“Mis paellas murcianas quizás sean la esencia que formarán parte de mi futuro”

La imagen de Pablo “Vitamina” Sánchez Menarguez vendiendo su paella al costado del puente de Vaqueros, compitiendo codo a codo con las empanaderas y las tortilleras del lugar un sábado al mediodía fue el increíble trampolín que lo lanzó a un nuevo comienzo en su vida. 

Si bien nadie conoce el futuro, por lo menos lo está empujando a reconvertirse en esta lucha actual que plantea una crisis social y económica que invita al replanteo de algunos pensamientos entre los trabajadores más jóvenes.

“Yo soy muy joven, pero vengo de una familia que está acostumbrada a las crisis periódicas. Se puede decir que sacamos la paellera cada vez que algún tiempo malo nos golpea”, dijo Pablo mientras se mentalizaba en una nueva propuesta gastronómica.

“El que nos enseñó a todos en nuestra familia es mi abuelo Pepe. Él fue quien vino del sur de España y nos preparaba, desde que tengo memoria, la paella de Murcia; la que se hace con mariscos y pollo. Así como las familias salteñas se juntan los domingos y preparan empanadas, locros o asados; en nuestra familia materna se preparaba paella”, recordó.

El abuelo Pepe es José Menarguez García que se vino desde España luego de tanto ir y venir porque trabajaba en los secaderos de pomelos en Tucumán y en el norte de nuestra provincia, más precisamente en la Colonia Santa Rosa.

En 1986 definitivamente decidió venirse a suelo salteño y trajo a sus hijos ya grandes. Entre ellos estaba la mamá de Pablo que ya casi era una veinteañera. Marina se conoció con Daniel y luego tuvieron a Pablo que hoy tiene 26 años, y que los recuerdos los llevan incondicionalmente a esos domingos en La Colonia cuando su abuelo Pepe arrancaba a media mañana a prender la leña de citrus, con la paellera familiar reluciendo y lista para ser sometida al fuego. 

“Esa era una leña de lujo porque larga llama y el aroma único para la paella más rica, la de mi abuelo. Hay una enorme diferencia entre la paella hecha con ese fuego a leña y la que se hace con los quemadores a gas”, larga el hombre con cierta nostalgia. 

Aprendió mirándolo, de adolescente se animó y de ahí fue perfeccionándose. “Mi familia es muy terrible porque siempre está mirando los defectos en la cocina y yo soy lo mismo. Que el arroz se pasó, que no está suelto, que tiene mucha sal, que le falta; muy pocas veces la comida está perfecta y en esa lógica me criaron. Entonces soy muy perfeccionista en el resultado, pero también en la preparación y en la higiene. La gente que me rodea a veces se enferma con estas cuestiones de buscar lo más perfecto”, dice y ríe. Desde hace unos 10 años que está perfeccionando su paella murciana.

En eso estaba un cierto sábado de este último enero caliente al costado de la ruta cuando pasó por ahí un famoso chef de un local gastronómico de Salta y lo reconoció por su trabajo como comunicador social. Se trataba de Matías Álvarez, quien se animó a comer la paella callejera y le dio la calificación de “exquisita”.

“La idea fue siempre abrir el horizonte gastronómico en Salta porque el salteño no está tan acostumbrado a la paella y piensa que se come sólo en invierno, como si fuera un guiso, un picante o un estofado. Y no es así. La paella es para todo el año y se acompaña con lo que a uno le gusta”, aclaró Vitamina.

El mismo chef que encontró su paellera humeante en la calle fue quien lo invitó ahora a realizar un encuentro gastronómico, con vinos, postres y algunas sorpresas.

“Yo sé que siempre voy a hacer mis paellas; que cada vez voy a intentar mejorar un poco más. Quizás esta opción, con un evento en un local gastronómico de excelencia, con buenas bebidas, con un show, con la predisposición que agradezco a Matías, sea quizás una nueva forma de ganarme la vida”, contó. 

“De vivir con aquello que me lleva directamente a mi infancia y adolescencia que es la paella de mi abuelo Pepe. Y quizás sea la esencia de mi futuro”, dijo Pablo Sánchez, y se quedó en la calle esperando para realizar un móvil en vivo para una radio local.

Los amigos y oyentes fieles que le dieron la vida

El trabajo de prensa en las calles no tiene estabilidad ni buena paga. 

En el 2010 sus padres decidieron venir a Salta y Pablo se dedicó por dos años a estudiar analista de sistemas; cosa que fue un fracaso total.

Al poco tiempo comenzó a trabajar en la AM840. Estuvo allí como operador y por tres años fue becado para estudiar en la Universidad Católica de Salta, en la carrera de Imágenes y Sonidos. Ahí descubrió la magia de la radio y del apasionamiento por el trabajo de prensa.

Luego trabajó por otros tres años en la Dínamo donde fue movilero de calle. La onda rockera de la radio siempre incomodó a los políticos cuando en los actos protocolares debían soportar sus ásperas preguntas sobre la realidad salteña.

Ahora está en la 750 y se puede decir que siempre mantuvo un posicionamiento particular, siempre contestatario, a contramano del “periodismo blanco”. “Yo siempre estuve del lado alternativo, si se puede decir eso. Pero lo que siento ahora es que nosotros, los trabajadores de los medios, siempre estamos ayudando a gente, sin embargo, nadie nos ayuda a nosotros. Además de esta crisis, los movileros no tenemos estabilidad laboral, vivimos de lo que pautamos, trabajo en condiciones irregulares y por muy poco dinero. Tenemos un laburo que es intelectual y de mucha información que no se paga como debiera. Yo lo único que puedo decir es que yo sigo laburando en las radios por el apasionamiento y la adrenalina que tiene esto de andar por las calles sin ningún tipo de cobertura buscando las noticias”, dijo Pablo.

Fueron sus oyentes quienes siempre estuvieron. Pablo tiene seguidores fieles. Uno, Alberto Venencia, le ayudó el día que decidió desesperadamente salir a vender sus porciones de paella. En verano, muchas de las radios locales dejan de transmitir sus informativos locales y los movileros quedan sin ingresos. Entonces Alberto puso su vehículo para llevar las cosas de Pablo al río. Luego, el otro oyente fiel es el chef Matías, que lo vio y le compró ese plato mágico. 

El último oyente es Raúl Maza que ese viernes estará brindando sus conocimientos sobre esa extrema debilidad de combinar bebidas y comidas.

Propuesta, en detalle

Lo que tiene pensado Pablo Sánchez es mostrar su comida en sociedad. 

Para eso pensó en “Experiencia España”, que es una propuesta de cena maridaje con la paella murciana que elaborará, junto a los vinos de bodega El Esteco, de la mano del Brand Ambassador Raúl Maza, en un local ubicado en Mitre y Necochea, el próximo viernes 22 de febrero, a partir de las 21.

Una tarjeta de 600 pesos incluye la recepción, el plato principal, un postre y vino de la prestigiosa bodega. También habrá una sorpresa.

Para reservar hay que llamarlo al 3874866494.

 

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