La adquisición de obras de arte además de ser para coleccionistas hoy en la Argentina de la inflación y el poco atractivo de los plazos fijos, es una oportunidad de inversión. Los ahorristas cuidan su dinero y aprovechan que las obras de arte bajaron de precio. Salen a las subastas para capitalizarse adquiriendo todo tipo de objetos artísticos. Los economistas de los inversores y los consultores de los que ahorran, hacen el boca a boca: “compren obras de arte, tienen precio accesible, además, hay demanda para la reventa si usted quiere deshacerse de un cuadro, estatua o lo que sea”. Como la economía del arte es la práctica más eficaz para los comitentes, muchos inversores encargan la adquisición de producciones a nuevos comedidos sociales. Esos inversores se reconvirtieron, son los comitentes, antes solo eran expertos en plazos fijo y en cadenas financieras y monetarias bancarias. Pero muchos no entienden de arte, buscan entonces compradores para que vayan a remates y les pagan buena comisión. Eso ya existía en Argentina, pero ahora, se ha expandido. Las cifras de la nueva demanda de arte que hay, hizo totalmente necesaria la conexión con un comitente. La venta de obras creció un 35% en los últimos dos años, según datos del mercado nacional. Mientras que en el 2010 se comercializaron 12.000 producciones; en lo que va del año, el número ya superó las 16.000. Es una tendencia económica originada en la coyuntura cambiaria, financiera e inflacionaria que sufren los ahorros de los argentinos. Así apareció un nuevo perfil de ahorrista, no exclusivamente formado en los humores de la Bolsa de Comercio, en las pizarras financieras de la City bancaria, también surgió el concurrente a las ferias de arte. Allí visualiza en qué autor o en qué obra puede invertir con réditos a corto y largo plazo. “Arbolitos”, dateros de la plaza financiera y hábiles corredores de Bolsa, aconsejan estar ansiosos porque llegó “la economía del arte”. Los entrenados en “bicicletas financieras” y ciclos económicos de contracción y expansión, bipolares y sorprendentes, apuestan al arte como un valor económico seguro y decorativo. No es tan rentable guardar los dólares en el viejo colchón, caja de ahorro reservada; prefieren revender una obra.

 Cambian la "cueva" por el didáctico galerista

Las "cuevas" de dinero eran muy cerradas y complicadas por la experiencia financiera previa que exigían. Vinieron otras reglas de juego y cambió el epicentro del dinero. La "cuevas" regulaban los costos de divisas y las inversiones tentadoras. Ahora, fueron reemplazadas por el salón de comercialización del arte y, el marginal "cuevista", sustituido por el didáctico galerista. En los negocios de obras los visitantes simplemente acceden a gran variedad de propuestas y tendencias y, además, se encuentran con precios accesibles para hacer inversiones. Pero la economía del arte no es solo financiera, su esencia es estimular el consumo de bienes artísticos y valorar la obra desde la renta. Esta metamorfosis resulta hoy un negocio alternativo por los límites al crecimiento productivo del desarrollo argentino. Y el consumo de obras no transcurre en el aire, sino en un mercado. Las ferias de arte son demanda y oferta de dinero. Alberto Einstein creyó que "el arte es la expresión de los más profundos pensamientos por el camino más sencillo". El ahorrista compra una obra a $1.000 como mínimo y no tiene techo en el precio. Aunque gaste poco le alcanza para ganar luego "por el camino más sencillo".

La "bicicleta" artística

Los inversores son orientados muy bien en la ferias de pintores, escultores y otros artistas. El negocio del galerista es demostrar que cualquier inversor puede comprar y revender, luego a coleccionistas, a otros inversores, la obra que posee y así producir, lo que irónicamente ya se llama, la "bicicleta artística". Cuando, una obra pasa de manos en manos, revalorizando su precio.

Pero como la Afip nunca duerme, está atenta si las inversiones artísticas cumplen el orden impositivo. Los costos impositivos están a flor de piel en cualquier actividad productiva. El economista John Maynard Keynes aseguró que "evitar impuestos es una de las pocas actividades intelectuales que producen beneficios económicos". La Afip ausculta el nuevo negocio. Al igual que el cineasta Alfred Hitchcock, piensa: "hay algo más importante que la lógica: la imaginación", y por supuesto, se refiere a la del inversor en arte.

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