“Tengo mucho que agradecer a Dios porque nací bajo una buena estrella”

“Cuando vuelvas te daré todos mis sueños/ Te daré hasta mil razones/ En un baile apretadito dejaremos corazones.../ En las noches te he extrañado... Hasta el otro carnaval”. Quienes integran un grupo artístico difícilmente consiguen explicar el sentimiento que tienen hacia el carnaval. Supongamos que no hay lógica, solo amor. 
Joseph Rivera Surriabre, la Señora del Carnaval, atiende a El Tribuno la víspera del entierro tardío del diablito. Está en una jornada inhabitual para ella. Ocupándose de unos problemas de salud, sin eventos que la demanden del hotel Alejandro I (donde trabaja como florista), sin clientas especiales en su peluquería, sin carnaval. 

Si una nota se construye por el boca a boca es esta. “Ejemplo”, “persona de bien”, “generosa”, “sostén”, “consejera”, “generadora de oportunidades”. Elogios escuchados tanto en el ámbito carnestolendo, como en el de los estilistas o el del colectivo trans. Todo ha traído a esta cronista hacia la Señora del Carnaval, que le dio todos sus sueños y daría mil razones a la celebración de esta fiesta popular. 
“Estoy medio ‘legranezca’ yo. El otro día escuchaba que le habían hecho un reportaje por sus noventa años. Ella decía que deseaba que no la olviden y que la gente valore sobre todo lo que ella hizo por el teatro y el cine argentino... Luego concluye que le ha dado al público una parte de su vida y es verdad... cuando uno da está gastando mucha vida para que eso pueda surgir, salir a escena. Lo gratificante es que la gente lo reconozca”, comenta una voz cálida de matices riquísimos al otro lado del teléfono. 

Lo que sigue es una conversación con la creadora de Butterfly, que no elude las preguntas comprometidas y proporciona sin restricciones su mirada crítica y conocedora del carnaval.

¿Cuándo cayó rendida ante la magia del carnaval?
Siempre me gustó participar en el carnaval y un referente inicial fue (el decorador y vidrierista) Ricardo Cabrera Isasmendi, quien comenzó con una murga llamada “Noche de Gala”. Lo admiraba por su exquisitez creativa y me dio el impulso para armar mi grupo con una mirada diferente de los desfiles, que se distinguiera por la calidad de los trajes. 

¿Qué molde vino a romper Butterfly, que ya superó las dos déca das de existencia?
Creo que nosotros llegamos con una actitud innovadora. Yo consideraba que lo que había estaba muy visto, entonces cuando hice “Venecia”, en la calle Orán, fue un éxito total porque me atreví a llevar la música clásica a una avenida de corso. Eso era impensable y los chicos fueron preparados, porque había que hacer pasos de danza clásica y había una coreografía, batucada. Yo impuse por ejemplo los temas de países, con Egipto, España, México, India, Francia... Tratamos de recrear lo mágico y de mostrarle a la gente que había algo distinto. 

¿Por qué un nombre tan sugerente como Butterfly?
Cuando yo decido hacer el conjunto artístico para el carnaval, no teníamos nombre, entonces me acordé de lo que me había dicho un amigo. El primer boliche gay de Salta se llamaba Leblon y era donde está Metrópolis ahora. Ricardo Isasmendi, decorador, les había hecho hacer a los dueños unas molduras de yeso que iban en todas las luces perimetrales y tenían forma de mariposa. Yo estaba con un amigo -en realidad algo más que un amigo- y el me dijo: “Este boliche no se tendría que haber llamado Leblon, se tendría que haber llamado Butterfly” y me aclaró que butterfly era mariposa en inglés. Eso me vino a la mente. Las chicas trans tenemos mucho de mariposas. Esa transformación que tiene la mariposa en su vida nos identifica bien. 

¿Cómo fue ser una chica trans en la década del 70?
Mi mamá, Aurelia Surriabre, nunca me cuestionó mi condición ni nada. Me dejó que fuera yo, que hiciera lo que sintiera, marcándome límites. Sí me exigió que terminara el secundario y de ahí que viera qué quería hacer de mi vida. Y así siempre tuve como meta el ir creciendo. Yo tengo alma de líder desde adolescente, ya en esa época hacía teatro con los chicos y siempre tenía un buen grupo que me seguía, padres que confiaban en lo que yo podía hacer y bueno, hicimos muchas cosas desde un taller infantil en la cuadra, un corso de niños y eso fue época de proceso, 1976, 1977. Al principio costó con Butterfly. Imaginate tener una batucada de varones para un grupo de mariquitas era medio complicado, pero después ellos fueron asumiendo que se puede convivir con respeto. Como soy la menor de siete varones ellos me     protegieron mucho de todo. 
 

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