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"Todo el mundo tendría que ayudar a los pobres”

Teresa Herrán Ochoa, más conocida como “la hermana Catalina”. Dedicó su vida al cuidado de enfermos. 
Sabado, 23 de diciembre de 2017 20:03

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Es burgalesa. Nació en un pueblito de la provincia de Burgos, de Castilla la Vieja, al norte de España, que dejó de muy joven, cuando ingresó a la Congregación Hijas de María Santísima del Huerto. 
Teresa Herrán Ochoa, más conocida como la hermana “Catalina”, llegó a la Argentina en 1956 con apenas 19 años.
Hizo su postulado y primer año de noviciado en la casa generalicia de Roma. Luego siguió sus estudios en Córdoba, en la Casa Provincial, donde realizó los votos perpetuos a los 22 años. 
 

Los primeros pasos

Desde entonces su misión fue la de hermana hospitalaria. Primero en la enfermería de las hermanas ancianas en Córdoba, después trabajó en el hospital Del Milagro de Salta, en Orán, Tucumán, Santa Fe, Jujuy, y desde 1977, retornó a la ciudad y al hospital San Bernardo.
Su apostolado silencioso por seis décadas fue llevar alivio espiritual a los enfermos, dándoles la comunión o una palabra de aliento. 

“A los enfermos, como decía la Madre Teresa de Calcuta, les aumenta la fe. Cuando uno está con ellos, los ve sufrir, pero tienen ese gran amor a Dios, entonces, uno siente realmente que recibe de ellos. Un señor que vino acá a verme lo habían operado grave del corazón y él pedía que vaya a verlo. No se podía entrar por la gravedad y cuando lo vi me dije: ¿cómo este hombre de la forma que está no reniega de Dios? Ahí se ve la fe, la fortaleza”, expresó la hermana Catalina, que tiene 82 años.
 

Vocación de servicio


En el hospital San Bernardo de la capital salteña, la religiosa además colaboraba con la celebración de la misa y el mantenimiento de la capilla.
 En el Colegio del Huerto tenía sus plantas y hacía manualidades para vender, con el dinero compraba remedios o lo que necesitaran los enfermos.
Cuando la salud ya no le permitió a la hermana Catalina ir a diario al hospital, pasó a estar encargada de la capilla del colegio, que siempre mantenía impecable. 
Al igual que su huerta, de la que compartía la cosecha de limones, tomates y pimientos.
Añora su tierra natal a la que no volvió por decisión propia. Fue de visita tres veces, pero dice que “cuesta acostumbrarse de nuevo”, por lo que es salteña de corazón. 
 

Otro mundo


Para Catalina, los tiempos han cambiado bastante debido a la tecnología, antes la Iglesia estaba más cerrada y ahora va progresando a la par del mundo. “La Iglesia no se separa del mundo”, remarcó.
Sobre el papa Francisco dijo con admiración que “todo lo que dice es para los pobres, que en realidad son los que más sufren.
 Todo el mundo tendría que estar ayudando al pobre y al enfermo”, y agregó que “ahora todo es un comercio, no cuidan a los enfermos, no cuidan que los remedios lleguen al que no tiene”.
Una de las preocupaciones de la hermana Catalina es la falta de vocaciones. “Las vocaciones han disminuido mucho a raíz de que los hogares no son los de antes”, expresó.
 

El regreso


Después de casi 40 años cuidando a los enfermos del San Bernardo, un médico le dijo: “Ahora la enferma eres vos, así que te vas a la casa”. Ella asiente y dice que con la edad que tiene ya no da más.
El miércoles pasado, Catalina celebró sus bodas de diamante como religiosa y su despedida de la comunidad de Salta.
 Se va a descansar a la casa que las hermanas tienen en Córdoba para todas las ancianas.

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