Sergio Ramírez recibió el Premio Cervantes y habló de Nicaragua


El escritor Sergio Ramírez recibió ayer el Premio Cervantes con un discurso que indagó en el vínculo entre novela y política y tendió un puente entre el autor del Quijote y el nicaragüense Rubén Darío.
El autor de “Margarita está linda la mar” dedicó unas palabras al comienzo de su intervención a los nicaragüenses que en los últimos días han perdido la vida en las protestas contra la reforma de la seguridad social del gobierno de su país.
“A la memoria de los nicaragüenses que han sido asesinados por salir a la calle a reclamar justicia y democracia”, destacó el autor justo antes de comenzar con la lectura de su discurso por la concesión del Cervantes.
Ramírez había aclarado antes de la ceremonia que iba a alterar su discurso original -centrado en Miguel de Cervantes y sus compatriotas Rubén Darío y Sandino- para incluir unas palabras sobre la explosiva situación que atraviesa su país, gobernado hoy por Daniel Ortega, viejo compañero de armas, revolución y gobierno en los años del sandinismo y hoy su enemigo declarado. 
Un Quijote caribeño, un Rubén Darío cervantino y la novela como herramienta contra una “realidad que abruma” recorrieron el discurso del escritor, quien calificó a Cervantes como un autor caribeño, “capaz de descoyuntar lo real y encontrar las claves de lo maravilloso”. 
Si Cervantes (1547-1616) marcó siglos de literatura en español, Darío (1867-1916) revolvió la lengua y “fundó” Nicaragua, según Ramírez. “Curioso que una nación americana haya sido fundada por un poeta con las palabras y no por un general a caballo con la espada al aire”, dijo.
“La virtud de Rubén Darío está en revolverlo todo, poner sátiros y bacantes al lado de santos ultrajados y vírgenes piadosas”, señaló el autor de “75 años” en la tradicional ceremonia. “Pero esa lengua nunca dejó de ser la lengua cervantina, otra vez, como en el Siglo de Oro, una lengua de novedades”, añadió.
“Es esa lengua de ida y de vuelta la que hoy se reinventa de manera constante en el siglo veintiuno mientras se multiplica y se expande. Una lengua que no conoce el sosiego. Una lengua sin quietud porque está viva y reclama cada vez más espacios y no entiende de muros ni fronteras”, indicó Ramírez. 
El autor de “Adiós muchachos” se refirió también a su doble vocación literaria y política para defender la novela como “una conspiración permanente contra las verdades absolutas”. 
“Cerrar los ojos, apagar la luz, bajar la cortina, es traicionar el oficio -reivindicó-. Todo irá a desembocar tarde o temprano en el relato, todo entrará sin remedio en las aguas de la novela. Y lo que calla o mal escribe la historia, lo dirá la imaginación, dueña y señora de la libertad”. 

El premio
La entrega del galardón más importante a la literatura en español, celebrada como cada año en Alcalá de Henares (ciudad natal de Cervantes), quedó marcada por las protestas recientes en Nicaragua, que dejaron al menos 28 muertos. Tras recibir la medalla y la escultura acreditativa del premio de manos del rey Felipe VI, Ramírez aseguró que dedicaba el galardón a sus compatriotas, “a los miles de jóvenes que siguen luchando sin más armas que sus ideales por que Nicaragua vuelva a ser república”. 
“Lo que ocurre en mi país es terrible, ha habido casi treinta jóvenes muertos en los últimos días y por eso llevo un crespón”, había asegurado Ramírez (Masatepe, 1942) poco antes de ingresar al Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. 
El galardón más importante de las letras en español se entrega tradicionalmente el 23 de abril, coincidiendo con el Día Internacional del Libro y la muerte de Cervantes (además de la de Shakespeare) y dota 125.000 euros (casi 150.000 dólares).
 

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