“El mundo es cada vez menos equitativo y con mayores demandas”

“El escenario del mundo es complejo, incide directamente en la vida de cada uno de nosotros y, sin embargo, parece inaccesible a la comprensión del hombre común” advierte el economista Pablo Kornblum.

“El crecimiento no genera automáticamente equidad, distribución de la riqueza ni retroceso de la pobreza”, señala.

Licenciado en Economía (UBA), magister en Estudios Internacionales (Sidney, Australia) y doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad del Salvador, Kornblum es autor de “La sociedad anestesiada” y “El escenario económico de la inmigración mexicana en los Estados Unidos. Del dilema social al conflicto Interestatal”. Además es columnista y docente.

En esta entrevista analiza la nueva realidad de una sociedad globalizada, que genera demandas insatisfechas y en la que los indicadores de distribución del ingreso dan en rojo. 

 ¿Cuál es el objetivo de La sociedad anestesiada?

Tratar de explicar el funcionamiento del sistema global internacional, y analizar desde la perspectiva de la gente este mundo que se hace presente en su vida cotidiana.

Un profesor universitario decía que “la política exterior no gana elecciones”...

La gente común, el ciudadano, se ve obligado a prestar atención problemas inmediatos, internos, perturbadores. Por eso le cuesta percibir lo que sucede en el mundo. Pero la política no se agota en lo que se decide en el país. La economía es ciencia social; que el excel nos cierre no quiere decir que la gente viva bien. Soy un economista, preocupado por la gente y orientado a las relaciones internacionales.

Cuando habla de una mirada universal, ¿Se refiere a Europa y EE.UU. y sus áreas de influencia, o a todo el mundo? 

El sistema capitalista, como globalización, abarca todo. Hay procesos comunes y situaciones específicas.

¿Cuáles son los factores más descriptivos de la situación planetaria actual?

Hay dos escenarios que son los más importantes y preocupantes. En primer lugar, el ser humano y las inequidades que sufre. Si observamos el coeficiente de Gini que es el que mide la desigualdad, el escenario, en general, viene empeorando desde hace muchas décadas. Tenemos un mundo más rico, que produce bienes y servicios, pero donde aumentó el numero de pobres en relación con el de los ricos. Y el otro eje se refiere a cómo la acumulación desmedida de capital afecta al medio ambiente. La globalización castiga a los hombres y a al medio.

La población extendió las expectativas de vida y se triplicó en medio siglo. Hay mucha gente que se incorporó al consumo, pero al mismo tiempo, en el mundo es evidente la sensación de malestar e insatisfacción....

Esto es algo que se debe analizar cuidadosamente. Son cuestiones bastante finas. El ser humano quiere vivir mejor y, por eso, las demandas son crecientes. Hoy no podemos vivir pensando en si vamos a tener a agua, si vamos a comer dos veces por día. Las demandas se amplían porque el acceso a la información hace que la gente quiera vivir como en otros países. Se afianza la certeza de que es posible vivir mejor. Que una persona pueda comprar una heladera no quiere decir necesariamente que viva bien. La lógica es que vivamos mejor que nuestros padres y nuestros hijos vivan mejor que nosotros. Y que todos podamos disfrutar de los bienes.

El triunfo de Donald Trump, el “brexit” en Inglaterra y la eclosión de los populismo europeos aparecen en ese horizonte.

La globalización no es totalmente negativa. Los medios masivos, al mostrar el mundo, han expandido fenómenos como la primavera árabe y la reivindicación de la mujer, el “me too”. Y la gente se entera y se pregunta por qué “los otros la pasan mejor que nosotros”. Pero esa es una parte. La otra es el capitalismo salvaje, cada vez más inequitativo.

Una grieta...

