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Una invitación al acuerdo a pesar de la motosierra

Sabado, 02 de marzo de 2024 02:25

Las tres citas del Antiguo Testamento, incluida la invocación a las "fuerzas del cielo" como garantes de un futuro promisorio, mostraron que la fe en lo sobrenatural sigue funcionando para Javier Milei como eje de las certezas (o como el libreto para manejar su imagen pública). El discurso pronunciado ayer en el Congreso tuvo todas las características teatrales de la campaña del actual Presidente. Además, la presencia de una militancia aplaudidora abarrotada en los palcos del recinto, que entonaba cánticos tribuneros, mostró también que las pretendidas diferencias con el kirchnerismo no son tan grandes.

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Las tres citas del Antiguo Testamento, incluida la invocación a las "fuerzas del cielo" como garantes de un futuro promisorio, mostraron que la fe en lo sobrenatural sigue funcionando para Javier Milei como eje de las certezas (o como el libreto para manejar su imagen pública). El discurso pronunciado ayer en el Congreso tuvo todas las características teatrales de la campaña del actual Presidente. Además, la presencia de una militancia aplaudidora abarrotada en los palcos del recinto, que entonaba cánticos tribuneros, mostró también que las pretendidas diferencias con el kirchnerismo no son tan grandes.

Claro, lo que resulta abismalmente diferente es la visión del mundo, del rol de la economía en la política y de cuáles son los límites del Estado. Concretamente, opina que el nuestro es un "Estado criminal".

Sin embargo, lo que corresponde destacar es la convocatoria, notablemente amplia, a los gobernadores, legisladores y dirigentes, para volver a analizar el contenido del megadecreto y la ley ómnibus, y así lograr una rápida aprobación de instrumentos que considera esenciales para alcanzar los objetivos de La Libertad Avanza. Ese sería el preludio para la celebración del "Pacto de Mayo", al que define como un nuevo pacto fundacional de diez puntos, en el que se comprometería todo el país.

Así se comprende el sentido de la cita del Libro del Éxodo, que Milei difundió por las redes la tarde de ayer, escrita en caracteres hebreos y que refiere a la furia de Moisés cuando, llegando con las tablas de la Ley reveladas por Yavé, las rompe al ver que, en su ausencia, el pueblo había vuelto a la idolatría. Para superar el grave conflicto, Yavé volvió a grabar los diez mandamientos en otras planchas de piedra.

La enorme ruptura que se produjo con el fracaso de sus proyectos había derivado en una crisis con las provincias que solo podría terminar mal. Habrá que ver si la restauración de los textos rechazados y el pacto fundacional propuesto logran el consenso que requiere su contenido. Milei está convencido que "consenso" equivale a derrota, negociado o corrupción.

No será fácil lograr un "equilibrio fiscal innegociable" ni aceitar las cuatro grandes reformas que requiere el país y, sobre todo, la sociedad: un sistema tributario progresivo con menos presión impositiva, y con esto, una nueva coparticipación; una legislación laboral moderna que regularice el empleo, terminando con la industria del juicio, y un sistema previsional saneado, incluyendo una nueva privatización opcional.

Y, obviamente, va a ser compleja la reforma política estructural.

Lo importante es que "la sangre no llegó al río" y se abriría, con esta invitación, un espacio de diálogo, es decir un encuentro con menos ideas abstractas y más sentido común.

Ese fue el corolario de una exposición en la que el Presidente describió con precisión de datos verificados el colapso económico y social que recibió como herencia y frente al que propone hacer todo lo contrario, tanto en relación con el capital privado como con el Estado. También informó sobre éxitos que consideró excepcionales alcanzados en sus casi 12 semanas de gestión, discutibles por cierto si se considera que el equilibrio transitorio se logró con la licuación de las jubilaciones y los gastos sociales, la paralización de la obra pública, el envío de fondos a las provincias, la falta de circulante y una recesión insostenible.

Sin embargo, es sorprendente el poder de persuasión de Javier Milei. Sonaron creíbles las referencias a los ahorros en el gasto, el achicamiento de organismos deficitarios, la detección de fondos irregulares destinados a la militancia, ejemplificados en el uso de líneas aéreas públicas por parte de funcionarios, en contraste con los hábitos kirchneristas de enviar a militantes a dar la vuelta al mundo en aviones privados.

Pero hay un punto que no superó. El discurso maniqueo que pone todo el mal de un lado y todo el bien en su contrario es sistemático en Milei. Incluido, ayer lo utilizó en tono desafiante hacia los gobernadores, pero ese no es un recurso genuino de la democracia liberal, porque la racionalidad política obliga a investigar más a fondo el origen de los problemas.

Las provincias sufren un sistema clientelístico, que construye feudos donde los gobernadores e intendentes se eternizan y no aportan al desarrollo económico. El desequilibrio palmario entre las distintas regiones es el resultado de un hipercentralismo que impera desde la Revolución de Mayo, con una concentración desmesurada de poder político, militar y tributario en la región central. Y los gobiernos provinciales sobreviven convirtiéndose en generadores de empleo para evitar desastres sociales. Cuando se producen estas distorsiones, se distorsiona todo. Es decir, hace falta revisar toda la escala del poder.

Pero, claramente, Javier Milei se muestra, hasta ahora, como hipercentralista e hiperpresidencialista.

No existen los mesías iluminados. El populismo de Hugo Chávez y Nicolás Maduro quebró en veinte años a un Estado petrolero como Venezuela.

Milei, abanderado de la libertad, participó el fin de semana anterior de un cónclave ultraconservador en Maryland, Estados Unidos, donde se abrazó con Donald Trump y con el presidente de El Salvador, Nayib Bukele. Los tres son observados en el mundo como las estrellas de la nueva derecha, es decir de "las democracias no liberales". Justo para alguien cuyo lema es "viva la libertad, carajo".

Es que la libertad es un valor incalculable, pero también distorsionable. Baste pensar en la guillotina de Robespierre, que, en nombre de la libertad mató a miles de personas tras la Revolución Francesa.

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