“Nací en una familia donde los juguetes eran los instrumentos musicales”

En San Martín al 1600, desde la vereda se pueden escuchar melodías. Risas y silencios se mezclan en la casa de Mabel. Allí, los amantes de la música encuentran su espacio.

Esta mujer de 46 años enseña música desde los 20, y expresa con orgullo que en la actualidad su alumno más chico tiene 8 años y el mayor, unos 70 largos.

Los instrumentos musicales están en su vida desde siempre. Su papá tocaba la guitarra y consideraba que el mejor juguete era un instrumento musical. “Cuando los chicos salían a jugar, yo salía con mi guitarra y tocaba en la vereda. Todos los vecinos se juntaban a escucharme y terminábamos todos cantando”, recordó Mabel, añorando los momentos de la niñez, que hoy recrea con sus alumnos más chicos.

La familia Alanís vivía en barrio Santa Lucía, donde funcionaba un pequeño conservatorio, donde se recibió de profesora de música. “Dependiendo de la economía en la casa, iba un año y a veces el otro no, pero terminé”, recordó.

Durante su época de estudio su padre se fue encargando de que tuviera todos los instrumentos que aprendía a tocar: la guitarra, el acordeón, el charango, la flauta, hasta que llegó el turno del piano. “Mi papá me lo quiso comprar varias veces, pero yo quería uno como el que tenía mi profesora.

Después -por distintos motivos- mi padre ya no pudo comprarlo y tuve que trabajar para tenerlo”, contó la mujer, quien agregó que gracias al trabajo que consiguió en la panadería El Abuelo, en tres años juntó para obtener el tan deseado piano.

Hoy, todos estos instrumentos y otros más tienen su espacio en una de las habitaciones de la casa donde vive, y en la que también funciona una forrajería. “Trabajo en la forrajería hasta las tres de la tarde y a las 16 empiezo con las clases de música. También arreglo bandoneones, pero eso es algo que recién estoy aprendiendo”, afirmó.

A la venta y en exhibición

Hace una semana, mientras Mabel exponía sus instrumentos en la vereda de su casa, Miguel Llaó, un conocido vecino salteño, se acercó. “Primero me preguntó si eran míos, si los arreglaba y después si tocaba. Charlamos un rato y se fue. Al otro día una amiga me llamó para decirme que estaba en las redes sociales y que era casi famosa. ¿Y ahora?”, se autopreguntó Mabel, que en unos días viaja a Buenos Aires invitada a una fiesta donde realizará una presentación con bandoneón.

Cada 10 días, la profesora de música expone sus instrumentos en la vereda, donde los bandoneones que están por toda la casa tienen su minuto de fama. Ella reconoce que este instrumento está un poco abandonado porque su estudio es difícil, y recordó que quien la impulsó a aprender a tocarlo fue don José Argentino Di Giulio. Frente a esta declaración, es entendible entonces la pasión que siente por la música.

En su niñez fue alumna de Di Giulio, quien es el autor de la marcha Gloria a Salta, himno oficial de la provincia de Salta. Una de sus estrofas dice así:

“Gloria eterna a la tierra salteña/
que a la Patria Argentina le dio/
con la sangre de sus nobles gauchos/
libertad con grandeza y honor”.

La profesora recuerda que cuando apenas tenía 8 años y Di Giulio le tomaba los exámenes, le recalcaba que debía seguir estudiando y que iba a ser una muy buena profesora. “Era anciano y me decía que tenía que aprende a tocar el bandoneón”, recordó.

El primer bandoneón que llegó a las manos de Mabel fue un regalo de su padre. Hoy, después de años de tocarlos, ya los conoce de punta a punta. Además, la necesidad de arreglarlos cuando se rompen, la llevó a aprender a desarmarlos. “Fui conociendo algunos luttiers de Salta, que de vez en cuando me permiten entrar a sus talleres. Ahí fui mirando y aprendiendo. En esto me considero una aprendiz. También arreglo algunos instrumentos que me traen los alumnos o los padres de los chicos, pero se que falta aprender, porque los abro y estoy 15 días para terminarlos”, detalló.

Más que familia, una banda

El padre de Mabel era originario de Catamarca y su madre, Isabel, de Chicoana. Pero el amor por la música llegó de la mano de don Alanís. Don Ramón era quien animaba las fiestas con su guitarra y Mabel siempre estaba a su lado. También allí estaban sus cuatro hermanos varones, quienes aprendieron a tocar la guitarra y el acordeón, pero de oído.

Más dedicada al estudio, la profesora aprendió a tocar la guitarra, bombo, charango, piano, violín y acordeón. Si bien le gustaría haber logrado formar un grupo, advierte que los músicos también necesitan comer y pagar sus necesidades y en su caso no cuenta con los fondos necesarios para sostener un grupo de músicos. “A lo mejor cuando me jubile, logro armar un grupo y salir a tocar por ahí”, sueña.

Sin embargo, la profesora tuvo un breve paso por los escenarios, en Rosario de la Frontera, “nada más ni nada menos que para darle paso al Chaqueño Palavecino”.

Por aquellas épocas era profesora de música ad honorem en la escuela rural del paraje La Salada, en Rosario de la Frontera. Allí estuvo durante 7 años, y en los tres últimos ya recibía un salario. Luego consiguió trabajo en la Sociedad Española de la misma localidad y allí se dedicó a dictar clases particulares. Fue por esos años cuando le avisaron que algunos de sus alumnos y ella iban a participar como “teloneros” del Chaqueño. Y así fue. Solo que después que se presentaron sus alumnos, los organizadores le dieron el honor a Mabel de ser ella quien invite al escenario al Chaqueño. “Fue tan emocionante. Ver tanta gente esperando que toque”, revivió emocionada.

Hace 10 años, y a pedido de su madre, Isabel Rodríguez, volvió a Salta. Luego de tanto tiempo volvió a estudiar y logró ingresar a la Escuela de Música gracias a la oportunidad que le dio Arturo “Pachula” Botelli. “Me llamaron a una mesa examinadora. Me pidió que lleve lo que sabía tocar. Llevé, toqué y entré”, finalizó.

Música en los barrios

Mabel fue una de las privilegiadas en aprender música en su barrio. En su paso por la Escuela de Música advirtió que tanto adultos como niños son llamados a tocar un instrumento o interpretar una canción. “Sería tan lindo tener espacios de enseñanza de la música en los barrios”, reflexionó.

Sin bien ella aprendió sobre pedagogía para la enseñanza de la música, advierte que sus chicos quieren aprender a tocar los instrumentos. “Lo que los trae es poder interpretar, escuchar y poder sacar una canción. Entiendo que hace falta la parte formal de la música, pero en los chicos no sirve que sea tan extensa. Hay tantas cosas que pueden distraerlos, que lo mejor es conectarlos con su instrumento”, analizó.

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