Jovenel Mo‹se ganó dos veces las presidenciales de Haití: en octubre de 2015 y en noviembre de 2016. Las primeras resultaron impugnadas y, finalmente, anuladas tras violentos disturbios. Las siguientes se vieron empañadas por denuncias de fraude. Demoraron más de un mes en ser validadas. El Hombre Banana, mote de Mo‹se por ser un empresario de ese sector, saltó a la política gracias al apoyo del cantante de carnaval Michel Martelly, presidente desde 2011 hasta 2016, y del partido de centroderecha TŠt Kale. De ambos y de uno de sus antecesores reclaman los haitianos en protestas multitudinarias una explicación sobre los recursos obtenidos de Petrocaribe.

Las protestas, que coinciden con el segundo aniversario del gobierno y exigen su renuncia, se desataron por la decisión de Mo‹se de declarar una urgencia económica. Las acusaciones por la malversación de los fondos de Petrocaribe involucran a Mo‹se y a algunos de sus funcionarios, así como a los gobiernos de Martelly y del fallecido René Préval. Comenzaron en 2018 por la depreciación del gourde (la moneda haitiana) y por la crisis de la electricidad a raíz de la falta de gasolina. El acuerdo con el FMI derrapó entonces en alzas en las tarifas de los combustibles por la eliminación de los subsidios. Seis de cada 10 haitianos viven con menos de 2,50 dólares por día.

La violencia dejó un tendal de muertos, saqueos y destrozos, y derivó ahora en el cierre provisional de embajadas. Entre ellas, la de Argentina, a cargo de Pedro von Eyken, custodiada por gendarmes argentinos. La Cámara de Diputados no pudo aprobar el presupuesto de 2019. En medio del caos no satisfizo a los haitianos la promesa tardía del primer ministro, Jean-Henry Ceant, de investigar el destino de los fondos de Petrocaribe. Un pozo ciego de corrupción creado en 2005 por el presidente venezolano Hugo Chávez para venderles petróleo a precios irrisorios a los países del Caribe a cambio de lealtad a la revolución bolivariana.

Esas operaciones, como ocurrió en otro país centroamericano en apuros por las irregularidades y por la represión del gobierno, Nicaragua, redundaron en beneficios para Haití: algo así 4.000 millones de dólares, según una comisión del Senado y una auditoría del Tribunal de Cuentas. Haití debe saldar en 25 años la deuda con Venezuela con un interés simbólico. Los fondos de Petrocaribe, dice la auditoría, fueron destinados a proyectos sin planificación ni estudios y sin respetar los plazos legales. Las compañías creadas para la ocasión por empresarios cercanos al gobierno transfirieron dinero al exterior sin haber terminado las obras. Mo‹se invirtió 600 millones de dólares en el colapsado sistema energético sin resultados a la vista. Tampoco pudo determinar la auditoría el destino de 100 millones de dólares para planes sociales. El desmadre provoca un terremoto político después de otro terremoto. Uno real. La ingobernabilidad, cruz de Haití, no parece preocupar a sus vecinos latinoamericanos, concentrados en la crisis venezolana. Mo‹se no reconoció al régimen de Nicolás Maduro en la OEA. El iniciado el 10 de enero. Un punto de inflexión después de más de una década de lealtad a Venezuela. La única inquietud de la República Dominicana, con la cual Haití comparte la isla La Española, ha sido reforzar la seguridad en la frontera para evitar inmigración y el contrabando. Un comunicado del Core Group, integrado la ONU, la OEA, Alemania, Brasil, Canadá, España, EEUU, Francia y la Unión Europea, poco y nada logró para domar el terremoto, imperceptible para otros.

 

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