PUBLICIDAD

¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
18°
25 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
PUBLICIDAD

El alud de barro y piedras que sepultó al pueblo de Escoipe

Según un anciano del lugar, otro alud pero de menor magnitud, había ocurrido en 1935.
Sabado, 24 de enero de 2026 23:34
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

El 22 de enero pasado, hizo cincuenta años que un alud de barro y piedras, desprendido de uno de los cerros de la Cuesta del Obispo, sepultó al pueblito de San Fernando de Escoipe, a 58 kilómetros de la ciudad de Salta. No causó víctimas fatales, pues muchos lograron salvar el pellejo porque a tiempo y a lo lejos escucharon aquella tarde los "bramidos del volcán". Otros, porque fueron alertados oportunamente por unos vecinos que cuesta abajo pasaron en su vehículo gritando: "¡a los cerros, a los cerros, se viene el volcán!". Y así fue que en un santiamén, cincuenta familias modestas, compuestas por unas 250 personas entre chicos y grandes, quedaron a más de 1.800 metros sobre el nivel del mar, sin nada de nada: sin viviendas, sin alimentos, sin agua y sin qué ponerse encima, con temperaturas bajas aun en verano.

Las autoridades de la provincia se enteraron del desastre al atardecer, cuando desde el Campamento de Vialidad N.º 10 de Malpaso comunicaron la terrible novedad por la Red Radioeléctrica del organismo y más tarde fue amplificada por el Ministerio de Bienestar Social (MBS) y la Policía de la provincia.

Los primeros auxilios llegaron casi a medianoche por vía automovilística hasta el Campamento Malpaso y desde allí la brigada continuó a pie los 11 kilómetros que le quedaban para alcanzar el espacio donde horas antes se ubicaba el pueblo de Escoipe, sitio donde el barro que bloqueaba el camino superaba los 5 metros de altura.

El informe de Vialidad provincial dijo que las intensas lluvias registradas desde fines de diciembre en toda la provincia habían afectado sensiblemente la red caminera, causando numerosos cortes en varias rutas, mientras que otras se encontraban en estado precario de transitabilidad. Según el organismo, aquel día (22/1) la RP 33 (El Carril-Payogasta) había sufrido seis cortes en el tramo de la Cuesta del Obispo "por derrumbes, erosiones y crecientes de ríos y arroyos. Los cortes sucedieron luego de una tormenta ocurrida al mediodía". Casualmente, aquella mañana transité ese tramo rumbo a Cachi sin inconveniente. Y lo mismo, pero a la inversa, hizo Federico Rogelio "Chorizo" Austerlitz, con quien nos encontramos en la recta de Tin Tin. Él procedía de Cachi e iba a Salta, a donde llegó al mediodía sin sospechar que en el camino que acababa de recorrer estaba incubándose una verdadera calamidad.

Auxilios

Como decíamos, los primeros auxilios llegaron a Escoipe poco después de la medianoche del día del alud. Con esa brigada llegaron también los enviados especiales de El Tribuno, a bordo de un camión que, topadora mediante, se abrieron paso para arribar con la primera ayuda del gobierno provincial. Con el paso de las horas y de los días llegó más ayuda del MBS de la provincia y de la Nación, del Ejército Argentino, Defensa Civil, Policía provincial, entidades sindicales y empresarias, y particulares. También arribó personal de sanidad para vacunar preventivamente a los pobladores, utilizándose en ese operativo los modernos UNIMOG y dos helicópteros, uno de la Nación y otro de Tucumán.

Malos caminos

Por su parte, el personal de Vialidad provincial no se daba abasto para atender los numerosos cortes ocurridos en todo el territorio salteño. Las máquinas afectadas al despeje del tramo Malpaso–San Fernando de Escoipe solo podían hacer su trabajo a razón de medio kilómetro por día, y lo que en principio se creyó despejar en 20 días el camino hasta la Hostería El Maray llevó, en realidad, casi dos meses, debiéndose luego construir en esa sección una nueva traza de altura, recién habilitada en 1978.

