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La U inicia una nueva etapa, con un "gigante" al frente

Orlando "Petaco" Domínguez es el nuevo presidente de Universitario RC. A los 18 años quedó parapléjico por una lesión en un partido, no se rindió y su historia de vida merece ser tenida en cuenta siempre.
Domingo, 08 de enero de 2023 01:12

En Universitario RC se puso en marcha una nueva etapa, que como todas está llena de desafíos y objetivos. La comisión directiva que lideraba Adolfo Mimessi cumplió su tiempo y dio paso a otra que tiene e Orlando "Petaco" Domínguez al frente y que es acompañado por un grupo de "gente joven" como el flamante presidente definió.

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En Universitario RC se puso en marcha una nueva etapa, que como todas está llena de desafíos y objetivos. La comisión directiva que lideraba Adolfo Mimessi cumplió su tiempo y dio paso a otra que tiene e Orlando "Petaco" Domínguez al frente y que es acompañado por un grupo de "gente joven" como el flamante presidente definió.

El club del Huaico cumplió el viernes pasado con la asamblea que marcó el inicio de una nueva gestión, la de Domínguez, que si de algo sabe es de superar desafíos. A los 18 años tuvo un severo accidente en un partido que la U jugaba contra Gimnasia y Tiro de visitante; perdió dos vértebras, quedó parapléjico y pasó varios meses de rehabilitación entre Salta y Buenos Aires.

Estuvo muchos años fuera del club, pero volvió y hoy asume por primera vez el rol de presidente de una institución que ya cumplió sesenta años y que tiene por delante nuevos objetivos.

"Ya es una constante en Universitario, una sola lista, en conjunto. Llamé a varios chicos jóvenes. Tomé este desafío con la premisa de tratar de llevar una unión en estos años que vienen", señaló el ingeniero químico sobre su nuevo rol en la U.

Sobre los objetivos propuestos destacó el trabajo para captar nuevos valores en rugby y hockey. "Nosotros vamos a hacer una acción social con los barrios cercanos, tratar de incrementar el número de socios, de chicos que jueguen tanto al hockey como al rugby. Vamos a salir a hacer una captación e inclusive dar algunas ventajas, tipo becas o subsidiar a aquellos que no pueden pagar la cuota. Ese va a ser nuestro principal objetivo para agrandar la base", expresó Domínguez.

Para darle contención a esa base que se planea tener es necesario contar con entrenadores y manos que sirvan de apoyo. "Nuestra capacitación es continua, en principio con las plataformas de la UAR que brinda para los entrenadores. Yo siempre digo que más que un club somos formadores de buenas personas, esa es la idea, después si juegan bien al rugby es secundario. De esa forma nos educaron cuando éramos jugadores", agregó Petaco, apodo impuesto por viejas glorias de la U por su baja estatura.

La charla que mantuvo con El Tribuno derivó en como se introdujo en el mundo de la ovalada y en aquel trágico momento que vivió el 8 de agosto de 1983. Al rugby llegó de casualidad a los 14 años ya que el protagonista de esta historia cuenta que lo mandaron a buscar a un primo a un entrenamiento de la U, allí recibió la invitación de Baqueano Escudero para que al día siguiente juegue frente a Gauchos por el torneo local. Domínguez aceptó la propuesta, entró a jugar de wing por su rapidez, salvó un try y comenzó a entrenar formalmente.

Luego el relato llegó al momento que su vida cambió para siempre. "Fue raro ese día. Jugábamos en cancha de la Católica, pero yo estaba esperando en la nuestra, solo. Era una negación mental, pero vino alguien que estaba tan desorientado como yo y nos fuimos en auto. Llegué tarde, ya había comenzado el partido, inmediatamente me dijeron que caliente y entré a jugar", contó Petaco, sin olvidar detalles y como si esto hubiera pasado ayer.

"Yo salgo con la pelota dominada de una formación fija por el lado ciego y me encontré a los pocos metros con el octavo de Gimnasia y Tiro. Ahí fue un error mío porque yo en vez de patear la pelota e ir a buscarla, que le iba a ganar en velocidad, fui a darle un hombrazo, el me agarró de los hombros, yo caí sentado y con su peso me dobló la columna, me fracturé dos vértebras y se produjo la lesión", relató el exjugador.

