Para terminar con las peleas, el juez “tomó el toro por las astas”

Las peleas entre vecinos son tan antiguas como la misma vida. Las hay de todos los colores, como las de Don Ramón con Doña Florinda o las de Quico con la Chilindrina, en la serie de El Chavo. Sin embargo hay otras peleas que se manifiestan con insultos, amenazas de muerte, agresiones físicas, incluso se han dado casos de disputas que terminaron de manera trágica.

Días pasados, en la ciudad de Metán, se ventiló un juicio por un caso de dos familias que mantenían un enfrentamiento de vieja data. Pese al esfuerzos de los amigos y parientes de las partes y la intervención del servicio de mediación del Poder Judicial, las peleas no cesaron. Por el contrario se potenciaron sin solución de continuidad. 

La Policía no sabía qué hacer, con el agravante de que cada vez que intervenía los efectivos eran víctimas de insultos y ataques con objetos contundentes. Por esta situación, a los más revoltosos los imputaron de atentado y resistencia a la autoridad y una batería de delitos, propios de los enfrentamientos entre ellos.

La cosa pasó de “castaño a oscuro” cuando los hermanos Giménez amenazaron de muerte con armas de fuego a seis integrantes de la familia Sosa. En la audiencia de debate, el juez de la Sala II del Tribunal de Juicio de Metán, Ramón Alberto Haddad, pudo comprobar “in situ” que el asunto no tenía arreglo, que el rencor de los hermanos Giménez era mucho más fuerte que la posibilidad de que, al menos, hicieran una tregua con los Sosa.

Ante el riesgo de que la disputa terminara en tragedia, el magistrado sureño decidió, como quién dice, tomar al toro por las astas. 

En el juicio abreviado su señoría condenó a Iván Juan Matías Giménez, de 28 años, a dos años de prisión de cumplimiento efectivo. Lo sentenció por ser “autor voluntario y penalmente responsable de los delitos de amenaza con arma (tres hechos); daños, (tres hechos); amenazas (dos hechos), desobediencia judicial y atentado a la autoridad, todos ellos en concurso real”. 

En el mismo fallo condenó a Renzo Emanuel Giménez, de 19 años, a un año de prisión condicional. Al joven le atribuyó ser “autor voluntario y penalmente responsable de los delitos de amenaza con arma (tres hechos); amenazas (cuatro hechos); desobediencia judicial y atentado a la autoridad, todos ellos en concurso real”. Pero la cosa no quedó solo en eso. 

Haddad pensó que la pena que le aplicó al muchacho no sería suficiente para terminar con las rencillas, porque quedaría en libertad. A los efectos de garantizar que no pueda verle la cara a los Sosa y que la sentencia cayera en saco roto, el recio juez consideró que el chico no podía volver a su domicilio.

Fue así que impuso a Renzo fijar residencia en un radio cercano a su despacho, en las inmediaciones de los tribunales de Metán, por el término de dos años y la prohibición de acercamiento al domicilio de los seis denunciantes y de sus grupos familiares y a lugares de concurrencia habituales. De igual manera le prohibió ejercer cualquier tipo de violencia contra los Sosa y de proferir insultos o palabras agraviantes por cualquier medio, inclusive a través de teléfonos celulares o redes sociales. 

Además, el joven Giménez deberá abstenerse de abusar del consumo de bebidas alcohólicas y acatar a rajatablas la prohibición del consumo de sustancias estupefacientes. Todo ello, bajo apercibimiento de revocarse la condicionalidad de la pena impuesta en caso de incumplimiento injustificado a dichas medidas. 

Por otro lado, el camarista absolvió de culpa y cargo a Pedro Leonardo Sosa, de 19 años, que llegó al juicio imputado por los delitos de “atentado a la autoridad y daños (en dos hechos), en concurso real. Se pronunció en estos términos por el desistimiento de la acusación del fiscal penal que tuvo a su cargo la investigación. 

Los miembros de la familia Sosa señalaron que siempre trataron de evitar las peleas con los Giménez, que querían mantener una buena convivencia con ellos, vivir en paz, pero que todos los esfuerzos que hicieron en ese sentido resultaron en vano. “En todo momento buscaban roña”, dijo uno de ellos. Con esta afirmación bien vale la frase que dice: “Cuando uno no quiere, dos no pueden ser felices”

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