Brechas y grietas

Brechas posibles vs. grietas destructivas.

Todas las sociedades tienen "brechas". Estas se evidencian en los partidos políticos que, en la gran mayoría de los casos, están circunscriptos a los de "derecha" e "izquierda", por más que estas categorías hoy no estén tan claramente definidas.

Al mismo tiempo, algunas sociedades tienen "grietas", que son diferencias en principio insalvables entre ellas.

En algunos casos tales grietas eclosionan en guerras civiles o manifestaciones menos drásticas, pero que en todos los casos evidencian la imposibilidad o extrema dificultad para encontrar puentes de comunicación entre las posturas enfrentadas.

Ejemplos los hay en abundancia, como la Guerra Civil en Estados Unidos (1861-1865), la más actual en España (1936-1939), o nuestra extensa guerra civil entre 1820 y 1861, que culminó en la Organización Nacional.

Las brechas constructivas

La realidad no es la misma según quién la ve, porque, como una caja de cerillas o fósforos, según de qué lado se la observe, presentará aspectos diferentes, aunque todos quienes la ven coincidirán en que se trata de una caja de cerillas.

Análogamente, los aspectos de la vida institucional, el funcionamiento de la economía y demás cuestiones de la vida social reciben múltiples interpretaciones que, en general, se decantan en unas pocas que son las que representarían los partidos políticos, buscando que una mayoría acompañe su visión, de modo de acceder al poder.

Esta brecha no es para nada destructiva sino todo lo contrario, porque posibilita que el partido gobernante imponga su impronta, a la vez que la oposición se mantiene expectante y señala errores o desvíos del gobierno, o bien ofrece su propia interpretación para llevar adelante enmiendas, solicitando el favor de la población en nuevas elecciones.

Esta "dialéctica" es altamente enriquecedora porque, visto en retrospectiva, la situación de la sociedad semeja un cierre que muestra su selladura, a la vez que en el presente y a futuro se aprecian las dos ramas y el mecanismo de cierre hacia adelante, y así estas sociedades conforman estrategias únicas y "selladas" en cuestiones críticas tales como su política de defensa, relaciones exteriores, etc.

Las grietas destructivas

A diferencia del escenario recientemente descrito, muchas sociedades, y la Argentina en particular, en lugar de dos visiones diferentes de una misma realidad muestran ambas ramas del "cierre" representando interpretaciones diametralmente opuestas e irreconciliables, lo que deja afuera la posibilidad de síntesis equivalentes a la costura que exhiben los "cierres" de las sociedades que manejan constructivamente sus diferencias.

En consecuencia, no existen puntos de convergencia y mucho menos políticas de Estado que contengan a la sociedad, porque el "grupo disidente" no comparte la misma visión respecto a lo que deberían ser denominadores comunes, tales como el diseño de la política en los grandes trazos, que incluyen la inflación, el desempleo, el crecimiento, la política exterior, etc.

El caso de la Argentina

Cuando se traslada este esquema a la Argentina, se aprecia que, a partir de la Organización Nacional se transita una larga etapa de prosperidad y fortalecimiento institucional, aun con dificultades severas. Sin embargo, a partir de los dos primeros golpes de estado del Siglo XX (1930 y 1943), la cohesión social comienza a resquebrajarse y, en particular, con la asunción del peronismo la sociedad se fractura en una parte que se mantiene fiel a la Constitución de 1853, y la otra, protagonizada por Perón, que propone un nuevo esquema económico y político al amparo de la Constitución 1949 (luego abolida con el derrocamiento de Perón), provocando una fractura dramática en la sociedad argentina. El período posterior al derrocamiento de Perón y su exilio hasta su regreso representó un esfuerzo dificultoso de reconciliación de los argentinos, incluyendo "piedras en el camino" con consecuencias trágicas en muchos casos, interpuestas por el propio Perón, más concentrado en un diseño estratégico de reivindicación personal que de cierre de la grieta que se había forjado, grieta que también se alimentaba por posiciones irreconciliables de sectores que no toleraban al peronismo, hasta que, a su regreso, se selló la unidad nacional mediante su abrazo con el líder de la oposición en ese momento, Ricardo Balbín.

Más allá del derrocamiento del gobierno constitucional de Estela Martínez de Perón, del rechazo a algunas posiciones extremas de su gobierno (el lopezreguismo) y de otra tragedia protagonizada por el terrorismo y la represión de las juntas militares, la unidad nacional alcanzada fue decisiva para la reinstauración de la democracia en 1983. Esa unidad, a pesar de importantes diferencias entre la Unión Cívica Radical gobernante y el peronismo en la oposición, fue decisiva para sortear las duras pruebas a que fue sometida la novel democracia, que consiguió un traspaso de mando ejemplar en 1989, del oficialismo de entonces a la oposición triunfante. El nuevo gobierno, esta vez peronista, entre 1989 y 1999, con improntas propias y no sin "ruidos" en muchos aspectos de su gestión, fue ampliamente democrático en formas y contenido.

Al cabo, nuevamente hubo un normal traspaso de mando a la oposición, en esta oportunidad de hegemonía radical, hasta la renuncia prematura del presidente de la Rúa en 2001.

¿Retorno y fin de la grieta?

Lamentablemente, el período que siguió a partir de la renuncia de Fernando de la Rúa se basó en un diseño de política económica que, en algunos aspectos, recordaba los primeros años de la presidencia de Perón, al mismo tiempo que la familia Kirchner, con Cristina Fernández en sus dos presidencias, denostaba la figura de Perón y los cambios que él mismo introdujo en las postrimerías de sus dos primeras presidencias, lo mismo que su giro político que convocaba a la oposición y el posterior abrazo con Balbín.
Los años recientes, más allá de que la presidencia de Macri fue respetuosa de los valores y procedimientos constitucionales, no ayudaron al cierre de la grieta al identificar al peronismo en su totalidad como obstructor, reconociendo al final y tarde que este espacio no es homogéneo y alberga, como al último Perón, a sectores honestamente comprometidos con la República. 
Paralelamente, es claro que existe una porción de la sociedad y su dirigencia que explícita o implícitamente descree de la República y sus instituciones. Sin duda, la obvia pregunta es el por qué de esta visión rupturista. La respuesta es difícil y le corresponde a científicos como sociólogos o psicólogos sociales. No obstante, evidentemente existe una inercia muy fuerte de ideas erróneas que, aplicadas, generaron fracasos estrepitosos a la vez que trágicos, empobreciendo a las sociedades donde se las ha aplicado, como el caso de la ex Unión Soviética, la China de Mao, Cuba o la actual Venezuela.
Es hora entonces de separar la paja del trigo, entendiendo que, del mismo modo que es muy difícil que amplios sectores de la Argentina, de fuerte desapego por la democracia y la economía de mercado, adhieran a un proyecto común de vivir en libertad al amparo de la Constitución, es también políticamente torpe marginar a ese otro importante sector de la sociedad política, deseosa de reencontrarnos todos con la Argentina aquella, de “en Unión y Libertad”. 
 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...