Al momento de tratar de incorporarse sintió que algo andaba mal. Sus intentos por levantarse quedaron en nada, fue asistido en cancha por el doctor Gustavo Pinta y luego lo trasladaron al hospital San Bernardo en la camioneta del Loco Jerez, referente de Gimnasia y Tiro. "Siempre que lo veo al Loco le agradezco la atención".

En ese intenso momento Petaco recuerda que se despertaba y se desmayaba camino al hospital y que mantenía cierta esperanza. "Lógico que uno mantiene una esperanza, los médicos no me decían nada directamente, pero ya cuando me doy cuenta que no podía mover las piernas, que me las tocaba y no sentía nada pensé ya está, no era necesario que los médicos me avisen", dijo sobre el momento en que supo que nunca más iba a volver a caminar.

A pesar del difícil momento por el que estaba pasando Domínguez recuerda que su preocupación era otra: "Yo no tengo padres y vivía con mis tías en Ciudad del Milagro. Cuando llegaba al San Bernardo mi única preocupación era que les estaba generando un gran dolor, tenían unas esperanzas puestas en mi desde el punto de vista profesional, era un buen alumno en la escuela técnica. Me mantenían y yo pensaba que les estoy pagando mal todo lo que hacen por mi. Esa era mi mayor preocupación antes que mi persona".

Volver a empezar

Orlando pasó un mes en el hospital San Bernardo, donde le limpiaron la zona lesionada. En septiembre del 83 los trasladan al Servicio Nacional de Rehabilitación en Buenos Aires, donde los desafíos se multiplicaron. El salteño recuerda que Raúl Alfonsín ya había ganado las elecciones para presidente de la Nación, pero que las constantes huelgas de enfermeros y otros trabajadores hicieron imposible una rápida operación.

"En el primer intento de operación sufrí un paro cardiorespiratorio y recién al segundo intento pudieron operarme", contó Domínguez. Ya era diciembre del 83. Le sacaron un pequeño hueso de la cadera para colocarlo en la zonas de la vértebras que perdió, luego le aplicaron dos barras de hierro conocidas como barras de Harrington que se las ataron con alambres de acero para sostener su columna. Por su espíritu joven y una vida dedicada al deporte su recuperación fue rápida y en junio de 1984 regresó a Salta. "Todos los días me acuerdo de ese huesito que me sacaron, la cadera me duelo todos los días", aseguró el dirigente.

Al club volvió para ver a sus compañeros, pero cuenta que dejó de hacerlo por dos razones. "Una era que a mi me gustaba jugar y no ir a ver y la otra razón era que creía que le estaba haciendo mal al club al dejar que la gente me vea en silla de ruedas. A varías madres les generaba miedo pensar que a sus hijos les podía pasar lo mismo. Luego, como miembro de la FUAR (Fundación de la Unión Argentina de Rugby) comprendí que el rugby no es solo jugar, hay un montón de otros puestos que uno puede ocupar", señaló Petaco Domínguez.

En 1991 se recibió de Ingeniero Químico en la UNSa, donde actualmente trabaja. Es uno de los creadores de la CIPeD (Comisión de Inclusión de Personas con Discapacidad), es actual coordinador y representante de la UNSa ante la RID CIN (Red Interuniversitaria de Discapacidad del Consejo Interuniversitario Nacional; también tiene el rol de profesor asociado regular y responsable de la cátedra Diseño de Procesos de la Carrera de Ingeniería Química y coordinador de Proyecto Final, con la que los alumnos se reciben en la misma carrera.

A eso hay que sumarle que escribió tres libros y es papá de María Luján. "Tengo varios títulos, pero el que más valoro y que me llena de orgullo es el de ser padre", cerró Domínguez. Petaco reúne la fuerza para superar obstáculos, el profesionalismo ganado en años de estudio y trabajo y el sentimiento paternal; todo eso hoy está al servicio de Universitario.

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