Salar de Pastos Grandes: maravilla en la Puna

El ambiente de la Puna argentina está salpicado de volcanes y salares que dan el marco geográfico, geológico y paisajístico a la región. El salar de Pastos Grandes, ubicado en la Puna austral, reúne numerosos elementos que lo destacan y distinguen de las otras depresiones salinas.

A grandes rasgos está limitado al norte por un enorme complejo volcánico que estuvo activo entre los 10 y 5 millones de años atrás. Al este por los cordones graníticos de Oire a cuyas espaldas se levanta la cadena de Cachi-Palermo. Al oeste por el bloque de rocas paleozoicas marinas de Copalayo. La depresión de Pastos Grandes tiene así cierres volcánicos y tectónicos que la convierten en una cuenca de drenaje interno. Su altura sobre el nivel del mar es de 3.800 m y los cordones montañosos que la enmarcan sobrepasan los 4.500 metros. El cierre volcánico al norte, alcanza en El Quevar los 6.180 m sobre el nivel del mar. El interior de la cuenca contiene una de las secuencias de rocas cenozoicas más completa de la Puna. Sobre el borde occidental del cordón de Copalayo se adosan rocas intensamente rojas, formadas en un clima cálido y húmedo, con restos de cocodrilos, tortugas y mamíferos.

Entre los mamíferos fósiles se destacan los marsupiales, uno de los cuales fue bautizado como Punadolops alonsoi. Las rocas rojas, ricas en óxidos e hidróxidos de hierro, representan antiguos suelos lateríticos como los que ocurren hoy en la selva de Misiones. Son del período Eoceno superior con una antigedad de 37 millones de años. Para entonces la Puna estaba a baja altura. Luego comenzaría a bloquearse y fragmentarse en cuencas cerradas al elevarse los cordones del oriente y entrar en erupción los volcanes del norte. Esos volcanes del Complejo Quevar estuvieron muy activos entre 10 y 5 millones de años atrás. Los productos de los volcanes, coladas, cenizas y aguas mineralizadas, participaron del relleno sedimentario de la cuenca.

Dado el marco de aridez imperante se depositaron numerosas sales evaporíticas, entre ellas grandes cuerpos de sal gema, yeso y boratos. Los boratos que afloran en la serranía de Sijes, un cordón interno de la depresión, son las principales reservas de hidroboracita, inyoita y colemanita de América del Sur. Los grandes mantos de yeso, a pesar de su buena calidad, no pagan el flete hasta los centros de consumo pero se mantienen como un recurso potencial para el futuro.

La sal gema, llamada "cachi" por los incas, fue explotada desde tiempos prehispánicos y aún se conservan herramientas de piedra y cicatrices de explotación. La sal era transportada a lomo de llamas hasta los valles como producto de intercambio comercial.

La historia del paisaje

Unos 300 mil años atrás y coincidente con las grandes glaciaciones del período Cuaternario, la cuenca salada se convirtió en un gran lago donde se depositaron arcillas verdes y algunos niveles de diatomitas. Los restos de sedimentos de dicho lago, se han preservado como terrazas lacustres adosadas en los flancos de la cuenca. En los últimos miles de años se estableció la actual configuración del paisaje que incluye una vegetación rala, xerofítica, de clima árido; amplios abanicos aluviales saturados de madrigueras de roedores u ocultales; serranías interiores bajas desgastadas por la erosión; formas caprichosas producto de la disolución de las sales; manantiales de aguas dulces y saladas; arroyos mayormente temporarios; una pequeña laguna donde vive una rica avifauna de flamencos, patos, guayatas y teros; entre otros elementos y rasgos propios de la morfología en un clima árido con precipitaciones que no superan los 100 mm anuales.

La vegetación más común y abundante es la tola, rica-rica, copa-copa, añagua, paja iru, etcétera. La cuenca de Pastos Grandes, posee importantes reservas de boratos, sal, yeso y salmueras de litio.

Estudiosos de la región

El conocimiento avanzó muy fuerte en los últimos años gracias a los pozos de exploración profunda en busca de las salmueras litíferas. Sin embargo los estudios y exploraciones se remontan a mediados del siglo XIX.

