Reconocen el trabajo social de Ema, una maestra jubilada

Ema Inés Castro, docente jubilada, dedicó su vida no tan solo a la docencia, sino a ayudar y asistir hasta la actualidad, a los que menos tienen.

La "señorita Ema", como muchos la llaman, recorre los barrios y los merenderos más humildes, para llevar ropa y calzado, producto de las donaciones que recibe de otros docentes, algunos jubilados y otros que todavía siguen enseñando.

Con mucho amor y paciencia, la seño Ema se encarga de recibir las partidas de ropa, lavarlas, plancharlas, perfumarlas y dejarlas lista para cualquiera que lo necesite.

Pocos días atrás, por primera vez recibió el premio denominado "Macacha Gemes", en la capital salteña, en reconocimiento por su accionar cotidiano y en su ejercicio profesional por un profundo compromiso frente al desarrollo social y humanitario de la comunidad.

Hija de padre ferroviario y de una madre solidaria, asegura que recibió esos valores desde la cuna.

"Empecé a trabajar desde joven en la docencia, lo hice por pura vocación y me dediqué de cuerpo y alma a mis alumnos. Trabajé todos estos años con mucho compromiso y responsabilidad hasta el día que me jubilé", relató a El Tribuno la exdocente.

"De forma paralela, también trabajaba haciendo labores comunitarias, sociales y solidarias para la gente humilde", expresó.

En cuanto al porqué de esta vocación social y filantrópica, la seño Ema aseguró: "Desde la cuna aprendí de la generosidad de mis padres. Siempre nos inculcaron a mí y a mis hermanos, valores muy profundos. Me enseñaron a hacer el bien, como dice el dicho y sin mirar a quien".

"Cuando uno se dedica a esto, a vivir así, mis padres me decían que haga todo de corazón sin esperar nada a cambio, sin ninguna retribución. Desde muy pequeña yo ya imitaba el accionar de mi padre", detalló.

Luego contó: "Soy la tercera de seis hermanos, mi papá era jefe ferroviario, y recuerdo que él siempre ayuda a viajar gratis a la gente más humildes de los pequeños pueblitos. Él de alguna manera arriesgaba su vida y su trabajo para poder ayudarlos, y eso creo que también ha sido una inspiración".

"Y como docente, de joven daba clases en las escuelas del campo, luego en Rosario de la Frontera, en las escuelas Martina Silva de Gurruchaga, la escuela especial Santa Lucía, y en la Manuela Pedraza donde me jubilé", indicó.

"Allí con este trabajo de la docencia pude ver a lo largo de estos años la necesidad y la pobreza desde muy cerca. Fue un pasaje de mi vida muy importante, que lo viví con mucha conciencia y compromiso, tanto que nunca fue una carga para mí", señaló emocionada.

"Cuando me jubilé ya tenía más tiempo libre, y fue allí cuando me dediqué hasta hoy a esta tarea solidaria. Siempre he tratado de dar lo mejor de mí para la gente que necesita".

Cabe señalar que la docente ayudó y ayuda no tan solo en Rosario de la Frontera, sino también en el interior y en otras localidades de la provincia de Salta, tales como a las comunidades originarias.

Los últimos meses ayudó a más de cien familias con ropa y calzados a los inundados en Metán. Su última labor, fue la de asistir a la mujer que escapó de la violencia y quedó varada en la pandemia en la Ciudad Termal, noticia que fue dada a conocer por este medio.

La docente le llevó ropa, calzado para ella y sus cuatro hijos más dos cajas llenas de juguetes para que de alguna manera, los pequeños se olvidaran de todo lo que estaban viviendo.

"He visto cosas muy dolorosas dentro de la pobreza, pero lo de esta madre realmente me dolió hasta el alma mucho esta situación, sobre todo por los niños que son siempre los más vulnerables al igual que los abuelitos", manifestó Castro.

La jubilada recorre los merenderos de los barrios más pobres para asistirlos. "Las últimas veces que fui, llevé ropa y calzados pero fue poco ante la cantidad de mamás que necesitan", lamentó, luego agregó: "Las personas que me donan todo esto, son mi familia, y la verdad que tengo que agradecer también a los docentes, porque hay muchos colegas que están pendientes permanentemente haciéndome llegar estas donaciones, desde ropa, calzados hasta utensilios del hogar".

"Los docentes me acompañan en mi misión también de forma desinteresada, lo hacen con mucho cariño, porque ellos saben que en esta misma ciudad existen estas necesidades", expresó. "Duele ir a los lugares vulnerables y encontrarse con la pobreza, da mucha tristeza por los niños, pero a la vez, ellos son los que me dan la fuerza para salir adelante", dijo consternada.

Cabe señalar que la docente a pesar que tiene problemas de salud, pero aun así, se arriesga, sale, anda y busca los recursos para seguir ayudando.

"También vivo en carne propia, sin entrar en detalle cuales barrios, que hay muchas mamás que llenan la mamadera con agua, porque no tienen ni para la leche. Un par de veces he trabajado censando, y ahí es cuando te encontrás aún más de cerca con las necesidades".

Luego reconoció que: "Ahora se nota más que muchos gobernadores se empezaron a ocupar de esta gente, que durante tantos años estuvo a la invisibilizada", opinó.

 

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