Los jugadores de River hicieron los deberes que les encomendó su entrenador, Marcelo Gallardo, y le ganaron por 1 a 0 a Godoy Cruz, que llegó casi como un partenaire a este encuentro ante el nivel que expresa de contínuo el millonario y, pese a la exigua diferencia en el marcador, nunca estuvo cerca de igualar este cotejo que catapultó al vencedor a los cuartos de final de Copa Argentina.
River empezó a todo ritmo, como de costumbre, manejando la pelota con su habitual velocidad asfixiante para los marcadores, recuperando rápido cuando llegaba la pérdida, y generando peligro cerca del arco defendido por Mehring.
La única deuda de los de Núñez era para con la red adversaria, a la que no podían visitar, un poco por el arquero rival, otro tanto por impericia propia, y muchas veces por la denodada defensa de la última línea mendocina.
Y cuando Gallardo empezaba a desesperarse en el banco de suplentes por esa ineficacia goleadora de su equipo, el azar le dio una mano tras un centro desde la derecha de Fernández, que pegó primero en la cabeza de Cardona, luego en la de Varela, y finalmente llegó al fondo del arco descolocando a Mehring.
Pero circunstancias como esa al margen, lo de River siempre fue como para corroborar que en el fútbol argentino está un escalón por encima de todos los que compiten con él, incluyendo al propio Boca con el que dirimirá desde el 1 de octubre la semifinal de la Copa Libertadores.
En el tramo que comprendió el cuarto de hora final del primer tiempo recién pudo respirar Godoy Cruz de esa presión porque River levantó momentáneamente el pie del acelerador, y entonces los cuyanos intentaron, con armas menos sofisticadas, acercarse a Armani para visualizar una paridad que igualmente le quedaba lejana.
Y esta descripción del primer tiempo también se puede hacer extensiva al segundo, con la única excepción de que no hubo un gol en el medio de la etapa, pero también River volvió por sus fueros en el arranque y se fue quedando cuando promediaba el período.
Por eso Godoy Cruz se animó a partir de allí, cuando ya no quedaban demasiadas alternativas por delante, aunque cada vez que la pelota pasaba por Pérez y Fernández, inevitablemente los mendocinos debían bajar sus revoluciones. Hasta que restando 10 minutos Cardona vio la segunda tarjeta amarilla y la consecuente roja y el partido terminó con antelación, ya que si con 11 parecía demasiado difícil que Godoy Cruz llegara al empate, con 10 ni que hablar.
De hecho un tiro libre en el travesaño de Fernández y un gran remate de Palacios que generó una atajada no menos notable de Mehring podrían haber ampliado el marcador, algo que terminó disgustando al técnico riverplatense.
 

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