Y mientras hombres y máquinas trabajaban "en el bajo" para rehabilitar el tramo totalmente destruido por el alud, los pobladores de La Poma, Payogasta, Cachi, Seclantás y Molinos quedaron absolutamente aislados por unos días. Luego, para viajar a Salta se debió utilizar, por unos meses, la vía Cafayate (RN 40), si las crecientes del río Calchaquí lo permitían, pues las precipitaciones continuaron por varios días.

Testimonios

Don Hugo Abraham, propietario de una finca y de un inmueble parcialmente destruido en Escoipe, contó a El Tribuno que cuando junto a su hermano Mario se encontraban trabajando en "El Rodeo", a unos 5 km de San Fernando, comenzó a escuchar como truenos para el lado del valle. Después creyó que esos estampidos eran tiros, hasta que el cerro comenzó a temblar. Fue entonces que su hermano le dijo: "vamos, que debe ser un volcán". Entonces subieron al "Jeep" y comenzaron a bajar mientras gritaban a todos los que permanecían en sus casas que se refugiaran en los cerros. "La ola –contó Hugo– venía casi pegada a nosotros y yo aceleraba lo más que podía sin parar de gritar, mientras mi hermano lo único que pedía era que salven a los chicos".

Por su parte, Demetrio Tolaba (75), dueño de un bar del lugar, contó: "Me ha dejado con lo puesto (el volcán); todo lo demás se lo llevó el barro. No tengo nada y ni las chapas he podido encontrar. En el 35 (año 1935) pasó algo parecido, pero ni la mitad de lo de ahora. Esta vez ha desaparecido Escoipe".

María Trinidad de Choque vivía en la banda del río y tenía ocho hijos. "Nosotros vimos el 'Jeep' de don Hugo que venía muy rápido y él gritaba como loco que escapemos porque nos iba a agarrar el volcán. Corrimos con los chicos hasta el cerro y desde ahí vimos que el barro, que era de la altura de los árboles, se nos llevaba la casa hasta que no la vimos más".

Rubén Ocampo, delegado de la Estafeta Postal de Correos y Telecomunicaciones de la Nación, contó: "Allá donde están esos sauces –señaló la playa de barro que alcanzaba la copa de los árboles– estaba la estafeta. Ahí tenía una cama y unos pocos enseres. No me quedó nada. Lo que me preocupa es qué van a hacer conmigo en Salta. Me tendré que ir a trabajar a otro lado…".

Por su parte, Ricardo Lávaque (63), un comerciante enfermo del corazón, contó que, viajando a Cachi con su hijo y su cuñado, lo sorprendió el volcán en la Hostería El Maray y, al refugiarse allí, salvaron sus vidas hasta que un helicóptero los rescató y llevó a Salta. En el murallón del cerro, frente a la hostería, el alud dejó huellas de haber alcanzado los 9 metros de altura en ese angosto del río Escoipe.

Primeros damnificados

A cuatro días del desastre, más precisamente el lunes 26 de enero, la Comisaría de Chicoana dio a conocer, a través de El Tribuno, la lista de damnificados registrados hasta ese momento: Domingo Alonso, Darío y Hugo Abraham, Manuel Luciano Cólque, Domingo Tolaba, Silvano Cólque, Fidencio Herrera, Elvira Rueda, Ignacio Tolaba, Rubén Ocampo, Cefrino Ontiveros, Hermenegildo Justo Rojas, Irene Tolaba de Puca, Melitona Tolaba de Jaime, Narciso Tomar y Juan Alberto Tolaba. Por su parte, el MBS de la provincia estimó que las pérdidas ascendían a cifras varias veces millonarias.

Se fueron o quedaron 

Luego del desastre de 1976, muchos pobladores de Escoipe emigraron, atemorizados quizá por lo que habían vivido. Otros optaron por quedarse y reconstruir con mucha fe y esfuerzo lo que la naturaleza les había quitado. El viejo y bello templo que el alud no pudo destruir pero que inutilizó, fue demolido y en su lugar se erigió otro que si no fuese por los campanarios podría pasar por edificio escolar.   

 

Temas de la nota

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Temas de la nota

PUBLICIDAD