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El anuncio de Donald Trump sobre la implementación de represalias arancelarias a aquellos países que abastezcan a Cuba del petróleo que le fuera privado por el drástico giro registrado en Venezuela, agravado por la amenaza de un bloqueo naval, anticipa una tormenta de gigantescas dimensiones, que llevó a las embajadas de muchos países a organizar el retiro del personal diplomático.
Esas prevenciones no son para nada infundadas: en un preciso juego de palabras, el Secretario de Estado Marco Rubio, hijo de un matrimonio de inmigrantes cubanos, declaró ante una comisión del Senado que, a imagen y semejanza de lo que lo que ocurre en Venezuela, Washington impulsa no un "cambio de régimen" pero sí un "cambio en el régimen" en la isla del Caribe, sin precisar las características de ese viraje.
Después de la caída de Nicolás Maduro todo indica que el socialismo cubano está en vísperas de extinción, como producto de una "muerte por asfixia". La crisis en el abastecimiento de combustibles es el detonante de un colapso económico que está llamado a tener vastas consecuencias sociales y políticas. Como sucedía con Venezuela antes de la intervención estadounidense, la incógnita no es si el régimen podrá o no sobrevivir sino cómo será la transición posterior a su caída.
La Revolución Cubana, que en enero cumplió 67 años, se acerca en su tiempo de duración a su modelo originario, la Unión Soviética, cuyos 74 años de historia transcurrieron entre su nacimiento en noviembre de 1917 y su disolución en diciembre de 1991. Si se repara en el hecho de que Cuba como país independiente surgido de la guerra entre España y Estados Unidos nació en 1902 y tiene una antigüedad de 124 años, cabe resaltar que más de la mitad de su historia nacional estuvo signada por este régimen agonizante.
Desde el ascenso de Fidel Castro en 1959 hasta hoy, Cuba construyó el primer estado socialista del hemisferio, pero en ese mismo período promovió también, aunque involuntariamente, la formación de una de las burguesías más poderosas de América Latina, originada en la comunidad exiliada en Miami.
Desde aproximadamente una década, Cuba sufre una parálisis económica que golpea fuertemente el nivel de vida de una población privada de servicios y consumos elementales. En 2023, por primera vez en la historia, el gobierno solicitó ayuda al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas ante la imposibilidad de seguir distribuyendo leche en polvo subvencionada a los niños menores de siete años en las tarjetas de racionamiento que garantizan la supervivencia de la inmensa mayoría de las familias.
El turismo internacional, rubro que sustituyó a la exportación de azúcar como la principal fuente de divisas de la isla, experimenta una paulatina reducción, incentivada a partir de 2020 por el estallido de la pandemia. Significativamente, la segunda fuente de provisión divisas son las remesas de dólares enviadas por la comunidad exiliada en Estados Unidos.
Los analistas comparan la presente situación con el llamado "Período Especial", denominación de la etapa que sucedió a la desaparición de la Unión Soviética en 1991, cuyas consecuencias también afectaron el abastecimiento de combustibles y precipitaron una brutal recesión económica, que empezó a revertirse precisamente a fines de la década del 90 con el ascenso al poder de Hugo Cháves y el auxilio venezolano.
Pero en aquellas difíciles circunstancias, el liderazgo de Fidel Castro y la mística revolucionaria tornaron más tolerable las penurias de la población. Hoy, muerto Fidel en 2016 y retirado a cuarteles de invierno su hermano Raúl, de 94 años, nada queda de esas utopías. Predomina, en cambio, un pesimismo generalizado, patentizado en un impresionante aumento de la emigración, antes reprimida y ahora extraoficialmente alentada.
La burocracia gubernamental, encabezada por el presidente Miguel Díaz Canel y sostenida por el Ejército, cuyos altos mandos están cada vez más a cargo de las empresas estatales, está muy lejos de despertar expectativas de recuperación. Con una moderada autocrítica a los "errores del pasado", cuya naturaleza política no identifica, ensayó una tímida liberalización económica y utiliza la gastada retórica antimperialista para adjudicar al cerco estadounidense la responsabilidad de todos los males.
