Claudia Vilte es una cantora salteña. Así, sin más, cantora y salteña. Nació con el arte de la música en sus venas y la sensibilidad de los compositores para plasmar en letras sus sentires. Asegura que no le interesa la fama ni la locura de la competencia sino que su canto es espiritual y sincero.

Siempre se la relaciona con el canto y la guitarra, pero es también docente de Ciencias de la Educación, egresada de la Universidad Nacional de Salta. Grabó varios discos, trabaja en el armado de otros, canta, escribió dos libros, y nadie debería sorprenderse si en enero la televisión la muestra en Cosquín (ya anduvo por esos escenarios en el invierno).

Por esto y por muchas cosas más, hoy Dice lo suyo, Claudia Vilte.

¿Cuándo y cómo nace tu vínculo con la música?

Mi relación con el folclore nace a los 8 años. A esa edad yo me dí cuenta de que me encantaba la música . Yo tenía una familia de músicos, mis tíos todos tocaban la guitarra, cantaban en los asados y yo era la única nenita de la familia que deseaba cantar y cantaba... mal o bien pero cantaba.

¿Te acordás qué cantabas?

Sí! Fue “Pato sirirí”, una canción litoraleña que no sé de dónde apareció en mí pero recuerdo que me gustaba mucho y la cantaba. Entonces, decidí aprender a tocar la guitarra. Andaba con la guitarra detrás de mis tíos. Recuerdo que andaba detrás de ellos diciéndoles “notita, notita”.. les pedía que me enseñaran notas para tocar. Me enseñaban el acorde La Menor, aprendía rápido y volvía a perseguirlos para que me enseñaran otra notita. Todo el tiempo andaba entre los grandes por el tema de la música, los cansaba, me corrían, me decían “salí, salí, ya estás hinchando mucho”. Pero yo insistía, testaruda, con mi pedido de “notita, notita”, y así aprendí, de una más una nota hasta que me animé a tocar zambas, chacareras, gatos.

¿A qué edad tocaste por primera vez en público?

A los 9 años toqué por primera vez, en un festival en el ex Ministerio de Bienestar Social, acompañada por un guitarrista... Era una fiesta de la Rama Femenina del Peronismo. Canté “Pato sirirí”, esa que cantaba en casa, pero después me pidieron otra y yo no sabía más!!!. A los 10 tocaba la guitarra y me acompañaba. A los 11 hice un dúo con Sergio, uno de mis tíos, y tocábamos en peñas. A los 13 o 14 me independicé y fui solista, así empecé a recorrer todas las peñas de Salta. La “San Francisco”, de los Delgado; en la “Gauchos de Gemes” que entonces era la más importante; en otra que se llamaba “La peña”, frente a la plaza 9 de Julio. Ya me ganaba la vida cantando. Todo el mundo me decía que yo era parida en guitarra porque era lo único que me gustaba hacer... tocar guitarra y charango.

También componés

Empecé a componer a los 15. Y tengo un poemario escrito entre los 15 y los 18 que ahora voy a ponerle música para hacer un disco que se llamará “Canciones de amor”. Por esos tiempos cantaba en los festivales de los estudiantes, gané varios premios, primero por interpretaciones en el género melódico, luego folclórico y un par de veces canté canciones mías y gané dos premios en un festival de la canción inédita. Me di cuenta que me gustaba componer, me gustaba cantar mis cosas, hacer mis arreglos. Canté mucho en festivales, un buen tiempo trabajé con la Municipalidad de Salta y salí mucho al interior, actué en Jujuy... inclusive hice un trabajo con el “Cuchi” Leguizamón llamado “Canto a Cachi”.

¿Cuándo fue el primer disco?

A los 18 años, con el guitarrista Quique Sinesi que tocaba con Dino Saluzzi y ahora suele acompañar a Juan Falú y también es solista. Con Quique hicimos una producción independiente llamada “Agita clara”. Era un caset, el primer trabajo que grabé en Buenos Aires, donde había ocho temas míos; ahora es CD. Después vino el disco “Yo soy de aquí” en el estudio C 2000 de David González, quien ahora está en Suecia, y Lito Nieva me dirigió en esa ocasión. En ese trabajo hay muchos músicos de “alta gama” como González, Daniel Ríos, Aguja Salinas, el Chango Agero en vientos; Rubén Chamé hizo batería y bandoneón; César Gamarra en saxo y traversa y Juan Rueda (ex Amaneceres). Ahí hay 9 temas míos y algunos arreglos míos y tuve la suerte de que el sello nacional Epsa Music lo reeditara hace un año y lo presentamos en Buenos Aires, en la Casa de Tucumán, donde también organizamos con colegas y estudiantes un debate sobre música. Les gustó mucho el mensaje testimonial, cosa que me agradó mucho porque yo valoro mucho el mensaje testimonial de las canciones. Fue importante porque fue la primera vez que estuve en un evento de esa naturaleza y porque yo creo que el cantor es un trovador que tiene que representar al pueblo, a la cultura del pueblo. En esa ocasión también estuve en la Feria de Matadero, con mucho éxito. Presentar el disco a nivel nacional me trajo muchas satisfacciones por la repercusión en los medios nacionales y actuaciones.

¿Cuál es el tipo de música que más te gusta interpretar?

