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EEUU, su déficit, ¿y su default?

Viernes, 29 de julio de 2011 21:31

Hace unas semanas, desde esta misma columna, explicábamos brevemente cómo es la situación que enfrenta Europa debido a los déficits públicos de varios de los países miembros de la Unión Europea y de la imposibilidad de devaluar, por la razón de que existe una moneda única europea (euro).

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Hace unas semanas, desde esta misma columna, explicábamos brevemente cómo es la situación que enfrenta Europa debido a los déficits públicos de varios de los países miembros de la Unión Europea y de la imposibilidad de devaluar, por la razón de que existe una moneda única europea (euro).

En estos momentos, a nivel económico internacional, se ha sumado también la problemática que enfrenta Estados Unidos como consecuencia de que la administración demócrata no puede endeudarse más de lo permitido hasta ahora y que, para no afrontar un default de la deuda norteamericana, la administración Obama necesita que el Congreso de ese país destrabe el permiso parlamentario para emitir más deuda pública y así seguir haciendo frente a sus gastos.

Actualmente el tope de emisión de deuda permitido en EEUU es de 14,29 billones de dólares, monto alcanzado hace dos meses. Esta autorización debería ser dada a más tardar el martes 2 de agosto para, de esta forma, seguir funcionando normalmente.

El enorme déficit con el que Estados Unidos se encuentra en estos momentos no es responsabilidad solo de los demócratas (Obama), sino que también se debe a las últimas administraciones republicanas (Bush).

Algunas de las causas más importantes del actual momento económico estadounidense son: 1) Los intentos por reactivar una economía que no termina de despegar. 2) El rescate realizado para sanear el sistema financiero debido a la famosa crisis de las hipotecas de hace unos años y las consecuencias que produjo. 3) La necesidad de seguir haciendo frente a una política exterior (que incluye activas presencias militares principalmente en Medio Oriente). 4) Los programas sociales impulsados y defendidos por los demócratas. Estas acciones han llevado a aumentar, en niveles importantes, el déficit existente.

La consecuencia internacional de las causas enunciadas ha sido una mayor debilidad del dólar en el mundo (el razonamiento financiero es: no quiero tener nada en dólares porque los EEUU andan mal), con la gran diferencia de que actualmente los inversores internacionales tampoco confían en el euro debido a los problemas que enfrenta Europa, anteriormente planteados.

Este marco económico internacional se manifiesta en la continua suba que se está produciendo en los commodities en general, y en el petróleo y el oro en particular -este último quebrando récords constantemente-.

Los inversores no confían en ninguna moneda de las denominadas fuertes, y por eso se refugian en este tipo de activos (alimentos, petróleo, metales, etc.). Adicionalmente, algunas monedas, como por ejemplo el real brasileño, también han sufrido fuertes compras por inversores internacionales.

Así y todo, la opinión general es que no se llegará a un default en Norteamérica, sino que se negociará y solucionará la situación. O bien, en el peor de los casos, se puede llegar a dar, con el paso del tiempo, una moratoria selectiva de ciertos títulos norteamericanos.

Si la opinión general de que no se llegará a un default es correcta y se ampliará el déficit permitido en EEUU, lo que sucederá es que el dólar se debilitará contra el resto de las monedas. Al emitir más deuda, EEUU implícitamente emite más dólares, lo que hace que su moneda pierda valor en el mercado (es decir devalúa). Un dólar más débil favorecerá en mayor medida a que Estados Unidos pueda finalmente empezar a reactivar su economía.

Un último comentario a realizar es que un dólar más débil en el mundo no necesariamente implica que en Argentina el dólar baje de precio. La proximidad de las elecciones y las fuertes presiones para que no se revalúe el peso argentino son motivo suficiente para que no baje. No obstante, al mantener la paridad peso-dólar, en cierto modo, la Argentina “importará” la devaluación norteamericana, lo que beneficiará a los sectores exportadores argentinos.

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