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La escena pasó casi inadvertida para el público general, pero no para el sector automotor: un buque de dimensiones poco habituales amarró en el puerto bonaerense de Zárate y comenzó a bajar, uno tras otro, miles de vehículos eléctricos listos para salir a la calle. No fue una importación más. Fue una señal. En un contexto de apertura de importaciones, una de las compañías líderes del mundo decidió dar un paso fuerte y visible en Argentina.
La protagonista es BYD, la automotriz china especializada en movilidad eléctrica e híbrida, que el lunes inició la descarga de más de 5.000 autos eléctricos destinados al mercado local. Las unidades llegaron a bordo del BYD Changzhou, un barco propio de la empresa con 200 metros de eslora, diseñado específicamente para el transporte masivo de vehículos.
Desde la firma explicaron que la operación no se limita a una acción comercial puntual. Stephen Deng, gerente de BYD en Argentina, definió la llegada del buque como “mucho más que un arribo logístico” y la vinculó con el compromiso de la compañía de desarrollar la movilidad del futuro en el país. Fundada en 2003, BYD se convirtió en un referente global en la producción de autos eléctricos, baterías y soluciones de transporte sustentable.
El desembarco ocurre en un momento particular: el Gobierno nacional, encabezado por Javier Milei, impulsa un esquema de mayor apertura comercial, con menos trabas para la importación de bienes finales. Ese marco resulta clave para explicar la magnitud del envío y la velocidad con la que la automotriz busca posicionarse.
Un mercado todavía chico, pero en expansión
Los números ayudan a dimensionar el impacto. En Argentina circulan actualmente alrededor de 40.000 vehículos eléctricos e híbridos, lo que representa menos del 0,5 % del parque automotor total. La llegada de más de 5.000 unidades en un solo embarque equivale a sumar, de golpe, una porción significativa de ese universo.
Para el sector, esto podría traducirse en mayor oferta, más competencia y, eventualmente, precios más accesibles, un punto central para un mercado que todavía asocia la movilidad eléctrica con valores elevados y nichos de alto poder adquisitivo.
El arribo se concretó en el Puerto de Zárate, uno de los principales nodos logísticos del país para la industria automotriz. Desde allí, las unidades comenzarán su proceso de distribución comercial, con la expectativa de salir a la venta en los próximos meses a través de concesionarios y acuerdos locales.
China, socio clave
El movimiento también refuerza el vínculo comercial entre Argentina y China. El gigante asiático es uno de los principales socios comerciales del país, destino relevante de exportaciones agrícolas y proveedor estratégico de manufacturas y bienes de capital. En ese intercambio, la industria automotriz eléctrica aparece ahora como un capítulo en expansión.
Lejos de ser un hecho aislado, la llegada del buque cargado de autos eléctricos deja una lectura clara: el mercado argentino empieza a entrar en el radar de los grandes jugadores globales de la movilidad sustentable, y lo hace con un volumen que promete acelerar cambios en hábitos, infraestructura y competencia.