José Issa: "Uno debe ir hacia lo poético, en todos los órdenes de la vida"

Hay en el tiempo fijado por una cámara, en esa permanencia -una forma de nombrar el cine-, un silencio de lugares que descubre la luz. Y cuando la música, las voces, los ruidos del diario acontecer o de los más sorprendentes mundos imaginarios ingresan en la sala y envuelven todo y proyectan también un norte o varios, difusos sí pero nortes al fin, el arte dice, y mucho. 

José Issa tiene en el oficio de combinar imágenes en movimiento y sonidos un recorrido amplio y siempre poblado por tiempos, voces y sabores de estos lugares. La poesía, la música, la plástica, las experiencias políticas de la región -incluso el mismo Güemes- encuentran en su trabajo de director y guionista el canal para llegar a muchos.
Qué curioso oficiar de nexo, e incluso de iniciador de un recorrido que va desde ese punto medio, si pudiéramos ilustrar esa magia con una recta, entre la historia y los muchos que habrán de conocerla.

Curioso porque esa recta no es tal. A partir del realizador, una suerte de prisma, se difractan diversos colores que son captados por quien está entregado al juego de ser espectador de historias. De ‘Historias Breves 17‘ (2019), por ejemplo, que incluye "Hay Coca", un corto de José.

En 1995, otro gesto poético de Salta, "Rey Muerto", un filme de Lucrecia Martel, integraba esta iniciativa audiovisual del Incaa en su primera edición. De este modo, la compilación del concurso de cortos del Instituto de Cine se conformaba en un proyecto fundamental para generaciones brillantes.

Algo más tienen en común estas dos realizaciones: la actuación de Roly Serrano. Un Roly que, haciendo el ejercicio de arrugar el tiempo como un pañuelo, construye dos personajes netamente salteños, con todo lo diverso que ese gentilicio puede reunir. José habló también sobre ese proyecto y lo que viene.

Si un chico te pregunta ¿qué hacés?, refiriéndose a tu trabajo, ¿qué le contestarías?

Sabés que mis hijos han estado toda la vida pensando lo mismo: ‘¿Qué hace papá?‘. Pasa que no es muy definido, porque tengo instancias de no laburar y esperar a que se den algunas cosas y entonces es raro verlo de afuera... es como que no tengo laburo... Y esa pregunta es también existencialista porque el oficio está ligado con uno y definirlo sería definirse a uno mismo y es una cosa más difícil todavía. Ahora, sobre el oficio audiovisual, creo que uno debe ir hacia lo poético, en todos los ordenes de la vida. La poesía en las cosas como en el arte se ha dejado de buscar, uno debería morir insatisfecho de la poesía, la poesía que está en todas las cosas y es la contracara del consumo, de la lucha de egos, de la competencia en la escala social, un poco esa bolsa de ‘Belleza americana’...

¿Cuándo comenzaste a hacer cine?

No sé muy bien qué es hacer cine. Con todo el advenimiento de la tecnología, tan de repente, todas esas definiciones quedaron en debate. Se multiplicaron las formas, y los lenguajes. Quien imaginó la Torre de Babel nunca soñó el siglo XXI que, además, recién comienza. Ya antes aplicaban eso de que “hacer cine” era trabajar en celuloide. Ahora, son conceptos vagos que varían mucho en sus códigos y formatos. Yo comencé a realizar material audiovisual de cierta complejidad en el 98, más o menos, de inmediato a mi egreso de la Escuela de Cine.

En tu obra los temas son muchos, sin embargo, no te vas de Salta y quizás eso la reúna. En esa línea está “Voces”...

“Voces” fue un rotulo para bautizar una colección de entrevistas que pude realizar a la vieja guardia del ambiente artístico y bohemio de Salta. Elsa Salfity, Jacobo Regen, Antonio Yutronich, el Cuchi Leguizamón, Miguel Ángel Pérez, entre ellos. Una experiencia que continúo haciendo, porque me ha dado muchas satisfacciones. Me gusta la historia, sus personajes, lo que tienen para decir. Indagar esos mundos me produce una seducción muy natural y la aprovecho sin implementar métodos muy estudiados. O, en todo caso, evitándolos. Creo que eso de alguna manera descontractura la tarea y produce un contenido con alguna sensibilidad agregada. Encontrando, de a poco, sin emplear fuerzas de extracción o especulaciones...

¿Cómo lograste que el poeta Jacobo Regen te abriera no solo su puerta sino su mundo?

