La UniNOA ante la trampa de estancamiento

Vamos a finalizar este muy particularmente crítico año 2020 con un producto interno bruto (PIB) por habitante similar al que alcanzamos hace ya 16 años, en el 2004. E incluso también igual al de aún antes, en 1998. Pero, si seguimos explorando nuestro pasado encontraríamos un PIB per capita parecido en 1974, 46 años atrás. Desde entonces, casi 50 años, transcurrieron varios ciclos de prolongadas recesiones económicas, de muy agudas crisis y de eufóricas pero cortas recuperaciones, nuestros demasiado frecuentes "stop and go", que dieron, en una extremadamente volátil sucesión, este muy penoso y magro resultado económico de largo plazo.

Durante las últimas 5 décadas, atravesando una amplia gama de gobiernos nacionales, nuestra economía solo fue capaz de crecer a una tasa promedio de apenas poco más del +1% anual, muy similar a la tasa del crecimiento neto de nuestra población.

Estamos claramente encerrados en lo que se denomina una "trampa de escaso crecimiento económico". De la que no podemos salir, no sabemos cómo hacerlo o no nos animamos a ello. Esta "trampa" podría ser descripta, por un lado, por un sector público que dedica más de 2/3 partes de su presupuesto a enfrentar salarios, jubilaciones y subsidios (solo al consumo, nunca a la producción), quedando así sin el resto de una suficiente cuantía, ni de una calidad, de gasto público para poder constituirse en un"conductor" valido del crecimiento económico.

Por otro lado, la "trampa" se completa con un sector privado registrado agobiado por una muy alta presión fiscal, hoy del 42% del PIB. Con alrededor de una tercera parte de ella (12% del PIB) conformada por impuestos que quitan los incentivos al ahorro, al crédito, a la inversión, al empleo formal, al comercio legal y a las exportaciones. Estos elevados gravámenes elevan la exigencia de la rentabilidad económica necesaria de los proyectos privados de inversiones y de empleos productivos; además, la altísima volatilidad de la macroeconomía impide la formulación de los planes de negocios. Por último, una elevada y sostenida inflación interna, incrementa el llamado riesgo - país y quita las posibilidades del financiamiento privado, tanto interno como externo.

Este cúmulo de limitantes (y existen aún muchos otros más) supera largamente a cualquier consideración de "riesgo empresario" y generan múltiples incertidumbres que, a su vez, causan una elevada y permanente desconfianza a la confiscación y despiertan expectativas negativas generalizadas. En esas condiciones, el sector privado, productivo y formal, tampoco puede lograr configurarse como un "motor" de la necesaria reactivación económica.

Así, la referida trampa de magro crecimiento económico, y de continua decadencia, queda perfeccionada. Sobre esa estructural y muy compleja situación de base de nuestro país, se asentó la pandemia del coronavirus y la extensa cuarentena asociada a ella, que probablemente hará caer nuestro PIB de este año en un -15% y llevará a la muy penosa situación de pobreza a aproximadamente un 50% de nuestra población.

La industria regional

En nuestra región NOA, la descripción nacional es válida, pero con el agravante de un PIB por habitante del orden del 50% del promedio del país. En este complicado contexto, resulta una relevante fortaleza que la UniNOA (uniones industriales de las 10 provincias que integran la región NOA y NEA) hayan tomado la estratégica decisión de trabajar en conjunto desde hace varios años.

La demanda global creciente de alimentos y, muy especialmente, de las derivadas de las proteínas animales, es una realidad. En los últimos 10 años creció un +10% la producción de carne vacuna, se mantuvo estable el volumen para el mercado interno y se incrementó un +170% la cantidad de toneladas que exportamos.