Uno de los primeros viajeros que atravesó la cuenca de Pastos Grandes, en su travesía desde los Valles Calchaquíes a la costa del Pacífico, fue el sabio suizo Jakob J. von Tschudi, en 1858. Otros viajeros o estudiosos que pasaron por el lugar fueron Becerra, Brackebusch, Doering, Holmberg, Reichert, San Román, Catalano y Khun. Sin embargo el estudio de mayor enjundia fue llevado a cabo por el geólogo Juan Carlos M. Turner quien realizó el relevamiento de la Hoja Geológica 7c Nevado de Cachi de la Carta Geológica Económica de la República Argentina a escala 1:200.000, publicada en 1964.

Dicha hoja cubre un importante sector del área noroccidental de la Puna Austral. Allí Turner describe las características geográficas, climáticas, la flora, fauna, suelos, meteorología y las unidades de roca que afloran en la región. Propone los nombres de unidades geológicas que son válidos hasta nuestros días como las formaciones Copalayo, Oire, Rumibola, Geste, Pozuelos, Sijes, así como el Grupo Pastos Grandes para incluir a las rocas del Terciario (Neógeno). Los boratos atrajeron en la década de 1990 la atención del Dr. Lorenzo F. Aristarain y del mineralogista norteamericano Cornelius Hurlbut, quienes publicaron numerosos trabajos sobre el tema. En la década de 198, el suscripto continuó con esas investigaciones en el marco de su tesis doctoral y creó los nombres formacionales para los miembros Monte Amarillo, Monte Verde y Esperanza portadores de los boratos hidroboracita, colemanita, ulexita e inyoita; así como el de las formaciones Singuel y Blanca Lila, que están incorporados a la estratigrafía regional de la Puna. También se estudiaron numerosas

enizas volcánicas intercaladas en las rocas sedimentarias para obtener sus edades radimétricas a partir de cristales de zircón. Esas dataciones, llevadas a cabo por la Dra. Teresa Jordan de Cornell University, y que fueron presentadas en el XXVIII Congreso Internacional de Geología en Washington DC (1989), cambiaron la idea que se tenía sobre las edades de las rocas cenozoicas de la Puna.
Autores posteriores, alemanes y norteamericanos, realizaron nuevas dataciones absolutas y hoy se sabe que en la región de Pastos Grandes hay una secuencia de rocas y sedimentos que abarcan entre aproximadamente 40 millones de años atrás hasta las capas del lago Blanca Lila de 300 mil años de antigüedad. Las dataciones de cenizas volcánicas han sido fundamentales ante la ausencia de fósiles diagnósticos, especialmente en las capas evaporíticas, donde solo se han encontrado diatomeas y algunos gasterópodos mal conservados.
El hallazgo de abundantes huellas de aves fósiles en capas portadoras de boratos entre 5 y 7 millones de años de antigüedad son valiosas para comprender la naturaleza del ambiente que entonces imperaba.
Los últimos estudios están tratando de determinar la edad del relleno del salar moderno y de los restos de morrenas glaciarias en los volcanes vecinos.

Una comarca apasionante

Resulta interesante destacar que en la comarca de Pastos Grandes se encontraron evidencias de ocupación humana del hombre del Holoceno que se remontan a unos 8.000 años atrás. La sal comenzó a explotarse en tiempos prehispánicos. Los boratos comenzaron a explotarse hacia mediados de la década de 1870 y la actividad se mantuvo con altibajos por los últimos 140 años. Los volcanes vecinos han sido fuente de aprovisionamiento del vidrio volcánico obsidiana con el cual los primitivos habitantes fabricaron sus puntas de proyectiles. El equivalente hidratado de la obsidiana es el vidrio expansivo perlita.
También hubo explotaciones de manganeso en Ochaqui, de baritina en inmediaciones del pueblo de Santa Rosa de los Pastos Grandes, de azufre en el volcán homónimo y en los últimos años comenzó una explotación de arcillas lacustres para la fabricación de cerámicas artesanales por pobladores de la región. La cuenca de Pastos Grandes es un paraíso para los estudios geológicos y también un atrayente escenario paisajístico para el turismo de aventura en la Puna.


 

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