El BCRA debe tomar el toro por las astas

El presidente Alberto Fernández prolongó la cuarentena, destacó la adhesión mayoritaria de la ciudadanía, y anticipó que la paralización de la actividad económica generará una caída del producto bruto interno.

Fernández asume el riesgo de un compromiso que le puede salir mal. A diferencia de la tradición kirchnerista, pone el pecho a las balas y escucha a los científicos.

Quizá para calmar a sus socios, su discurso tuvo un cierre clasista, cuando dijo que los empresarios "no deben despedir gente porque siempre ganan mucho y ahora van a ganar un poco menos".

La solidaridad implica un compromiso de todos. La cuarentena fue dispuesta por el Gobierno y las consecuencias económicas exigen un esfuerzo del Estado, más allá de las medidas asistenciales que ascienden al 2% del PBI.

El panorama económico es muy sombrío y la recesión jaquea a todo el sistema económico.

Decir que los empresarios "ganan mucho" es un equívoco que no construye solidaridad, ni en lo inmediato ni a futuro. Es cierto que los dueños de empresas tienen un nivel de ingresos personales superior a la media, comparables a los de muchos políticos, gremialistas y lobbistas que pueblan Puerto Madero. La diferencia está en que la decisión de frenar la economía no amenaza sus capacidades de consumo, sino que socava al capital, que es núcleo de una empresa.

Las grandes corporaciones, las pymes e infinidad de cuentapropistas se encuentran agobiados y el Estado está en deuda. Está en deuda, concretamente, el Banco Central. La reapertura del clearing, la semana pasada, fue una irresponsabilidad que puso en peligro a miles de empresas y de empleos. Ese día, dos de cada diez cheques por cobrarse (20%) fueron rechazados. Lo normal venía siendo el 2%. Fueron 269.651 los cheques entrampados y solo el 4,8% fue por "falta de fondos". El resto, por inactividad bancaria.

Y la promesa del BCRA, que debería preservar el sistema, se limita a financiar sueldos con tasas del 24% anual. ¿No suena mezquino? Sin actividad, en uno de los peores momentos del país, las empresas necesitan oxígeno, crédito productivo y accesible, y mayor margen de descubierto

La Uocra ya advirtió por la probable caída de cien mil puestos de trabajo en la construcción. Es la consecuencia de la suspensión de la actividad, decidida por el Gobierno. ¿Puede sobrevivir una empresa como estructura productiva manteniendo personal que no produce?

La cuarentena tiene un altísimo costo social que no se contendrá con voluntarismo. Las limitaciones a la movilidad dejaron sin ingresos diarios a millones de habitantes del conurbano bonaerense, un área con indicadores de pobreza estructural que ahora crujen. Aunque no se lo reconozca, la presencia de las fuerzas armadas en los barrios es un pedido de los mismos intendentes kirchneristas.

El ministro Guzmán, en un artículo que publicó en la página internacional Project Syndicate, dejó entrever alguna salida acordada con la OMS y el FMI. Sostuvo que los gobiernos "deben extender el seguro tradicional de desempleo para que los trabajadores despedidos no caigan en la pobreza antes de que termine la pandemia. Y deben subsidiar empleos en sectores que están gravemente afectados por la crisis pero que seguirán siendo valiosos para la economía cuando la crisis termine". El ministro añadió que es imprescindible "preservar el capital organizacional de las empresas en curso "y aclaró que "esto no es lo mismo que proteger las ganancias o los accionistas".

Dirigiéndose a la banca y a los organismos internacionales, escribió que "una emergencia global requiere políticas globales decisivas". Esto se traduce como flexibilización del funcionamiento crediticio y financiero.

Insinúa otra perspectiva. Luego de más de medio siglo con políticas clientelares que desconocen el valor de la empresa, la Argentina recibe esta pandemia envuelta en una decadencia económica y social que parece no tener fin.

 

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