encaró a Vilar y le disparó. La víctima murió en el acto y el ladrón le robó el bolso con la plata.

La Policía cree que el golpe fue planificado ya que, según testigos, los ladrones habrían estado esperando a las víctimas “durante una hora”.

El militar era casado y con tres hijos

Eligió ser suboficial en el Ejército por vocación, aunque debido a las dificultades económicas comenzó a trabajar como custodio privado para completar su sueldo. Fue justamente en este contexto en el que Javier Vilar (37 años) perdió la vida en manos de motochorros, que lo mataron cuando transportaba una gran cantidad de dinero. Pero lo cierto es que estaba en Buenos Aires por un motivo concreto: su hijo tiene problemas de vista y pidió ser trasladado a Capital Federal para que lo puedan operar.

Vilar nació en Gualeguaychú, estaba casado y tenía tres hijos de 3, 5 y 14 años. Previo a su llegada a Buenos Aires cumplía funciones en los Campos de los Andes, Mendoza. En esa provincia el salario era más alto, por lo que tras arribar a la Capital buscó otro trabajo. “Acá se gana menos y la situación lo llevó a tener que trabajar como custodio”, le dijo a Clarín un amigo del militar. Con el dinero extra, la familia podía atravesar de forma más holgada el difícil contexto económico. Pero todo terminó de la peor manera.

El 7 de septiembre, a pocos metros de donde mataron a Vilar, una pareja fue asaltada tras cambiar dinero en la misma financiera. Iban a utilizar esos fondos para hacer refacciones en su casa. La metodología fue similar: uno de los asaltantes se quedó arriba de la mano y otro hombre se bajó para llevarse la plata. Todo ocurrió en cuestión de segundos.

 

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