Lo mismo me preguntaba el Pajarito Sutti, que creo que había tratado de acercarse al poeta muchas veces y le fue también muy difícil, porque Regen vivía de noche y dormía de día. David Slodky me dio una mano en aquel momento para aproximarme a Regen. Ya después intimamos en un par de charlas y ahí está un poco la quintaesencia de la tarea de la entrevista. Si el entrevistado no se siente cómodo con vos, no vas a sacar nada interesante. Por eso, para mí, esa tarea solo puede ser un tête à tête, con segundos afuera, no puede quedar nadie más en ese encuentro. Ni técnicos ni traductores ni nadie que maquille la cosa. Es, por ahí, hablar de bueyes perdidos todo un día antes de encender la cámara. No siempre es posible, y no siempre se da. Pero es lo ideal, generar una relación con el entrevistado.

¿Qué involucra ser realizador de cine hoy?

Cada vez se hace menos cine, el Instituto Nacional de Cine atraviesa uno de sus peores momentos y es por falta de políticas claras. Aquí, en Salta, menos que menos. Y hay un potencial tremendo en la provincia y en la región. Gente que hizo cosas muy grossas a nivel internacional y también un semillero que viene con todo. Pero aquí, a los altos mandos de la política no les interesa en absoluto lo que pueda suceder con el cine. Con un poco de fuegos de artificio les basta. Realmente no ven en el cine, en el arte audiovisual, un arte de industria; y no advierten que se trata de una oportunidad enorme de motorizar la economía. Es un fenómeno que no solo afianza nuestra identidad y proyecta nuestra cultura, sino que es una posibilidad de generar trabajo con un gran poder de retroalimentación que funciona como una especie de alternador. Pero ya se lo ha explicado muchas veces: para esto tienen que estar dadas unas condiciones elementales. Políticas que dejen de pensarse como gastos y se lean como inversiones para echar a andar esa maquinaria de tracción multiplicadora. Así que, volviendo a tu pregunta, lamentablemente hacer cine hoy y aquí es aventurarse en una quijotada, sin yelmo y sin armadura.

¿Y el panorama en la región?

En Tucumán y en Jujuy vienen moviéndose y creciendo. Es fundamental entender que inyectar presupuesto en la actividad es promover un abordaje a la demanda de trabajo, porque el cine involucra otras disciplinas artísticas. Además de comprender que se trata de un círculo virtuoso que hace de la economía una rueda que nutre otros universos vinculados, como por ejemplo el del turismo. El arte como industria, que no precisa de un parque industrial, es una actividad que no contamina, que iguala, que nivela para arriba. A esto podría sumarse una práctica de mecenazgo que, tenga o no ley, sea interpretada por los empresarios como una oportunidad para promover su actividad mediante una alternativa a la publicidad tradicional, apoyando eventos cinematográficos que derivan en beneficios mutuos. Y también depende de lo que ya se ha pedido en otro contexto: ‘la imaginación al poder‘.

Cástulo Guerra logra una actuación extraordinaria en "Güemes, la gran revolución", confirmando lo gran actor que es y componiendo, justamente, a un actor embarcado en un relato fascinante sobre Güemes. ¿Cómo fue el proceso?

Todo lo que pueda decir de Cástulo es poco. Realmente es como vos decís, es extraordinario. Pero además tiene una vasta experiencia con lo que es el audiolibro y lo de Güemes tiene un parentesco muy particular con ese formato. Una suerte de radionovela filmada. Recuerdo que, cuando volvía de Los Ángeles a Salta hace un par de décadas, Cástulo traía casetes de audio donde leía e interpretaba desde Cien años de soledad hasta fragmentos de “Tiburón‘; es decir, un amplio abanico de textos y escenas muy distintas, en inglés y en español. Ahora acaba de grabar el libro del papa Francisco (‘Soñemos juntos‘). Cuando le propuse hacer una microserie sobre Güemes de veinte capítulos de seis minutos para redes sociales, indudablemente pensó “a mi juego me llamaron”. Este trabajo lo hicimos sobre un texto genial, una historia novelada de Manuel M. Alba y es todo un espectáculo ver cómo Cástulo, como un trapecista sin red, salta de personajes de naturalezas opuestas con una destreza digna de ser una master class, en una exhibición potente de su caudal artístico. Curiosamente, Cástulo hace algunos años había realizado otro personaje de época, el del general Castrillón para “The Alamo”, junto a Dennis Quaid, Billy Bob Thornton, Emilio Echeverría. Con un presupuesto muy distinto, claro.

¿Qué demanda la ficción y qué un documental?

