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Ladran Sancho, señal que cabalgamos

Lunes, 17 de septiembre de 2012 22:14
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Continuamos adentrándonos en ese mundo de frases y locuciones que utilizamos muchas veces en nuestra vida, a las que estamos acostumbrados y de las cuales conocemos su sentido y significado. Pero antes de abordar las de esta semana, aclaro que, respecto a “dormir la mona”, tratada anteriormente (y tomando, para ello, el sustantivo ‘mona’), existen otros usos, con distinta significación, para quienes emplean dicha palabra.
El DRAE trae, entre sus acepciones, las siguientes: la tercera se refiere a la “persona que hace las cosas por imitar a otra”. Así que, por esa característica de los simios que se esmeran por imitar a los humanos, se la atribuimos, con esa dicción, también a las personas.
Por otra parte, “andar como la mona”, el mismo diccionario la ubica como una locución adverbial usada en Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay para indicar, sobre un individuo, el mal resultado o estado de los negocios, la salud, cualquier actividad, encargo o diversas situaciones. Esta, probablemente, tenga estadísticamente un uso mayor entre la gente que “dormir la mona”.
Asimismo, “hecho una mona”, quizá no conocida en Argentina, es locución adjetiva coloquial cuyo sentido apunta a una persona que ha quedado burlada y avergonzada. En España, “mona de pascua” es un pastel que seguramente se consumirá para esas fechas. En Aragón, Murcia, se trata de un gusano de seda que no hila. En Colombia, una figurita coleccionable; en El Salvador, el órgano sexual masculino; en el Cono Sur, el dibujo de una mujer. En el Río de la Plata, decirle a una mujer que “es una monada” o que “es muy mona”, implica reconocer que es una persona encantadora.

“En España, “mona de pascua” es un pastel que seguramente se consumirá para esas fechas”.

Todo esto, según el “Diccionario de regionalismos de la lengua española” de Grosschmid y Echegoyen. Como contrapartida, el “Diccionario de uso del español” de María Moliner, en su acepción quinta, la aplica a una persona muy fea, a la vez que, en la cuarta acepción, se la otorga a un joven insignificante y afectado. “¿Qué tengo monos en la cara?”, es una pregunta retórica con la que alguien interroga a su interlocutor para hacerle saber su molestia porque lo está mirando fijamente. Y aquí, con toda seguridad, no acaba esta andanada. Tiene que haber, con seguridad, más de un sentido con que se aplica esta palabra.
Como pueden apreciar, estos animalitos, muchas veces simpáticos, nos dan motivos para aplicar metafórica o figurativamente su designación con sentidos distintos.

Ladran Sancho, señal (de) que cabalgamos

He colocado entre paréntesis la preposición “de” con el objeto de dilucidar que, en la actualidad, la manera correcta de usar esta frase es con ella y no dejándola de lado.
Cedo la palabra a Héctor Zimmerman para que nos ilustre sobre su sentido.
“Sabido es que muchos que acometen empresas originales, útiles y nobles, tropiezan con la crítica de quienes no les perdonan salir de la rutina y hacer obra. Los reparos y las burlas se dejan oír entonces como el ladrido de los perros cuando algo o alguien desconocido se les cruza por el camino. Ese es el sentido de la frase “Ladran, Sancho”, que tiene todo el estilo y la cadencia zumbona de las observaciones de don Quijote a su escudero.
Tanto que mucha gente muy leída -y hasta muy lectora del Quijote- está dispuesta a jurar que la frase pertenece a Miguel de Cervantes. Pero ella no aparece en ningún lugar de la obra. Esta observación, que no es nueva, la retomó hace poco el escritor Nicolás Cócaro (“La Nación”, 5 de febrero de 1994) en un artículo que lanza el guante al preguntar por el origen del dicho. La frase es tan sabia como ingeniosa. Digna de las mejores de Cervantes. Pero no fue escrita por éste. Enigma para eruditos y curiosos: ¿De dónde salió?”.

Estar OK

Hay muchas opiniones respecto de esta expresión propia del inglés, que ha ingresado, hace bastante tiempo, en nuestro idioma y, estimo, en la mayoría de ellos. Es un dicho tan cómodo y breve -no solo por la influencia innegable que ejerce esta lengua en las demás, sobre todo en los últimos tiempos (debido a su presión “imperialista”, por una parte, pero también por ser el lenguaje en el que se origina la mayoría de los adelantos tecnológicos que se propagan luego por el mundo)- que ha sido fácilmente adoptado, casi de una manera automática.
A pesar de su antigüedad en el uso de gran parte de los hablantes (el cual se ha generalizado últimamente, según una encuesta), se puede afirmar que ahora la gente ha incorporado esta expresión como si fuera propia del castellano. Sobre todo los más pequeños, y quizá aun los adolescentes, me parece que no la identifican como si fuera ajena a nuestra lengua.

Existen numerosas versiones acerca del origen de “okay” o, como también se escribe, “okey”. 

Veamos qué dice Zimmerman respecto a su origen y aparición: “Existen numerosas versiones acerca del origen de ‘okay’ o, como también se escribe, ‘okey’. La más corriente (que recoge la ‘Enciclopedia Británica’) se atribuye a Martin van Buren, octavo presidente de los Estados Unidos (1782-1862), llamado ‘el Mago’ por su sorprendente manejo de las propaganda en las campañas políticas. La costumbre de aludir con frecuencia a su pueblo natal Kinderhood (estado de Nueva York) le valió el apodo de “Old Kinderhood” que pronto sus partidarios resumieron como “OK”. Una sigla para expresar que con él en la presidencia todo tenía que andar muy bien. También se ha adjudicado el origen de OK a una deformación del alemán “alles korrect” (todo en orden). Y algunos sostienen que se debe al poderoso jefe indio Keokuk (1788-1848), tan amistoso y confiable que su apellido pronunciado primero “Okuk” y después “Okey”, se convirtió en expresión de seguridad para los blancos. Las diversas suposiciones sobre el origen de OK no empañan su significado ni su difusión universal. Con una sonrisa y el pulgar en alto, ningún par de letras condensa la idea de que las cosas marchan del mejor de los modos posibles”.
Estas presentadas por Zimmerman no son las únicas explicaciones sobre el origen y sentido de uno de los dichos más famosos, evidentemente por su uso universal. Pero eso es “harina de otro costal”, es decir (si hubiera interés en los lectores), que estaría dispuesto a escarbar en su historia otras motivaciones que podrían haber dado origen a esas dos letras tan prolíficas para un mensaje humano positivo.

 

 

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