Oran
Los bagayeros y feriantes comenzaron a registrarse
La primera etapa del empadronamiento pretende determinar la cantidad de personas que desarrollan la actividad. Luego accederán a una tarjeta de tránsito.

En la frontera de Aguas Blancas y en San Ramón de la Nueva Orán, la calma de los bagayeros aún pende de un hilo.

Las medidas arancelarias de la Aduana los hicieron reaccionar de inmediato cuando se presentaron a pasar los bultos, tras la línea establecida en el acuerdo entre autoridades nacionales, provinciales y municipales con la intervención del obispo de la Diócesis.

La disposición fue que solamente pueden pasar dos bultos por persona, pero ¿cuál es el tamaño autorizado del denominado bulto? ¿Dos bolsas del tipo de consorcio, más pequeñas o lo que una persona sea capaz de cargar sobre sus espaldas, como se establecía hasta ahora?

Probablemente la comunicación no fue del todo clara sobre las nuevas medidas para el trabajo que vienen haciendo desde hace décadas. Y quizás tampoco fueron muy precisos los tiempos de aplicación de esas disposiciones.

Es que en esta enmarcada informalidad laboral, los roles de los bagayeros ahora marcan diferencias: el comprador sigue cumpliendo su papel de gestionar las transacciones del otro lado de la frontera; el transportista quizás hará más viajes para trasladar la mercadería porque dispone de un vehículo y el lonero, que es quien caminaba kilómetros por monte y ríos cargando una enorme lona con varios bultos, ahora tiene grandes limitaciones. Bajo esa modalidad atravesaba el paso ilegal conocido como Puesto 28, después de evadir la Aduana y recibir los bultos de los gomones bolivianos. En algunos casos, él mismo cruzaba el río en esas improvisadas embarcaciones. A la orilla del río lo recibía el transportista que lo llevaba hasta detrás del Puesto 28. A partir de allí, cargado con hasta 120 kilos, atravesaba una extensa zona hasta reencontrarse con el transportista para continuar viaje.

Justamente es este último eslabón de la cadena el que más siente ahora el peso de la nueva normativa, porque los controles no le permiten atravesar con la cantidad de productos que acostumbraba a llevar hasta la semana pasada.

Cabe agregar que la mayoría de los loneros son del departamento de Orán, y aunque no hay números certeros, se habla de unos 300 afectados.

Contactos y empadronamiento

Los contactos que se vienen haciendo entre las autoridades nacionales, provinciales y municipales para regular la actividad, son constantes en busca de compatibilizar el control del contrabando con el sostenimiento de las fuentes laborales. Pudo saberse con certeza que hay comunicación directa con el jefe de Gabinete nacional, Marcos Peña, para aclarar la cuestión arancelaria en la Aduana, mientras en este periodo de transición los funcionarios oranenses sostienen el diálogo con los bagayeros para bajar cualquier posible suba de tensión.

Por eso en la noche del miércoles, en la playa de transferencia de mercaderías, donde sigue el acopio de todo tipo de productos, el intendente de Orán, Marcelo Lara Gros, escuchó los reclamos de los pasadores. Aseguran que no tienen garantías para que no les quiten los productos. Y dicen también que los efectivos de Gendarmería les informaron que no conocían las nuevas normas.

Mientras tanto, desde el miércoles, es decir el día siguiente del acuerdo, se inició un relevamiento previo al empadronamiento de quienes realizan esta actividad. Esa primera etapa permitirá aproximarse a la cantidad real de personas que se dedican al bagayeo.

La Casa del Bicentenario de Orán, ubicada frente a la Municipalidad, dispuso de un sistema y recurso humano para ese registro. Los datos que cada uno deberá consignar en formularios, serán revisados exhaustivamente para determinar cada caso y, de estar en regla, podrán acceder a la tarjeta de tránsito vecinal fronterizo.

El rol del obispo

Que la intervención del obispo de la Diócesis de Orán, monseñor Gustavo Zanchetta, fue y sigue siendo contundente, a nadie le caben dudas.

Inclusive, y por sobre las gestiones ante la Nación de las que participó activamente, no dejó de responder las críticas que recibió por una supuesta defensa del trabajo ilegal frente a su posición respecto de los bagayeros.

El sacerdote puso el acento en que en todo momento buscó un tinte conciliador en el conflicto, además de resaltar que se debe reconocer que se logró despejar la ruta de manera pacífica y resolver de manera positiva la continuidad del trabajo.

"De la noche a la mañana no entrará en vigencia plena la modalidad de control con todas las herramientas en marcha", remarcó el obispo en el marco de una sucesión de entrevistas en la ciudad norteña.

Estimó que por lo menos pasarán 120 días hasta que funcione de manera óptima la tarea de control sobre los trabajadores en la frontera.

En cuanto al desarrollo de emprendimientos en la zona que abran fuentes de trabajo genuino, Zanchetta indicó que se trabaja para que en el país la iglesia católica tenga un rol más activo en las cuestiones de generación de empleo como parte esencial de mejoras sociales.