Es muy distinto todo. El documental, por lo menos en mí, funciona de una manera menos traumática. Los tiempos y las condiciones pueden dar una segunda oportunidad. Se puede renegociar en el camino el plan de rodaje sin tanta atadura. En tanto que, para ficción, cuando podemos tener la oportunidad de rodar, probablemente ya hayan pasado un par de años y haya que volver a los libros. Y sin duda la presión es distinta. En ficción, dependiendo el caso, probablemente todo tenga que estar doblemente planeado y aun así hay cosas que resolver de inmediato durante la escena. Es crear bajo punta de pistola. Como contracara, cuando la cosa en ficción está aceitada y los actores y la escena se están superando en cada retoma, el disfrute del oficio es único.

La poesía, la música, la plástica signan tu trabajo, ¿por qué esa elección?

Porque el arte y el artista son capaces de alienar, extasiar el espíritu de quienes rondan sus cercanías. ¿No es eso fabuloso? Es un misterio, no deja de impactarme. Cuando menos te lo esperas, ya el artista y su encantamiento te han cautivado. Ya no vas a salirte tan fácil. La música, por ejemplo. Escuchas a Morricone, o lees un verso de Hernández o ves una pintura de Goya y te produce algo inmediato. Es muy poderoso. Aquí en Salta tipos como Juan Carlos Dávalos enajenaban su entorno como si se tratase de buscar una nueva Atenas. Si hay algo de divino en el hombre puede ser su expresión artística, con eso me sigo entusiasmando...

Reuniste a Cástulo Guerra y a Roly Serrano en ‘Hay Coca‘, ¿cómo viviste esa experiencia?

Con mucha adrenalina, son dos gigantes del cine y el teatro. ¿Qué podía llegar a aportarles yo? ¿Qué dirección darles a dos tipos que pasan su vida en un set de filmación o sobre las tablas de algún teatro? Y que han estado bajo la dirección de tipos como James Cameron o Paolo Sorrentino. No... Simplemente trate de disimular y darles libertad plena, para que hagan su magia. Y, en realidad, ese fue mi acierto. El corto “Hay Coca” habla del ingeniero Maury, del ramal C14, de la coca de coquear y de la
Coca Sarli, un entrevero argentino con anclaje en nuestro paisaje norteño.
El equipo de artistas detrás de cámaras fue increíble, muchos amigos con quienes compartimos el rodaje como una road movie. El resultado fue un producto que luego fue seleccionado y exhibido en festivales como los de Toronto, Puebla, Badajoz, Carmel, en París... y que ganó el primer premio en el Hollywood South Film Festival (Pennsylvania, Kentucky), donde además ganó como mejor actor el Roly.
Luego “Hay Coca” fue premiado en el The American Film Festival of New York, el TAFFNY, como mejor cortometraje de ficción y primer premio en The Unprecedented Cinema Film Festival, en Estonia. Link “Hay Coca”: https:/ /play.cine.ar/INCAA/produccion/6751

Terminaste otra película, “Bemolución”...

“Bemolución” ganó un concurso nacional de fomento que lanzaba el Incaa de manera periódica, y que permite que seis ficcionales de todo el país puedan financiarse. Es un proyecto que me agarró con el cambio de gobierno, con un Incaa desmantelado, con la inflación y la pandemia. El corto trata sobre el Cuchi Leguizamón, pero en realidad usándolo como símbolo de algo más grande: la posición de los artistas que no tuvieron que desterrarse en las etapas de dictaduras militares ni fueron desaparecidos, los que se mantuvieron en un lugar con el riesgo que eso implicaba. Y, en general, no está muy mencionado ese perfil de artista, que no se exilió ni fue secuestrado sino que tuvo que convivir con el monstruo. Yo creo que el Cuchi en la película es ese artista de una América Latina en la que ya se había sembrado el germen del Plan Cóndor, porque esto es antes. Sin embargo, el ambiente en el cortometraje es el del preludio a un golpe de Estado... ocurre en el 62. El Cuchi por su apellido, por su sector social y por ser un artista conocido se permitía ser contestatario. La obra habla del artista latinoamericano en esa situación y cómo comprende el mundo desde su obra, en este caso como pianista.
Lo cierto es que el Cuchi aparece joven, interpretado por Rodrigo González Gomeza, junto con el poeta Miguel Ángel Pérez -Perecito-, Virgilio Morales hace el papel, y aparece más grande, en los 90, interpretado por Luis Leguizamón. Es muy poética... Tiene mucha sensibilidad. Todo ha sido dicho en cuanto a la temática, pero en la forma de contar siempre se puede innovar... Y ese neologismo -que reúne bemol y revolución- creo que apunta a los artistas que resistieron listas negras y persecuciones haciendo de su obra un cuchillo de doble filo, con una enorme ternura por un lado y con el reclamo y la denuncia por otro.

Se puede acceder a material del realizador salteño en www.videotecadesalta .com.ar

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