Muerte digna, un tema del que no se habla y que atraviesa a todos

“La vieja potencia de la muerte, en la cual se simbolizaba el poder soberano, se halla ahora cuidadosamente recubierto por la administración de los cuerpos y la gestión calculadora de la vida.” Michel Foucault.

Hablar naturalmente de la muerte es un tema que resulta difícil y quien lo plantea parece hacerlo desde un lugar de total frialdad y nada de empatía. Y si la palabra “dignidad” se suma al tema, más antipático es el resultado y acusadora la mirada. Sin embargo los descubrimientos relacionados con administrar la vida y prolongarla hasta sus últimas instancias, sin importar los deseos de la persona que sufre, son exaltados. 
Ayer concluyeron las Jornadas Científicas en el Hospital del Milagro con una charla sobre el “Derecho a decidir en los finales de la vida”, del presidente del Comité de Bioética de la Fundación Huésped, Ignacio Maglio, abogado, procurador y diplomado en Salud Pública. Antes de su exposición dialogó con El Tribuno, y abordó la Muerte Digna sin eufemismos y con una fuerte crítica a la cultura de ocultamiento y hacia algunas “seudoconvicciones jurídicas o religiosas que impiden ejercer el derecho” sobre el final de la vida. 

“La muerte es inherente a todos, por lo que no se trata de un asunto médico, jurídico, religioso ni moral. Es una circunstancia de la vida que nos va a tocar a todos y el gran problema es que no hablamos de esto. Somos la única especie con vida que tiene conciencia de la muerte y lo más probable es que en nuestro país más del 75% de la población muera no rápidamente, sino que lo haga en un proceso que se llama cronicidad avanzada, con lo cual es muy importante que podamos tomar decisiones sobre esos momento que inexorablemente nos van a pasar”, afirmó Maglio. 

El abogado sostiene que, en contraposición al nacimiento, todas las personas tienen el derecho de poder elegir dónde y cómo morir. Por lo que se asienta en la “Ley de Muerte Digna” (26.742) del 2012 y en los artículos 59 y 60 del nuevo Código Civil sobre lo que se define legalmente como el derecho a morir con dignidad, “que no es otra cosa que la posibilidad de rechazar cualquier tratamiento que uno considere desproporcionado o extraordinario y cuya única intención sea prolongar la agonía de forma penosa y gravosa. Este derecho es difícil hacerlo valer, porque algunas personas, jueces o médicos, pretenden imponer por encima de la ley algunas seudoconvicciones jurídicos o religiosas que impiden ejercer tal derecho”. 

“Paradójicamente, a un niño o niña no lo dejan acompañar a un abuelo en los últimos momentos de agonía, pero a ese mismo niño le compran una Play con juegos de destrucción y de muerte”.

En un juego de palabras, Maglio asegura que “el primer derecho es el de conocer los derechos; si no se conocen no se pueden ejercer”. El jurista instruye sobre la importancia de equipos de salud comprometidos con los derechos sobre los finales de la vida y la información sobre un tema del que no se habla. “Este tema del que hablamos en Salta y en muchas partes del país lo hacemos en medio de una cultura de ocultamiento de la muerte, porque en lugar de hablar de ella hay una estrategia casi maníaca de encubrimiento”, acusó.

 


 

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