¿La diáspora al poder?
Más allá de la férrea censura oficial y de la implacable represión a toda manifestación de la disconformidad colectiva, la mayoría de los cubanos sabe que Trump avanza en sus planes de desestabilización y las jerarquías gubernamentales intuyen que, como sucedió en Venezuela meses antes del derrocamiento de Maduro, Washington está tanteando discretamente a distintas personalidades del régimen en búsqueda de un equivalente cubano de Delcy Rodríguez para hacerse cargo de una etapa de transición. El propio Trump reveló la existencia de conversaciones reservada con altos jerarcas cubanos.
Existe empero una diferencia fundamental entre Venezuela y Cuba. En Venezuela la oposición política tiene un liderazgo nítido, encarnado por María Corina Machado, que carece de un entramado de poder suficiente para sostenerla en el gobierno. En Cuba ocurre algo distinto: la oposición interna está totalmente desarticulada pero la comunidad en el exilio, con epicentro en Miami, tiene un enorme poder económico y ejerce también una notoria influencia en las esferas de decisión de Estados Unidos.
En sucesivas oleadas, la inmigración cubana tuvo un formidable impacto en la fisonomía de Miami, hasta transformarla en una "ciudad bicultural", donde las tradiciones y costumbres cubanas y estadounidenses aparecen entrelazadas. La presencia del exilio cubano, vehiculizada a través de las miles de empresas que crearon en pocos años, contribuyó decisivamente al desarrollo urbano y la prosperidad económica, hasta el punto de que pueda afirmarse que existe una Miami antes y después de Fidel Castro.
Una manifestación característica de este protagonismo cobró notoriedad internacional cuando el Inter de Miami, propiedad de Jorge Mas Santos, una personalidad relevante de la comunidad cubana, contrató a Lionel Messi y transformó al club en una referencia futbolística en vísperas del campeonato mundial de 2026 que tendrá lugar en América del Norte con la ciudad como una de sus subsedes.
Mas Santos, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), heredó una fortuna y una tradición emblemáticas del exilio cubano. Su padre, Jorge Mas Canosa, fue uno de los pioneros que llegó a Miami a los 20 años en 1959 y trabajó como lavaplatos, repartidor de leche, estibador portuario y vendedor de zapatos, mientras colaboraba con los preparativos del frustrado desembarco anticastrista en Bahía de los Cochinos de abril de 1961.
A partir de entonces, el joven Mas Canosa se convirtió en un notorio líder anti-castrista y en uno de los blancos principales de las diatribas del gobierno de La Habana. Al mismo tiempo, inició una meteórica carrera empresaria, mientras recibía entrenamiento militar, graduándose en un curso de oficiales estadounidenses en Georgia. A principios de la década del 80 fundó la FNCA, que dirigió hasta su muerte en 1997, y estableció una relación personal con Ronald Reagan, cuyo apoyo le permitió crear Radio Martí, una radioemisora que trasmite "noticias no controladas" sobre Cuba.
Con el arribo de las sucesivas oleadas migratorias, la oposición cubana tuvo diferentes manifestaciones, pero la historia de Mas Canosa le granjeó la condición de "padre fundador". Su legado político, continuado por su hijo, todavía gravita en una ciudad cuya relevancia en términos de poder creció exponencialmente desde que Trump, instalado en su residencia de Mar a Lago, la eligió como "su lugar en el mundo".
Nadie está hoy en condiciones de predecir el curso inmediato de los acontecimientos, pero conviene prestar atención a la declaración de José Daniel Ferrer, otro de los más conspicuos líderes de la oposición refugiada en Miami, quien propuso "una acción internacional quirúrgica liderada por EEUU", a la que definió como una "operación precisa orientada a desmontar la cúpula represiva y facilitar un proceso de transición".
No cabe duda de que esta etapa que empieza a visualizarse contará con el activo protagonismo de esa "Cuba del Norte" situada a cien millas de su costa, cuyas empresas están en condiciones de impulsar una "lluvia de inversiones" más que suficientes para dejar atrás a las actuales penurias y promover un rápido despegue económico.