¿Otra convocatoria que nos va a dejar afuera?

Alberto Fernández deseaba instituir un Consejo Económico y Social para el desarrollo de la Argentina, en función del cual el acto del 19 de febrero último en el CCK porteño. La puesta en escena fue impecable, siendo Gustavo Beliz el maestro de ceremonias.

El presidente se jugaba bastante en el afán de reacomodar su relación con las desvencijadas clases medias urbanas, principales destinatarias en términos psicosociales y económicos. El acompañamiento de los sectores intermedios resulta crucial en un año electoral pleno de incertidumbres.

El escandalete del vacunatorio puso al proyecto en coma inducido, y la falta de referencia en el discurso del 1 de marzo pareció llevarlo a coma profundo.

No obstante el asfixiante nivel de toxicidad de la política criolla, Alberto Fernández está dispuesto a dejar rodar su experimento, según lo evidenció el acto del viernes 5 de marzo en Parque Norte, proponiendo "sentarnos para ponernos de acuerdo, a fin de repensar el presente y mirar el futuro"; lo que sería corriente si fuésemos un país normal. Instó a la unidad nacional para aumentar la productividad y el empleo, sin enredarnos en discusiones innecesarias (sic). Dicho sin rubor después de su perorata distractiva ante la Asamblea Legislativa, promover acuerdos en semejante escenario es casi un oxímoron. Ambos Fernández, como el alacrán del cuentito, no pueden con su genio.

A la par, la Cepal daba a conocer que la pobreza en Argentina atacaba al 38,8% de su población, con una indigencia del 8,1%. Y la pandemia lo desnudó hasta el escarnio.

¿Estaremos frente a otro fuego de artificio, de los tantos intentados durante décadas? ¿O, quizás, otro capítulo de la confrontación subterránea entre AF y su vigilante vice? Ella, al parecer, optaría por un nuevo contrato social, incompatible con el espíritu de este CEyS.

"Alguien tiene que pensar las políticas de largo plazo".

Esa -se dijo- fue la consigna disparadora, inusual en una dirigencia más ávida por los réditos de lo urgente que apremiada por lo importante; incompatible, a primera vista, con el ADN político argentino, sumido en la fangosa trampa del cortoplacismo y por eso incapaz de concertar proyectos de largo alcance.

Alberto Fernández propuso un CEyS nacional no federal, adviértase- desde los inicios de su errática gestión. En febrero de 2020, Infobae informaba sobre los avances de un documento cuya redacción estaba a cargo de la Secretaría de Asuntos Estratégicos de Gustavo Beliz. Se pensaba en un órgano permanente para generar análisis, debates y propuestas estratégicas, cuya función implícita apuntaba también a superar esa absurda tendencia fundacional de cada gobierno que asume, mediante acciones que trasciendan los sucesivos turnos gubernamentales.

Las incógnitas quedaron develadas con la publicación del decreto n´ 124 del 21 de febrero pasado, con más considerandos que articulado. Vale leerlo pues lo explica y justifica, a más de exponer antecedentes nacionales e internacionales. Existe la intención de consagrarlo por ley en el transcurso de este año. Y así las cosas, no queda otra opción que dejar andar al rengo...

Su artículo 10 prevé una Agenda de trabajo para desarrollar en mil días, cinco "misiones de país": 1) Comunidad del Cuidado y Seguridad Alimentaria; 2) Educación y Trabajos del Futuro; 3) Productividad con Cohesión Social; 4) Ecología Integral y Desarrollo Sustentable; y 5) Democracia Innovadora. A su vez, las consignas habilitadas para cada misión se detallan en el Anexo I del decreto.

El CEyS será un órgano asesor, presidido por el Secretario de Asuntos Estratégicos, y depende de Presidencia de la Nación. Está integrado por treinta personalidades de los principales sectores del trabajo, de empresas, organizaciones científicas y académicas, con carácter ad honorem, buscando diversidad y convergencia de intereses. A ellos se sumaron lustrosos asesores del palo oficial, como A. Pérez Esquivel, Dilma, Pepe Mujica, R. Lagos y J. Sachs.

Un detalle para tener en cuenta: el artículo 7 define las funciones del presidente del Consejo, quien -aparte de ejercer su representación y dirección "velando por la concertación y búsqueda de acuerdos" (inc. a)- convoca a sesiones, las preside, modera y fija el orden del día (inc. b). Con esto último, se anuncia que solo se debatirán los temas que disponga la Casa Rosada, sin que los sectores participantes puedan llevar a su consideración problemáticas específicas y propuestas concretas. Esto impacta decisivamente en el nivel de autonomía del Consejo, aunque sus dictámenes no sean vinculantes.