Toda. Yo tengo mucho de música testimonial, pero no es lo único que hago ni lo único que me gusta. Yo conozco y canto todo el folclore nacional, la música popular argentina, incluido el tango por supuesto... Yo grabé “Naranjo en flor” y en un trabajo nuevo tengo el tango “Nada”. También hice una recopilación de temas conocidos, con solo dos temas míos llamado “Folclore de raíz”, que son clásicos. En próximos días saldrá el último trabajo llamado “Comparseras”, donde recopilo toda la música y las letras que hice para las comparsas de la quebrada, Los Chanca Chanca, los Pulla Pulla y la Flor del Durazno, entre otras. El 80% son creaciones mías, entre otras “El villerito”, un tema que compuse luego de un viaje. En un semáforo, un pibe se acerca a mi auto y me pidió moneditas. Lo miré y me di cuenta de que estaba drogado. Este tema fue grabado hace pocas horas en video por Mauricio Montaldi, director de cine, en un disco nacional que integré representando al norte. Este tema pegó muy bien hasta en los grupos de rock. Tiene ritmo de candombe y va a estar incluido en el disco “Comparsera”, donde también grabé “Acuarela del río”, una canción que popularizó Ramona Galarza.

 Una estrofa de “El villerito” dice: “Yo soy el que en las esquinas espera con ansiedad/ aunque sea tu sonrisa pa' tener con qué soñar/ una moneda chiquita, una grande me da igual/yo prefiero tu sonrisa para aumentar mi jornal”.

Terminados estos trabajos descansarás en el verano

Para nada... Como a “Comparseras” lo considero terminado, ya tengo grabado tres temas con la temática de los desaparecidos, “La memoria”, cuyo tema principal es “El fusilado” que escribí en homenaje a Martín Cobos, un amigo y compañero del secundario que fusilaron los militares. El 80 por ciento son temas míos y ahí también se van a encontrar con temas de Víctor Heredia y León Gieco. Este pienso que estará en seis meses.

¿Cómo es la historia de Martín?

Buscaban a Enrique Cobos, su hermano, que tendría 22 años. Era un chico del barrio que participaba de actividades culturales como todos nosotros, chicos con inquietudes, con ganas de hacer cosas; lo buscaban como buscaban a todos los que pensaban.. Entonces, una noche, un grupo armado entró a la casa a buscar a Enrique y como no estaba revolvieron todo, rompieron y golpearon a la familia; Martincito se asustó y saltó de la terraza para la casa de al lado y en el aire nomás lo balearon, le metieron 30 balazos.

¿Cómo te resulta este trabajo de cantar y andar por los escenarios siendo mujer?

Para las mujeres todo sigue siendo difícil.

Se ve la primacía de los hombres en festivales y espectáculos. Acaba de cumplirse un aniversario de la muerte de Alfonsina Storni, una luchadora incansable por el espacio de su poesía. Mirá desde cuándo venimos en esta lucha desigual.

Acá en el norte, sobre todo en Salta todavía se le cierran muchas puertas a las mujeres de la cultura. Todo cuesta más, es doble esfuerzo. Muchas veces no importa si sos o no talentosa, prima que sos mujer. Por eso yo soy bastante independiente. Para mí la música es como la ropa que llevo puesta, es escribir, grabar, quizás trascender con mis canciones porque algún artista cante mis temas. A mí no me convocan para festivales, siempre son los mismos, pero siento que eso no me opaca, yo tengo mi propia luz. Por eso, las veces que me moví hice cosas, si no hice más es porque no hice tanto esfuerzo. Es que hay que entender que la violencia de género no solamente es la mujer golpeada. Cuando se nos siguen cerrando puertas también estamos ante violencia de género. Pensemos en Alfonsina, en Lola Mora, en Violeta Parra. Miremos alrededor nuestro ahora, mirá el caso de la nena Vanina Yapura Alderete... con todo lo que le pasó a su mamá, que nadie la escuchó, mirá a lo que se tiene que someter ella ahora por unos cuantos pesos que jamás le van a devolver a su mamá y hermanitos. Es como que hubiéramos nacido para aguantar... no más. Claro que me gustaría que haya cambios, pero mientras tanto, hay que seguir por la vida y por eso yo tengo unas palabritas que siempre me acompañan: el show debe continuar...

Y como el show continúa, te dedicaste a escribir un libro...

Mi segundo libro, en realidad; el primero fue de poesías. Este de ahora se llama “El coplerío”, que surge porque aunque soy salteña en vacaciones iba mucho a Purmamarca, Jujuy, a la casa de mi abuela Serafina Paredes. Nunca me agradó mucho cantar coplas, pero de un día para el otro me di cuenta de que sabía muchas y me propuse hacer una recopilación en homenaje a mi abuela. Y va una de las que ella me enseñaba: “Por qué no cantan señores, de qué me están recelando/yo no soy más que apariencia, sombra que anda caminando”. El libro está en diez librerías de Salta y noto que los turistas buscan mucho este tipo de bibliografía. Las coplas no son de nadie, las coplas son del aire. Mi abuela fue una copla más porque hace diez años que está en el aire. Yo soy coplera del carnaval. El tema de las coplas viene a mí por mi abuela de Purmamarca. De todos los primos yo soy más afecta a la música. Yo era un poco su lazarillo en verano porque terminábamos las clases en Salta y mi abuelita Serafina Paredes me llevaba de vacaciones a Jujuy, me metía en el campo con ella a cantar coplas. Yo admiro mucho a Mariana Carrizo, a Balbina Ramos pero no cantaría coplas en el escenario, prefiero cantar una zamba o una chacarera. Sin embargo, cuando voy a los carnavales no hay quien me pare... Y siempre digo una coplita: “cuando yo empiezo a cantar/no tengo conde acabar/las coplas me van saliendo como ovejas del corral”.
 

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