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30 de Agosto,  Salta, Centro, Argentina
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Cocinar, alimentar y abrigar los corazones

El trabajo amoroso de las cocineras de la escuela de Potrero de Chañi.
Sabado, 30 de agosto de 2025 01:09
Roxana y Valentina cocinan en la escuela Ara General Belgrano de Potrero de Chañi. Foto: Carlos Figueroa
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Entre los cerros del Toro se cocinan historias. Basta tomar la ruta 51 y perforar el verde de Campo Quijano, para entrar en una quebrada que pareciera deshabitada, inhóspita, desolada. Sin embargo, esas alturas salteñas albergan a 25 comunidades y a 18 escuelas, muy aisladas unas de otras, y de difícil acceso además. El que las hizo visibles fue el fallecido Padre Chifri, a quién todos allí recuerdan con la gratitud que se tiene por quién los rescató de la indiferencia. Desde que Chifri puso sus pies en la Quebrada del Toro, de entre los cerros aparecieron talentosos artesanos, hábiles productores andinos, las escuelas y las familias se sintieron contenidas y acompañadas por este cura al que tras su muerte en 2011, llaman "el santo de la quebrada". Detrás de su huella imborrable marcha la Fundación Alfarcito que él mismo creó para beneficiar a los habitantes del Toro. Entre las actividades que les encomendó el sacerdote, está el visitar las escuelas y las comunidades asiduamente para conocer sus necesidades. Así llegaron hace unos días a la Escuela 4422 "A.R.A. General Belgrano", en Potrero de Chañi, donde ponían manos y corazón en la humeante cocina, Roxana y Valentina. Los chicos, que duermen en la escuela durante la semana por las enormes distancias y riesgos que los separan de sus casas, esperan con ansias el momento de comer. Porque la comida tiene el efecto de abrigar, de sostener, de ayudar a vivir. Un anchi con pelones, una mazamorra con leche y azúcar, unas empanadas o un plato de frangollo calentito, pueden cambiarle a cualquiera el ritmo y el humor. 

Carlos Figueroa, vocero de la Fundación Alfarcito, quiso reconocer en esta nota, la labor silenciosa y amable que hacen: "Todas las escuelas de la Quebrada del Toro tienen ángeles que se preocupan por los niños que aprenden en ellas. El personal docente deja sus casas y pasa la semana completa en la escuela, para contribuir en su educación, inculcando el aseo, el orden y el respeto a los demás. También están quienes se encargan de la limpieza, el orden de las instalaciones y la cocina. Cuando visitamos la Escuela A.R.A. General Belgrano, estaban cocinando Roxana y Valentina, en silencio y con el corazón. Prepararon unas deliciosas empanadas, tal vez las mejores que hayamos comido en la vida". Es que los platos de comida guardan el sabor invisible del amor y el encanto del entorno. Las papas andinas, las habas, el maiz capia, los quesos y los dulces de esas soledades son un oasis en el desierto para el corazón y la barriga. 

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