El testigo que bajó al jagüel a buscar los restos de Solano hoy pide ayuda para regresar del sur del país

Guillermo Tufiño partió desde Orán a Río Negro, donde está hace 10 años. También a él le habían ofrecido mejores condiciones laborales, que le permitieran darles una mejor vida a sus cuatro hijos, que residen aún en el norte salteño. Y si bien su situación no había sido la óptima, nunca estuvo tan mal como desde el momento en que se involucró en el caso Solano, para ayudar a resolverlo.

Como se recordará, Daniel Solano partió desde Tartagal al sur del país a probar mejor vida. Desapareció en la madrugada del 5 de noviembre del 2011 cuando fue sacado por la fuerza del local nocturno "Macuba" en Choele Choel por efectivos de la Policía de esa provincia y nunca más se supo de su existencia.

En el 2018, finalmente los siete policías fueron condenados por su muerte: los efectivos asesinaron a Solano, después de que éste protestara contra el trabajo esclavo al que era sometido.

Durante la búsqueda de Solano, Guillermo Tufiño aceptó la difícil y peligrosa tarea de descender al fondo de un pozo de unos 80 metros con la única esperanza de llevarle paz a la familia del joven desaparecido, dado que se creía que los restos de Solano estaban en ese pozo.

Tufiño fue al lugar a ayudar porque sintió que era su obligación, como salteño que es. "Fui testigo del caso Solano ni bien se comenzó a investigar. Yo antes trabajaba en una empresa llamada minera Santa Cruz. Ahí hacía minería subterránea y además tengo experiencia en toda clase de explosivos, tengo conocimientos sobre geología y topografía. Decidí venir acá, porque sabía que iba a dar una mano para buscar al chico y así llevarle paz a su familia", dijo.

Tufiño explicó que su compromiso con la búsqueda se intensificó luego de una charla que mantuvo con Gualberto Solano, el padre de Daniel, que viajó desde Salta al sur del país para supervisar las tareas en ese lugar.

"Él estaba esperanzado en que podamos encontrar los restos de su hijo ahí. Me contó que en un sueño su hijo le decía "quiero que me lleves, no quiero que me dejes acá papá'", relató el obrero.

Sin embargo, don Gualberto falleció sin poder saber siquiera el veredicto de juicio.

El oranense confesó que muchas veces se sintió perseguido por ser uno de los testigos de la causa, al punto que nunca más volvió a encontrar trabajo, por lo que busca los medios para volver al pueblo que lo vio nacer.

Tufiño dijo que al Gobierno de Santa Cruz le pidió ayuda, pero nadie del estamento oficial alguno contestó su pedido. "Hoy necesito volver a Orán y reencontrarme con mi familia después de 10 años, pero mi situación económica es terrible y vivo en situación de calle", relató sin tapujos.

En las últimas horas confirmó que se comunicaron de la Secretaria de Desarrollo Social de Salta con él, en busca de una solución para que pueda regresar al norte y reencontrarse con su familia.

Trabajo esclavo y tráfico

Otro de los puntos que destacó Tufiño durante su entrevista con El Tribuno es el tráfico de drogas que se realizaba desde el norte argentino hacia la Patagonia, utilizando como camuflaje el transporte de los trabajadores que iban al sur, para luego ser vendida, esa misma droga, entre los mismos jornaleros e incluso, descontándosela del sueldo.

"La droga venía encubierta y los paquetes estaban pegados en el baño del colectivo El Tucumanito, que transportaba a los trabajadores, la mayoría de las veces por caminos alternativos hasta que llegaban al centro del país ya que las rutas principales en el sur son vías liberadas de cualquier control casi siempre", dijo.

 

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