Antecedentes nacionales

Todas las provincias cuentan con algún tipo de CEyS, aunque en muy pocas cuajara realmente. Algunos distritos lo tienen previstos en sus constituciones (CABA, Chaco, Entre Ríos, Formosa, La Pampa, La Rioja, Neuquén, Salta y Santiago del Estero); otros los crearon por leyes o decretos, en función del precepto de participación ciudadana, incorporado en las cartas magnas como extensión de la cláusula del progreso, a medida en que las provincias adecuaban sus textos a la reforma de 1994.

Lo curioso es que después de tanto esfuerzo legislativo, en la práctica no se implementaron o se lo hizo con menor rango institucional. Córdoba, Santa Fe y Tierra del Fuego los crearon y desactivaron sin mayores fundamentos, aunque las causas sean variadas y presumibles.

Las perseverantes promovieron un Consejo Federal Económico y Social, cuya acta fundacional se firmó en Buenos Aires en diciembre de 2014. Su principal aspiración es que se instalen efectivamente en todas las provincias y coordinen agendas de temas comunes con perspectiva federal. A mediados de marzo de este año participan de este foro, los Consejos de la CABA (instalado en 2010), Catamarca (2018), Chaco (2002), Corrientes (2010), La Rioja (2016), Mendoza (2012), ciudad de Río Cuarto (2009), Salta (2013) y la ciudad de Santa Fe (sin dato fehaciente). No hay ningún indicio de que se integre al CEyS nacional o siquiera se lo consulte.

 </SUBTITULO>Perspectivas 
 Los CEyS carecerán de eficacia si el común de la gente no percibe su necesidad, aun asumiendo su perfectibilidad y que deben funcionar sin condicionamientos políticos. Lo expuesto hasta acá requiere, pues, algunas consideraciones:
1 - En la creación de un Consejo tal subyace la idea de participación, planificación y concertación; lo que ya es muy bueno. Tal vez la futura ley pueda dotarlo de mayor autonomía y con una impronta federal.

2 - Por el modo y la oportunidad en que se concretó, parece orientado más a proponer políticas coyunturales obligadas por la pandemia, que a diseñar políticas de Estado.

3 - Las convocatorias y agenda previstas inhiben una participación proactiva de otros sectores sociales y gobiernos provinciales, con necesidades y agendas propias. Tampoco está claro si se considerarán grandes temas nacionales y cómo fijar prioridades a la hora de ejecutar proyectos. Dicho de otro modo, ¿habrá lugar, por ejemplo, para el aprovechamiento integral del Bermejo o un urgente plan demográfico nacional? Hay muchas iniciativas, públicas como la Mesa del Litio (recientemente instituida por los gobiernos de Catamarca, Jujuy y Salta); o privadas, como el Consejo Agroindustrial Argentino, creado en julio de 2020 por medio centenar de entidades; ¿será consultado? Una más: dentro de ese pregón dialoguista, ¿cómo se entiende el reciente fracaso de la prórroga de la ley de biocombustibles; no había que ayudar a las economías regionales?

4 - El presidente suele definirse federalista raigal. Las treinta entidades integrantes del nuevo CEyS son las grandes centrales gremiales y empresarias, entes públicos y universidades radicados en el AMBA. ¿Qué garantiza que -a la hora del bacalao- no prevalezca la agenda del “cuerno de oro” del Mercosur, y las decisiones se adopten en función de una escala económica completamente desfavorable para los dos tercios restantes del país.

6 - Si hay un reparo mayor a este CEyS, es no haber siquiera insinuado la necesidad de una redefinición geopolítica de Argentina, en un mundo que lo hace cada día. Si no se plantea una meta de tal naturaleza y calidad, con diez políticas de Estado para empezar, será muy difícil salir del pantanal en que nos metimos; y esa meta debe ser integrar la Argentina física y espiritualmente, reafirmar su condición marítima y bicontinental, con una Región del Norte Grande bisagra con la Suramérica hispano-indoamericana. Se trata de una agenda primordial; la otra se dará por añadidura.
Ojalá que las entidades incorporadas al CEyS y el propio gobierno nacional no incurran en el añejo refrán español, “Reunión de pastores, oveja muerta” ... 

 * Fragmento del artículo “Sobre el Consejo Económico y Social” publicado en el Foro Patriótico Manuel Belgrano (27 de marzo 2021)
 

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