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El viernes a la noche, el Paseo Güemes volvió a transformarse en un gran escenario urbano a cielo abierto. La Municipalidad de Salta, a través del Ente de Turismo, llevó adelante una nueva edición de Sunset Güemes y, una vez más, las veredas, bares y calles del corredor se llenaron de vecinos y turistas que llegaron para disfrutar de una propuesta que combinó música, gastronomía y el encanto particular del atardecer que se funde lentamente con la noche salteña.
Desde temprano, cuando el sol empezaba a esconderse detrás de los cerros y el calor aflojaba apenas, los primeros acordes de los DJs en vivo comenzaron a marcar el pulso de la jornada. Caminando por el paseo se podía percibir cómo cada cuadra tenía su propio clima: en un punto sonaban sets más tranquilos, ideales para acompañar una charla larga; unos metros más allá, bases más movidas invitaban a quedarse de pie, copa en mano, siguiendo el ritmo. La música funcionaba como una banda sonora constante para recorrer el corredor y dejarse llevar.
Con el correr de las horas, el movimiento fue en aumento. Se veían parejas jóvenes, grupos de amigos y turistas que miraban todo con curiosidad, sacaban fotos y se sumaban al circuito. Las mesas al aire libre se completaron rápido y muchos optaron por quedarse parados, apoyados en las barandas o en las esquinas, disfrutando del ambiente. Los locales gastronómicos desplegaron sus propuestas, hubo degustaciones, promociones especiales y platos para compartir, y el aroma de la cocina se mezclaba con la música y el murmullo de la gente.
Acciones
En medio de ese clima, personal del Ente de Turismo recorría el paseo entregando merchandising de la ciudad, abanicos para combatir el calor, calcos y códigos QR con información turística. Más de uno se detenía a preguntar, a escanear el código con el celular y a llevarse algún recuerdo, integrando así la experiencia recreativa con la promoción de Salta como destino.
Ya entrada la medianoche, con las luces del Paseo Güemes encendidas y el cielo completamente oscuro, Sunset Güemes terminó de consolidar una postal que se repite y se afianza: la de un espacio público vivo, ocupado, disfrutado. Una noche en la que música, sabores y encuentro se combinaron para ofrecer algo más que un simple evento, y que volvió a confirmar al corredor como uno de los puntos de reunión más convocantes del verano salteño, donde la ciudad se muestra, se escucha y se vive de otra manera.