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"La presencia franciscana ha sido y es fundamental para el norte salteño"

Entrevista al fray Rubén Sica, guardián y director del santuario Virgen de la Peña.
Lunes, 01 de abril de 2024 18:38
Gentileza: FM Alba

En 2024 Tartagal celebra los 100 años de su fundación institucional, establecida por ley provincial el 13 de junio de 1924, y diversas actividades culturales, religiosas, deportivas y sociales se organizan para el mes de Tartagal. Rubén Sica, un franciscano que hace 25 años llegó al norte para dirigir el santuario Virgen de la Peña y que pertenece a Tartagal, relató anécdotas de aquellos religiosos que lo antecedieron en varias décadas en esta vasta e inshóspita región del Chaco salteño. Sica también se refirió a las misas de sanación que cada inicio de mes se celebran en el santuario mariano más importante del norte, ubicado al pie de los cerros y -por primera vez de forma pública- habló de los exorcismos que, se sabe, realiza desde hace tiempo.

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En 2024 Tartagal celebra los 100 años de su fundación institucional, establecida por ley provincial el 13 de junio de 1924, y diversas actividades culturales, religiosas, deportivas y sociales se organizan para el mes de Tartagal. Rubén Sica, un franciscano que hace 25 años llegó al norte para dirigir el santuario Virgen de la Peña y que pertenece a Tartagal, relató anécdotas de aquellos religiosos que lo antecedieron en varias décadas en esta vasta e inshóspita región del Chaco salteño. Sica también se refirió a las misas de sanación que cada inicio de mes se celebran en el santuario mariano más importante del norte, ubicado al pie de los cerros y -por primera vez de forma pública- habló de los exorcismos que, se sabe, realiza desde hace tiempo.

Tartagal celebrará 100 años, pero es mucho más antigua como asentamiento poblacional...

Hay referencias históricas que datan de 1850, donde se registran por ejemplo las primeras apariciones de la Virgen de la Peña    que están en archivos en Tarija, donde estaba el Convento de Propaganda Fides (propagación de la fe), y es por eso que los franciscanos venían evangelizando hacia el sur, es decir ingresaban por Salta y también por Jujuy.

Esta zona, departamento San Martín, estaba atravesada por el camino de mulas y los franciscanos relataban que cuando ellos transitaban este trayecto los originarios los vigilaban desde la copa de los árboles. Los frailes iban y volvían con los comerciantes que desandaban estos caminos al pie de los cerros, por una cuestión de seguridad porque el norte era un monte cerrado.

La devoción a la Virgen de la Peña fue acompañando cada momento de la vida de los tartagalenses y de los norteños, porque sus primeras apariciones se remontan alrededor de 125 años, por eso es tan importante en el sentir del pueblo.

¿Qué se conoce de la acción de los franciscanos en el norte?

Sabemos que tan difícil era la región que algunos se perdían en el monte, como sucedió como fray Domingo Torres, quien solía ir a la fiesta de Santiago Apóstol en el paraje Acambuco, y como el cura no llegaba, lo que era muy raro, los vecinos salieron a buscarlo. Fray Domingo solía llegar a caballo, porque tampoco había un camino abierto hacia el valle y en el trayecto en medio de los cerros se extravió.

Los baqueanos lo encontraron tres días después deshidratado y en muy malas condiciones, y lo rescataron. Otro franciscano se extravió pero en la zona de Embarcación, hacia el este, en lo que hoy sería Misión Chaqueña, y también fue rescatado por los pobladores de aquel entonces.

Y tenemos el caso de Roque Chielli, que le hacía honor al espíritu franciscano porque amaba a los originarios, vivía con todos ellos en la zona de Pichanal, y creo que hablaba mejor los dialectos que la propia lengua española. Fueron los frailes los que le dieron la denominación de serranías de San Antonio a todo ese cordón montañoso del oeste que forma parte de las yungas. Y quien aprobó la advocación a la virgen fue el obispo monseñor Tavella, en tanto Raimundo Montfelli ordenó construir la primera gruta en honor a María de la Peña.

Los pobladores entrados en años recuerdan mucho a Domingo Migliore...

Fray Domingo Migliore gestionó para que una empresa abriera el camino hacia la Peña Santa (el cerro al que los devotos ascienden y donde se producían las apariciones), y se hicieron mejoras en la ladera de los cerros. Tenía mucho cariño y respeto por todos los pobladores de aquel entonces y a pocos metros de la capillita había un pequeño saloncito que fray Migliore lo destinó como taller de costura para las mujeres del lugar, porque quería que todas aprendieran el oficio.

Con el tiempo dispuso que se abriera lo que hoy sería un jardin maternal, seguramente para que estuvieran mientras sus madres aprendían a coser. Los niñitos lo conocían como el hogar, por eso es que hoy los adultos mayores a nuestra casa fraciscana donde residimos los religiosos le siguen diciendo el hogar.

¿Porqué comenzó con las misas de sanación que se hacen en el paraje el primer viernes de cada mes?

Cuando yo llegué lo primero que me llamó la atención fue la inmensa cantidad de exvotos (proveniente de un voto, en latín) que son esas chapitas que se hacen de plata o de cualquier otro metal que la gente dejaba por años en el santuario y que son testimonios de curaciones o de un milagro. Nosotros los pusimos en algunos cuadros pero tenemos miles de exvotos guardados, pero no podemos llenar el templo de cuadros. Cuando se proyectó el nuevo templo pedí que se eliminaran las escaleras para que los enfermos pudieran llegar a la imagen de la virgen con toda facilidad como sucede actualmente, porque pensaba en esos enfermos que con tanto esfuerzo debieron llegar a ella para pedirle o agradecerle por su salud.

Pero quiero explicar lo que es una misa de sanación, porque hay un cierto mito en torno a esto. Es una misa sencilla como cualquier otra y, de hecho, cualquier misa es sanadora; a nosotros solo nos asiste el poder que nos da el sacerdocio, de imponer las manos y curar como Jesús nos enseñó, porque tenemos ese mandato divino. Jesús le decía a la gente: "Tu fe te ha salvado", lo que implica que soy solo un mediador, porque la curación viene de Dios. Los milagros que se viven en cada misa son algunos muy grandes, pero no existe el cura sanador ni acá ni en ningun lado.

Pero usted también hace exorcismos, padre Rubén...

Mis superiores en algún momento quisieron declararme exorcista en la diócesis, pero les dije que no, porque como decimos popularmente, no me da el cuero para tanto. Pero sí, es real que lo practico. Por supuesto que se requiere de una fortaleza espiritual y psicológica muy fuerte para vencer el miedo y la sugestión, como lo llamamos a ese temor que hasta puede resultar infundado.

Muchos sacerdotes tienen temor que al hacer exorcismos el demonio se meta, tome represalias con tus seres queridos. Para esto se requiere mucha preparación, mucha lectura, indagación y me hubiese gustado tener la posibilidad de hacer esas formaciones que se dictan sobre todo en Roma, pero no tuve la oportunidad hasta el momento. Tengo contacto con muchos exorcistas que tienen una larga experiencia, pero yo siempre le digo a mi gente que el mejor exorcismo es la confesión sincera, auténtica y la absolución del pecado, porque es una forma de liberarnos del mal. En definitiva, eso es el exorcismo, la liberación del mal, no es otra cosa.

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