Existe en nuestra región NOA un complejo agropecuario privado ya consolidado de productores de los principales cultivos de cereales y oleaginosas (sorgo, maíz, trigo, soja, girasol, poroto, etc), con una intensa relación con el INTA, en lo que probablemente constituye la mejor experiencia argentina de interacción privada - pública, con una comprobada capacidad de producción agroindustrial de un flujo del orden de unas 17 millones de toneladas anuales. Todas proteínas vegetales que, biotecnología e industria mediante, resultan transformables en energía, carnes, azúcar, papel, leche, etc, que serían aún más sostenibles en el largo plazo con los incentivos fiscales adecuados. Ellos se pueden conectar aún más con la larga experiencia industrial del eje Tucumán - Salta, a la que se pueden unir gradualmente los sectores industriales del resto de las provincias de la región.

Existe asimismo un relevante stock de más de 3 millones de cabezas de ganado bovino; alrededor de 1,5 millones de caprinos y más de 1 millón de ovinos y cerdos, que configuran un capital productivo de reinicio muy relevante. Simultáneamente, además de la energía solar, las proteínas vegetales, vía los biocombustibles como el biodiésel, el bioetanol y el biogás, ofrecen aun amplias posibilidades de un mayor desarrollo en la energía renovable. Resulta muy sustentable defender la posición que los actuales "cortes" de los biocombustibles del 10 al 12% en los combustibles fósiles puedan, al menos, duplicarse durante los próximos años.

Modelo sanjuanino

Asimismo, el modelo de la organización de la minería de San Juan podría resultar el más conveniente y aplicable para nuestra región. También es razonable estimar que el dinamismo del turismo se recuperará rápidamente con el regreso de la normalidad. Claro está que todas las actividades productivas de nuestra región, sean estas de la agroindustria, la energía, la minería o el turismo, precisan de la comprensión del estado nacional del ya contundente fracaso de la coexistencia de un único régimen laboral formal que exige salarios en las regiones solo consistentes con una muy alta productividad.

Deja así afuera del mercado registrado a la mitad de la población económicamente activa o PEA y, simultáneamente, aplica una elevada presión fiscal, que justamente impide esa productividad requerida del sector privado del interior del país. El problema se agrava porque no se toman en cuenta importantes y numerosas asimetrías, como las distancias de transporte a los grandes centros de consumo interno y a los puertos de exportación. 

Empleo en negro

En nuestra región NOA, con una PEA de alrededor de 2,5 millones de personas, de las cuales casi 700.000 están empleadas en el sector público formal y casi 1 millón trabajan en el sector privado formal, sería factible explorar la posibilidad de la aplicación de un sistema laboral similar al vigente en el sector de la construcción, que disminuya los costos de su contratación, al menos para las 600.000 personas que actualmente trabajan en el sector privado no registrado y para las 300.000 personas actualmente desocupadas. 

Dada la comprobada inflexibilidad de las leyes y de la jurisprudencia que impiden crear nuevos empleos, solo queda pensar en un nuevo régimen laboral para los nuevos trabajadores registrados. Repárese que ello podría duplicar la fuerza laboral. Además, su gradual incorporación al sector industrial regional, mediante capacitaciones previas, les daría un importante salto de su actual productividad por su mayor acceso a tecnologías. Solo las propuestas de reformas laborales y fiscales “en el margen” permitirá que las posibilidades que la próxima etapa de la pospandemia no resulte solo en un “rebote” económico de corto plazo para la región, sino que signifique el inicio de un crecimiento económico de largo plazo.

El stock productivo, esto es la “máquina de hacer los flujos anuales de los productos brutos geográficos“ de nuestra región NOA estaría aún relativamente intacta. Comprende a alrededor del 17% de la superficie continental del país; contiene, ya sin éxodos, a más del 12% de la población total y aún dispone de poco más del 6% de los depósitos del sistema financiero nacional. Con ello, su PBG significa todavía más del 6,5% del PIB anual nacional. Aún parece un punto de partida razonable. Pero, lo será solamente con las innovaciones laborales y fiscales necesarias, pues las crisis resultan en oportunidades solo si hacemos los diagnósticos correctos y surgen los valientes liderazgos políticos y empresariales privados de actuar en consecuencia con ellos. 

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