Traumatizados, moribundos, en riesgo cardíaco, afectados por fuerte dolor abdominal, adictos en coma, accidentados en tránsito, "locos" de dolor de oídos, afectados en la visión, fracturados y hasta niños. Todos al mismo tiempo comparten la sala de espera de la guardia del hospital San Bernardo, pero solo el 30% son emergencias o urgencias.
De ese conjunto, algunos son atendidos enseguida, otros tienen que esperar más o menos tiempo. Entonces sobrevienen quejas airadas, enojos, reclamos y hasta reacciones violentas porque la afección de cada uno es la más importante. Todos tienen la expectativa de alivio a sus padeceres, y lo antes posible, en ese sitio que es punto vertebral de la atención pública de la salud que mensualmente recibe unas 10 mil consultas, por todo concepto.
César Paco Leaños Médico JEFE DE EMERGENCIAS "Nosotros somos el soporte de todas las derivaciones que vienen de todas partes -hasta de países vecinos- porque luego del San Bernardo no hay otra instancia de derivación".
Este número, precisamente, es el quid de su funcionamiento. El 70 por ciento son afecciones espontáneas o banales, que deberían ser atendidas en otros centros o, quizá, deberían pasar por consultorios externos. El dato surge de las estadísticas oficiales de la jefatura del Programa de Emergencias del complejo asistencial, a cargo del doctor César Paco Leaños, desde hace algo más de dos años, quien ayer dijo a El Tribuno que están trabajando "al límite de la capacidad operativa", pero con la "máxima optimización de los recursos, físicos y humanos". Y abundó: "Nosotros trabajamos en la guardia como si fuese una terapia intensiva".
El trámite
La guardia tiene 7 camas en el sector denominado Shock Room, adonde se trata de inmediato el paciente para su primera atención y estabilización, y desde donde es derivado a sector que corresponde. "Actualmente -comentó Paco Leaños- está funcionando como una terapia intensiva, cosa que no debería ser, pero la situación nos obliga".
La guardia ocupa, además, 22 camas para internaciones (hombres y mujeres), más habilitaciones en pasillos y en salas de otros sectores. Cada cama tiene un giro de 8 horas (el tiempo de ocupación de cada una). "Puede parecer terrible tener un paciente en una camilla, pero es necesario; esa es una respuesta extraordinaria a una necesidad extraordinaria que tenemos", explicó.
"Más cantidad de gente no podemos atender, hay un límite humano comprensible; inclusive, a veces, ante situaciones de desborde, derivamos a otros centros de atención de la ciudad, con cargo para el mismo hospital", abundó.
El médico adelantó que está en marcha el proyecto para ampliar y agilizar la entrada de las ambulancias al sector de emergencias, y la de la sala de espera.

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