Emotivo adiós a Tucho, un "sembrador de periodistas"

Decenas de personas despidieron ayer los restos de Tadeo Alejandro Figueroa y este comienzo solo guarda la intención de ocultar el homenaje detrás de la noticia.

Pero hay que hacer un alto. Acomodar las ideas; focalizar; tratar de ser objetivo. Esforzar la mente para encontrar la palabra justa. Y la tarea se hace imposible.

Hoy hay que escribir aquellas palabras que siempre esquivamos; las palabra del adiós permanente y la despedida final.

Es que escribir el adiós al "Tucho" Figueroa es casi surrealista. Es como escribir sobre "la dinámica de lo impensado" como decía Dante Panzeri.

Creíamos que "el mataco" era inacabable, pero se nos fue. Así... caminando rapidito por ese puente que todos deberemos cruzar algún día.

"Al mal paso, darle prisa" dijo y de este lado dejó su pesado bagayo de anécdotas para ir más liviano. Se acomodó con coca, café y cigarro y se fue a escribir a las estrellas.

Tucho tenía 73 años y fue un hombre múltiple, desde lo humano y lo profesional. Pero todas sus facetas tuvieron siempre un factor común: la generosidad, tan escasa por estos tiempos. Fue generoso sin esforzarse. Es que al "Uñudo" (como lo bautizó el inolvidable "Talo" Giménez), lo generoso le brotaba naturalmente. Salvajemente, diríamos.

Así lo recordaron ayer tantos periodistas que se dieron cita para darle la despedida final. Ellos ostentan ese sello inconfundible del trabajo honesto, el rigor periodístico y el esfuerzo permanente por lograr el mejor brillo que una pluma pueda escribir, cuando de notas y reportajes se trata. Fue un sembrador de periodistas con buen gusto y del buen gusto en el periodismo.

Era un gran conocedor de los sucesos en el fútbol mundial de los últimos 50 años. Comenzó en el diario Norte, allá por mediados de la década del 60. Entre sus funciones sobresale su tarea, en 1975 como corresponsal de la revista Goles y de la agencia Noticias Argentinas.

De 1974 al 1986 trabajó en diario El Tribuno, ascendiendo a subjefe y luego a jefe de Deportes, cumpliendo además funciones de prosecretario y secretario de redacción.

De 1989 a 1994 fue corresponsal de la revista Solo Fútbol. En 1995 fue director de Prensa de la Provincia.

Desde la faz política acompañó la gestión de José Luis Gambetta en la intervención a Tartagal, cuando los cortes de ruta por el año 97 eran noticia nacional, en medio del caos y la desesperación.

Entre 1998 y 1999 fue designado por el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer), dependiente de la Presidencia de la Nación. También se desempeñó como director de Radio Nacional Salta.

En 2011 regresó a El Tribuno para ocupar el cargo de editor de la sección deportiva y años después fue jefe de Cierre; últimamente conducía el programa radial Hora 24 en AM840 junto a Daniel Chocobar, Daniel Tolaba y Fredy 'Coco' Minola. En esa emisora, de la que también fue director de Deportes, cosechó miles de amigos que ayer se acercaron a despedirlo.

  Tucho y el Flaco Menotti, en la cobertura del Mundial de Fútbol Argentina 78. Archivo

Su pluma dejó las huellas en formidables coberturas de los mundiales de fútbol. Estuvo cubriendo las alternativas en 4 de ellos. El primero fue el de Argentina 1978, después estuvo en México 1986. Para El Tribuno también cubrió los de EEUU 1994 y Sudáfrica 2011.

Hablar de su vida familiar es una obviedad. Esposo, padre, hijo, amigo y compañero, encerraba esa multiplicidad de perfiles sin perder la humildad; sin fisuras, sin grietas y con los brazos siempre abiertos para dar una mano a cualquiera.

De chico siempre fue el dueño de la pelota por la Junín y Siria. Y de joven caminó la noche por las esquinas de Villa Cristina, donde seguramente forjó ese estilo tan particular de escritura. El 2 a 1 de Argentina frente a Inglaterra, en México 86, es un ejemplo de ello. "El murmullo de la colmena" dijo cuando el Diego le metió gambeta a medio equipo rival para marcar el gol más emocionante de la historia de los mundiales. "El estadio Azteca hervía y uno podía sentirse como adentro de una colmena, por el murmullo y el movimiento de la agente luego del gol de Diego y que se quedó durante todo el partido" contaba entre sus tantas anécdotas, que también quedaron como una siembra en su carrera.

Tucho; Tadeo; el Mataco; el Uñudo, como quieran recordarlo, fue un sembrador y un hombre íntegro. Tal vez como aquel de La Mancha, que con algo de locura y mucho de pasión, solía combatir las injusticias que veía en los molinos de viento. O tal vez como aquél de "las circunstancias" de Ortega y Gasset. Pero con certeza, Tucho era de aquellos "imprescindibles" de los que hablaba Brecht. Como sea, ahora el maestro cosecha su siembra en el cielo. Y aquí lo vamos a extrañar.

 

 

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