En un homenaje a Lennon que hizo uno de los popes del rock argentino, Litto Nebbia, se preguntaba lo inconfesable de una generación atrapada en el tiempo que le tocó vivir. Quién iba a responder lo que la suma de estrategias de un mercado voraz, caprichoso e impredecible depararía a la juventud de fin de siglo.

Han pasado 50 años desde que George Martin puso en su billetera las 400 libras esterlinas para financiar los primeros pasos de la aventura más fascinante de la música universal. Con esos billetes, “Please, Please Me”, el primer LP de The Beatles, vio la luz y los vinilos empezaron a girar en los tocadiscos de todo el mundo. Lo que vino después, para tranquilidad de Nebbia y de muchos más, sigue intacto en las páginas de la historia de finales del siglo XX y, obviamente, también en el negocio del pasado y presente milenio que merecen una mirada retrospectiva.

Más allá de los incontables récords que marcó la mítica banda, entre ellos las 27 canciones que lograron colocar en el número uno de las listas de popularidad (en Estados Unidos y Reino Unido) y de los mil millones de discos vendidos, The Beatles se convirtió en el paradigma de una generación despreocupada del consumismo. Quién puede discutir que para el éxito de cada una de aquellas composiciones se necesitó de talento.

El Olimpo no está reservado solo para una élite de dotados por la naturaleza, seguro que no.

Para conseguir el éxito se requirió de talento pero también de una visión de negocios y de lo que se llama en el mundo del marketing de una detallada estrategia de posicionamiento.

Los cuatro de Liverpool no fueron los primeros, pero eso sí su marca era distintiva. Flequillos, corbatas, modales, uniformes, jugadas atrevidas y una cantidad de formas se cuidaron para que el producto tenga interés.

No se puede pasar por alto la influencia que determinó el entorno: en lo artístico, Bob Dylan, The Who, The Animals, Simon & Garfunkel y, por supuesto, The Rolling Stones; en lo social, los hippies y el “poder de la flor”, Vietnam, el Che, el Mayo Francés, la Guerra del Petróleo, etc.

Entre las distintas variables que jugaron a favor estuvo lo que llaman entrenamiento del talento: The Beatles inició su carrera en bares nocturnos de Hamburgo (Alemania), donde tenían que tocar ocho horas corridas todas las noches. Lo hicieron durante 270 noches antes de 1964, el año del primer éxito “Love Me Do”. Cuando tuvieron que grabar en solo tres sesiones aquel primer LP, el entrenamiento mostró los resultados.

John, George, Paul y Ringo ya no serían lo que habían sido, The Beatles no era solo una banda de música, habían transmutado en una marca.

Con la grabación del primer LP, la empresa The Beatles tuvo su primer gerente. Brian Epstein (manager) gestionó todos y cada uno de los aspectos de la carrera, inclusive ayudó a fundar la compañía que luego se convertiría en Apple Corps. El fino oído y buen gusto de George Martin como productor hizo el resto.

La marca consiguió los mayores réditos de la discografía mundial durante los últimos 50 años, pero el negocio sigue su serpenteante y misteriosa trayectoria y hoy el derecho de autor -otro ingreso nada despreciable- se empieza a desvanecer, los copyright en la Unión Europea después de medio siglo pasan a ser de dominio público. Pero como el espectáculo debe continuar, y el negocio también, se espera, en noviembre de este año, modificar la ley y de esa manera extender la recaudación.

Después de más de 40 años de haberse separado, no solo el legado musical prevalece intacto sino también un capítulo en los archivos de la historia universal del siglo XX que no puede olvidarse.

 El despertar de un sueño

La marca The Beatles da para mucho más de una generación. Hoy, Sean Lennon, James McCartney, Dhani Harrison y Jason Starkey, hijos y herederos de la banda pretenden resucitar lo mejor del tiempo pasado y seguramente del negocio también.

Muchos dudaron de tal posibilidad, pero lo cierto es que las conversaciones que empezaron hace bastante tiempo siguen en pie.

En declaraciones a la BBC, James McCartney, impulsor del proyecto de The Beatles-The Next Generation, dijo que el único impedimento es Julian Lennon. No cree conveniente que sea de la partida por las diferencias que tienen el hijo mayor de John con Paul. Por eso hablan de Sean, el hijo de John y Yoko. El hijo de Ringo, Zak Starkey, también baterista, tampoco mostró interés, quizás por ser el más experimentado de los músicos de la segunda generación. Tocó con el nuevo grupo de Pete Towshend, The Who y eso lo ubica en otro escalón.

Hay quienes dicen que las segundas partes nunca fueron buenas y más cuando la marca, en este caso, pesa. Habrá que esperar.

Mientras tanto, vale recordar la sentencia de Lennon al respecto: “El sueño terminó, no creo en The Beatles, esa es la realidad”.

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