Es que la sociedad vive a dos velocidades: unos van en carretas y otros en autos. La globalización genera tercerización: si en Asia se me reduce el costo salarial a la quinta parte, no me ponen exigencias ambientales y no me ahogan con los impuestos, yo mudo mi empresa. De ese modo, hay enormes sectores de la población de aquellos países que ven que sus empresas se van al exterior, que ellos se quedan sin trabajo y que, encima, reciben un aluvión de inmigrantes. Los populismos de derecha, además, intentan usar al inmigrante como chivo expiatorio de los desaciertos locales.

Hay cierta literatura que describe estos problemas como una planificación rigurosa. ¿Es fruto de una decisión o de una tendencia?

Son problemas globales que se van a resolver cuando haya una lógica universal, que no es simple: si dos intendentes del mismo partido no se ponen de acuerdo, va a ser difícil que se pongan de acuerdo los países.

Hay un caso muy particular en Salta, que es el crecimiento del sur de Bolivia contra el estancamiento del norte salteño. ¿Qué pasa con América latina?

Bolivia crece desde hace quince años, pero eso no quiere decir que haya resuelto el problema de la pobreza. En ese período, Argentina ha estado en medio de vaivenes. Entendámosnos: el crecimiento de un país no significa necesariamente una distribución equitativa. Un “derrame”. 

Tampoco es muy claro qué se entiende por pobreza. Se la suele interpretar como una consecuencia automática de la inflación, pero los economistas salteños que trabajan para UNICEF insisten en que deben considerarse otras variables...

Coincido plenamente. La economía es una ciencia social y hay que ver bien como se mide. No es cierto que una persona pase de la pobreza a la clase media o al revés por un punto o dos de inflación. Para medirla debemos evaluar calidad de vida; debemos contemplar las perspectivas de futuro de los chicos, la calidad de la educación, el ambiente hogareño, la salud...

Usted mencionó la educación. Hoy nuestra provincia está viviendo debates encendidos sobre la educación religiosa y la educación sexual. Creo que deberían estar saldado, pero en los barrios, la preocupación central es que las escuelas medias no están orientadas a la salida laboral.

La calidad de vida de la gente tienen que ver, directamente, con la educación. La calidad educativa está directamente relacionada con la salida laboral y con la capacidad del ciudadano para ver lo que pasa en su país, en el mundo y,de hecho, en su vida. La gente se prepara para trabajar, pero falta trabajo. Y la gente no está preparada para opinar, cuestionar, decidir y votar. Necesitamos educar en ciudadanía.

China crece y se proyecta como potencia económica, pero es evidente que tiene objetivos militares.

 China tiene un objetivo geoeconómico global. Ellos quieren ser la primera potencia y avanzar en todo el territorio. Lo que más le interesa son los recursos estratégicos para movilizar la economía: agua, soja y petróleo. China quiere crecer para desarrollar el aparato militar.

¿En qué nos toca a nosotros?

Y, a cambio de un swap (préstamo) le hemos permitido instalar una base satelital en Neuquén. Una decisión desafiante si pensamos que, desde la doctrina Monroe, “América es para los americanos”. El gobierno anterior, invocando el antiimperialismo, autorizó esa base; el actual va a facilitar una base humanitaria a Estados Unidos. Ahora China es aliado de Venezuela y EE.UU. de Brasil. Los tenemos peleándose a la vuelta de casa, y a cada uno con una base en nuestro territorio. Y nosotros no tenemos ni siquiera armamento. Somos los peones en el tablero de ajedrez y, como se sabe, el peón es el primero que muere. ¡Tantas cosas funcionan mal en este país....!

¿Qué balance hace del G20 en Buenos Aires?

 Negativo no fue. Una reunión neutra, o marginalmente positiva. Las principales potencias tuvieron que sentarse con Macri, que les pudo decir que “por favor, vengan e inviertan”. Se pueden hacer alianzas y firmar contratos, pero vamos a seguir en stand bye. En este país cambian las reglas de juego de un día para otro. Todos los miembros del G20 saben que si Macri no es reelecto, van a tener que volver a fojas cero. Y negociar todo de nuevo.

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