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En un acto que quedará registrado como un punto de inflexión para la identidad de General Enrique Mosconi, la apertura del nuevo período de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante fue el escenario de un anuncio largamente esperado. La intendenta Ana Guerrero Palma oficializó la reactivación de una obra emblemática que durante años simbolizó la desidia y la falta de controles administrativos: la Casa de la Cultura.
La historia de la Casa de la Cultura de Mosconi es, lamentablemente, un caso testigo de las falencias en el control de la obra pública en el interior profundo. Según detalló la jefa comunal ante el cuerpo legislativo, los fondos destinados al proyecto fueron asignados hace más de quince años, pero "desaparecieron sin explicaciones" durante gestiones anteriores, dejando como única herencia un esqueleto de concreto y una deuda pendiente con la comunidad.
Desde una perspectiva jurídica y económica, el anuncio de Guerrero Palma implica no solo una voluntad política explícita, sino también un proceso de saneamiento de las cuentas públicas locales. Retomar una obra atravesada por el desvío de fondos exige una reingeniería presupuestaria compleja, más aún en un contexto nacional marcado por la restricción de la obra pública.
La frase de la intendenta fue: "Esa obra la vamos a hacer nosotros". En localidades como Mosconi, Tartagal y Aguaray, la recuperación de espacios culturales representa una inversión en capital social y una herramienta clave de contención para los jóvenes. El aplauso unánime del recinto legislativo reflejó que, más allá de las banderas partidarias, la ciudadanía del departamento San Martín exige resultados concretos. El inicio de este nuevo período legislativo marca un cambio de ciclo en Mosconi. La recuperación de la Casa de la Cultura aparece como el símbolo de una gestión que decide no esquivar el pasado, sino transformarlo en una política pública con proyección.