En medio de innovaciones tecnológicas que cambiaron las formas de aprender, de divertirse, de adquirir gustos y rechazos, el hábito de la lectura parece estar bajo constante amenaza. Sin embargo, luego de una consulta que nos llevó por diferentes barrios y dependencias oficiales, podemos asegurar que en Salta leer por el puro gusto de leer, es una costumbre vigente en las grandes franjas de la población.

Las preguntas, que se exponen a continuación, buscaron definir cómo se lee en Salta capital, además del perfil de ese lector. La totalidad de los consultados afirman tener libros en sus casas, aunque no todos los leen, pero los poseen. Tampoco el libro es mencionado como el medio exclusivo para la lectura.

A dónde procurarse esa lectura, en general se elige de acuerdo al humor del día. Aunque, como todo hábito, la lectura para muchos tiene el mismo itinerario cotidiano: el diario, ya sea en papel o en la web, es lectura general durante la primera mitad de la jornada; luego, a lo largo del día, se adquieren lecturas diversas, en revistas, en la web o en los libros.

Esto hace que el lector no esté apegado a un mismo medio, sino que los alternen, siguiendo gustos e intereses personales; diseñando, en la diversidad de opciones, su propia estrategia de lectura. El material de esta lectura está condicionado y amplificado por internet, por la multiplicidad de publicaciones y por los medios masivos de comunicación. No hay que olvidar que la capacidad adquisitiva de cada lector define la frecuencia y la calidad de acceso al material de lectura.

La mayoría de quienes aseguran haber adquirido un libro, en general leen la obra en largos períodos que a veces se extiende hasta los doce meses del año. El tiempo que insume la lectura es otro de los impedimentos exhibidos para que la tarea de la lectura se explaye o directamente no se produzca. “No tengo tiempo”, “Yo leo cuando puedo”, “Solo leo la Biblia”, “Prefiero la tele” o “No hay nada que me interese para leer”, son algunas de las respuestas para explicar el alejamiento del hábito de la lectura.

Según pudimos comprobar, en Salta los lectores de internet se separan por franjas de edad. Los mayores de 50 años y de los barrios periféricos son los que menos acceden a este medio. “No le entiendo”, “No sé cómo hacerlo”, “Prefiero la hoja”, “Internet no es para mí”, son las respuestas que se esgrimen ante una sugerencia al respecto, cuando no una sonrisa como si la pregunta estuviera desubicada.

De los profesionales consultados, la mayoría afirmó tener libros de su especialidad y poco tiempo para dedicárselo a otro tipo de lecturas. En este caso, son mayoría las mujeres que dicen haber leído o encontrarse leyendo un libro como pasatiempo. Todos los profesionales afirman tener bibliotecas en sus casas y consideran al libro como un objeto infaltable del hogar.

Las revistas son una parte importante en el universo de lecturas de las casas de Salta, presentándose para los más variados gustos: de chismes, de actualidad, de notas y noticias, de divulgación científica, etc.

Aunque casi la totalidad de los consultados dice tener libros en sus casas, son pocos los que le dedican un espacio exclusivo. Las personas que acceden a las bibliotecas barriales o a la Biblioteca de la Provincia, mayormente solicitan libros de textos aunque no es raro que también pidan novelas, cuentos, auto ayuda, etc.

Toda esta realidad parece respaldar lo que dice el propietario de la librería Rayuela: “Los salteños son personas que leen”. Con 40 años en la profesión, Mario Benedetti, de Librería Rayuela, se encuentra, dice, en un momento de inflexión de su profesión. “Las ventas han bajado este año respecto al año pasado, cuando hubo muy buenas ventas. Pero no es que estemos en una situación mala, simplemente ha bajado un porcentaje. Pero el público salteño es lector y siempre se compran libros clásicos y de nuevos autores”, asegura Benedetti.

Los nombres de los escritores más reconocidos por el salteño siguen siendo Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato. De los escritores salteños Manuel Castilla y Juan Carlos Dávalos son los nombres que más se repiten.

Bibliotecas populares están
en una situación crítica

En Salta funcionan unas 50 bibliotecas populares, de las más de 80 que figuraban hace apenas unos años atrás. En todas se repite la misma situación: quienes trabajan en ellas lo hacen de forma gratuita y sólo reciben apoyo del Estado nacional mediante el aporte anual de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares.

En Villa Primavera, la biblioteca popular Presbítero Fernando Acuña es visitada a diario por unas 45 personas, de todas las barriadas de la zona oeste. Noelia Farfán es la presidenta de la institución, que cuenta con varios servicios, como el de información ciudadana, información pública, préstamos de libros en sala y domicilio, wifi, editora y fotocopiadora. También se dictan diferentes cursos de capacitación básica y avanzada, talleres de lectura para niños, lecturas compartidas en voz alta, obras de teatro.

“En los talleres de lectura se conformó un grupo de 11 promotores que ayudan a los chicos a leer. Todo nuestro trabajo es ad honorem”, señaló. La biblioteca Carlos Hugo Aparicio funciona en la etapa 11, manzana 1, casa 20, del barrio Limache. Cuenta con 15 mil libros y atiende sábados y domingos. “Por la demanda que tenemos somos más flexibles con los horarios. Es un barrio muy poblado y con muchísimos chicos”, dijo su presidente, Javier Isasmendi. Esa biblioteca subsiste con un aporte anual, pero los servicios se llevan el 50%.

“Estamos luchando para que haya una ley, como en otras provincias, que nos ampare. Tenemos que andar mendigando para poder abrir las puertas”, contó Fortunata Saiquita, presidenta de la Nella Castro.

“El libro sigue siendo un buen amigo,
incluso se lee más”

“Las ventas bajaron con respecto al mismo mes del año pasado”, dijo Mario Bendetti, propietario de Librería Rayuela, clásica de la ciudad de Salta. La restricción a la importación es uno de los motivos que incide.

“La venta de libros importados era de una de las cosas que teníamos de gran importancia comercial para las librerías. Ahora ha bajado un 90 %. Nos hacen falta textos que solamente se editan en el exterior, en España mayormente. Los estudiantes tienen que aguzar sus recursos para conseguir libros que le hacen falta, fotocopiarlos cuando se puede. En este aspecto está más complicado”, indicó Benedetti.

Para el librero, el público comprador “es muy diverso. Tenemos una clientela polifacética, con un buen consumo de libros infantiles y juveniles, incluso creo que se lee más que en otras épocas. De los géneros que más se venden, están los libros de política actual y los de historia. Y las novelas son las que más se vende en la ficción”, comentó.

Los autores salteños y los ensayos de temas diversos sobre la región, también tienen un público propio. “En Salta hay gente a la que gusta esa clase de libros de autores locales”, dijo.

Para el comerciante, actualmente el libro “no es un objeto de lujo”. Entre los autores que más se venden, Benedetti señaló a Florencia Bonelli, autora cordobesa, que encara novelas históricas con mucho romance entre figuras de la historia nacional. También Alejandro Dolina y Gabriel Rolón. “La literatura sigue siendo interesante para la gente. Felipe Pigna sigue vendiendo y es historiador. “Para adelante soy optimista, en el sentido de que esta especie de freno a la economía se repliegue y que en algún momento las autoridades se den cuenta de que no bueno impedir el ingreso de libros”.

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