Por la responsabilidad, la relación de afecto suele ser lo primero que se pierde cuando hay una discapacidad y su cuidador.

Los estereotipos negativos sobre el envejecimiento y el desinterés de un sistema que no ve a los mayores como un target apetecible de consumidores han trabado el normal desarrollo de nuevos modelos de cuidado para el adulto mayor.

Solo en pocos lugares del mundo se está modernizando este tipo de atención, como en la Argentina, a través de algunas pocas iniciativas que se animan a romper con el molde establecido y dan respuestas a esa necesidad social.

Es el caso del recientemente inaugurado centro de día Comparte y Arte, en el que el doctor Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, brindó una concurrida charla abierta titulada “El ciclo vital y los nuevos modelos de envejecimiento” como parte del ciclo inaugural de actividades de acercamiento a toda la comunidad.

“Muchos adultos mayores no acceden a un tratamiento o a una atención adecuada por una cuestión cultural, persiste la idea de que la persona "en ningún lado va a estar mejor que en su casa' y que "lo otro' es la internación geriátrica”, reflexionó.

El defensor de la tercera edad indicó que “nada reemplaza al afecto que la persona necesita, pero ese afecto tampoco reemplaza la necesidad de una atención y un cuidado profesionalizados”.

El modelo innovador del nuevo Centro de Día, ubicado en la esquina de las avenidas Francisco Bilbao y Carabobo, cuya área geriátrica cuenta con la dirección del doctor Roberto Pereyra, se basa en el trabajo de un equipo interdisciplinario de profesionales de la salud, artistas y talleristas que busca dar respuesta a una necesidad social.

“Nuestro propósito es cubrir una demanda real, algo que desde nuestro trabajo de años con los adultos mayores en otras instituciones venimos viendo que hacía falta”, resumió Pereyra, quien además es el jefe de la Unidad de Geriatría y Gerontología del hospital Piñeiro.

El “mandato” y la frustración

Arraigado en especial en las familias latinas como las argentinas subyace un prejuicio sobre la tercera edad que ha impedido el desarrollo de alternativas más adecuadas para atender las necesidades a toda edad.

“Existe una moralina del siglo XVIII que dice que a los viejos hay que cuidarlos en la casa, y que sea la mujer de la casa quien se encargue de ellos, lo que lleva, en principio, a ratificar un concepto de dependencia femenina no visualizado socialmente ni siquiera por los sectores más femi nistas”, concluyó Pereira.

 

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