Espectáculos
Bárbara Hennessy, desde Nueva York a Salta por amor
Llegó hace casi 60 años y supo forjar una larga carrera académica en enfermería y en la docencia como profesora de inglés. 

Por Nora Figueroa

Con un marcado acento que los años no supieron borrar, pero con términos tan locales cómo “bajo poncho”, “chango” o “churro”, Bárbara Hennessy, que supera las ocho décadas de vida, preside actualmente la comisión directiva de un reconocido instituto de inglés y acarrea una importante trayectoria como docente, directiva e investigadora de la Carrera de Enfermería en la Unsa. 
Llegó a Salta en 1962 de la mano de su flamante marido, el boxeador Farid Salim a quien había conocido apenas cinco meses antes en Nueva York, en la previa de una de las cuatro peleas que el salteño tuvo en el Madison Square Garden. 
Ella tenía 24 años y era Enfermera en Jefe de Quirófano del Instituto Neurológico de Nueva York, y ya contaba con conocimientos avanzados para la época y la carrera. 
Corría octubre de 1961 cuando, en el consulado de Argentina, un boxeador esperaba ser atendido por un corte en la ceja, tarea que debió cubrir Bárbara y que, sin saberlo fue la puerta para conocer luego a quien sería su marido por más de 50 años. 
A quien había suturado era un colega de Salim y, en una ocasión tomando un café con él y su representante, “vi entrar al churro que luego fue mi marido”, recuerda Bárbara. Unos días después coincidió nuevamente con el salteño y comenzaron unas caminatas para que el boxeador se “aclimate” y no se pierda en la gran ciudad.
“Farid señalaba un árbol y yo decía: ‘tree’; un auto, ‘car’ y así entre risas nos veíamos todos los días”. 
Sin hablar el mismo idioma los encuentros se repitieron hasta el regreso de él a Argentina, en diciembre.
Aquella pelirroja de ojos verdes había conquistado al boxeador que le mandaba cartas en castellano y ella, con la ayuda de una paciente, las traducía y respondía. Hasta el mes de marzo que un telegrama anunciaba un pronto reencuentro: “Ya voy”, decía Salim. 
Un nuevo encuentro en el ring lo convocaba. Tras aquella pelea, una salida al cine fue la antesala de la propuesta de casamiento en un subte y a “medio inglés”. “Al otro día llamamos a un cura, el fin de semana ya estabamos casados y en el siguiente viajando a la Argentina”. 
Él había llegado a rechazar una cena con Anthony Quinn a quien conoció mientras el actor filmaba “Requiem para un luchador” en el mismo gimnasio que entrenaba el “Turco” en Nueva York. 

En Salta
Atrás quedó la estatua de la Libertad, el Empire Square West y Bárbara arribó a Salta donde pasó a vivir en una casa “chorizo” sobre una calle de tierra en Zabala y Buenos Aires, con los 11 hermanos de su marido. 
Aprendió a hablar castellano por la solidaridad de una verdulera que cada vez que iba a realizar las compras le hacía repetir el nombre de cada hortaliza que señalaba, y con su marido que la hacía cantar “un elefante...” para que aprenda singular y plural. 
Su primer trabajo fue como profesora de inglés de quienes hoy tienen más de 60 años. 
Formó parte de los primeros docentes de la Universidad Católica hasta octubre de 1976 cuándo fue convocada por la Unsa para ser ayudante de cátedra. En unos meses quedó como profesora y llegó a ser coordinadora y directora de la carrera, no sin antes haber cursado la licenciatura (el título obtenido en EEUU no tenía validez aquí), a la par que daba clases y fue la primera egresada de la Licenciatura en Enfermería. Sin embargo, nunca llegó a ejercer la enfermería por ser extranjera. 
Fue impulsora de la Residencia de Enfermería en Cuidados Críticos del Hospital San Bernardo, colabora como investigadora con la nefróloga Roxana Salim, fue reconocida en 2018 en el “Encuentro de Mujeres Líderes para construir igualdad” y este año recibió la distinción como Mujer Destacada por la Municipalidad de Salta.

Madre, abuela y profesional

Bárbara tiene dos hijos, Cárolyn y Farid, y cuatro nietos. Realizó el doctorado en Enfermería a los 67 años y actualmente asesora en trabajos de tesis.