La crisis actual

Los argentinos en casi todos los tiempos vivimos en crisis. Ahora convergen muchas situaciones que la agudizan más. Por un lado, la tecnología modifica en gran modo nuestras vidas; los avances deberían hacer más fácil la vida, pero no, la van complicando. Hay crisis de espiritualidad y el modo de sentir la existencia ha variado. Hay crisis económica, con una deuda muy difícil de cumplir.

Se añoran tiempos pasados, con más alegría, tranquilidad, confianza, seguridad, estabilidad. Una angustia devastadora se mueve en la decadencia del presente. Esta crisis toca al individuo, a la sociedad, a la religión y a la naturaleza, puesto que hasta el aire y el agua están contaminados. Se ha desacralizado la vida humana, perdió jerarquía. Inmersos en contradicciones, con las más variadas opiniones. Aparecen pastores, con la excusa de curar, engañan. Perdimos la enseñanza de la casa; al padre y al abuelo se los respetaba. La familia moderna está atomizada. El fanatismo nos lleva al genocidio, al racismo; el materialismo a la deshumanización.

El hombre domina el espacio, cura antiguas enfermedades, el transporte y la comunicación muy eficiente. Hay que avanzar en el desarrollo humano, hay que ganarle al odio, a la ignorancia, a la enemistad. Que prevalezca la paz.

La economía real se deteriora, no hay políticas que apunten al valor. El consumo baja, por el aumento de tarifas de los servicios, por el desaforado aumento de los bienes de consumo. El Gobierno sostiene que las partidas para jubilaciones, para la educación universitaria, para la salud, son las causas del mal. Pero lo que realmente complica el presupuesto público es el pago de intereses de la deuda. Históricamente nuestro país paga más de lo que le prestan. Las grandes empresas extranjeras, facturan el 70% y envían sus ganancias al extranjero, a sus casas matrices. Además, son las que adquieren dólares, produciendo una gran fuga de capitales. Se privilegian los negocios especulativos. Con la devaluación se benefician los exportadores. Los principales perdedores son los asalariados. Se están perdiendo puestos en el ámbito estatal y también en el privado. Lo que pacta el Gobierno con el FMI producirá nuevos recortes en educación, en salud y en los jubilados.

Es menester buscar nuevas ideas, para superar esta crisis provocada. Se deben generar opiniones para promover nuevas medidas y poner un poco de presión al sector que tiene la responsabilidad de llevarnos hacia el futuro con mayor contención humana. Se deben movilizar la familia, los establecimientos educativos, los clubes, para buscar un nuevo rumbo. El mundo moderno está despiadado, especialmente con los humildes, con la gente de trabajo. Reflotemos los viejos códigos de las familias, donde los mayores pregonaban con el ejemplo.

Un pueblo adulto debe mirar de cerca lo que acontece en su sociedad y participar activamente en las decisiones democráticas que influyen en nuestro diario vivir. Se debe controlar, acompañar, corregir cada acto en la gestión de gobierno. Debe crecer la conciencia para entender cada medida, para ello es menester prepararse, en la familia y en la escuela, como un ingrediente necesario de crecimiento. La crisis nos afecta a todos, para ello es menester, que todos trabajemos, aportando saberes, voluntades, críticas, comentarios que colaboren al desarrollo de nuestra patria. Honremos a nuestros mayores, a nuestros héroes y a la memoria colectiva. No debemos dejarle la pesada herencia a nuestros hijos, a nuestros nietos. Entre todos podemos. Que vuelva a resurgir la identidad de un pueblo que trabaja con afán por el futuro.

 

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