Julieta Lanteri, la primera mujer que pudo votar y que fue olvidada por la historia

Julieta Lanteri, fue la primera mujer que logró votar en elecciones en el país. Se trató de una médica y política ítalo-argentina fue la primera estudiante femenina el Colegio Nacional de La Plata y la primera mujer que pudo sufragar en la Argentina y también en toda América Latina, tras conseguir un amparo judicial que la habilitó en 1911. Hoy una nueva estación del subterráneo porteño lleva su nombre, por elección de los propios vecinos.

Su historia

En 1911, la Municipalidad de Buenos Aires llamó a actualizar el padrón ante las inminentes elecciones para concejales. El voto femenino aún no existía; recién fue aprobado en 1947. Como nada decía sobre hombres o mujeres, Julieta se basó en ese detalle y pidió a la Justicia Electoral ser incluida en el padrón para votar. Y ganó. Fue su tercera batalla.
En noviembre de ese año, Julieta logró votar, varias décadas antes de que se permitiera el voto femenino. El presidente de mesa, Adolfo Saldías, se felicitó por firmar la constancia "del primer sufragio de una mujer en el país y en América Latina".

La ley Sáenz Peña

En 1912 se promulgó la ley Sáenz Peña de voto universal, secreto y obligatorio para los inscriptos en el padrón. Para evitar que otras mujeres siguieran el ejemplo de Julieta, la inscripción "se basaba en el registro del servicio militar"; por consiguiente, excluía a las mujeres.
Julieta inició entonces su cuarta batalla: se presentó ante la autoridad militar para enrolarse. No pudo. Entonces apeló ante el Ministerio de Guerra, pero su recurso fue rechazado. Ella encontró otro argumento, ingenioso como el de 1911: la ley le impedía votar, pero no ser candidata. Y sostuvo ante la Junta Electoral que "la Constitución emplea la designación genérica de ciudadano sin excluir a las personas de mi sexo. La ley electoral no cita a la mujer en ninguna de sus excepciones".
La Junta reconoció que tenía razón: en 1919 se postuló como candidata a diputada. Así, fue la primera mujer candidata en la Argentina, aunque no podía votar. Obtuvo así el 1% de los votos; todos sus votantes, obviamente, eran hombres. Había ganado su quinta batalla.

Luchadora por los derechos de la mujer

Acitivista por los derechos de la mujer, fundó el Partido Feminista Nacional, la Asociación de Universitarias Argentinas y, años más tarde, organizó el Primer Congreso Femenino Internacional, el Primer Congreso del Niño a nivel mundial, la Liga Pro Derechos de la Mujer y la Liga por los Derechos del Niño, además de participar en la Liga contra la Trata de Blancas.
Hasta que llegó la batalla definitiva. A partir de 1930, comenzó a recibir amenazas anónimas. El presidente Uriburu había designado a la Legión Cívica (de extrema derecha, de orientación fascista y a la que se le adjudicaba la muerte de varios opositores) "partido único". 
En febrero de 1932, uno de sus afiliados, David Klappenbach, manejando su automóvil marcha atrás, subió a la vereda de Diagonal Norte y Suipacha, en pleno centro de Buenos Aires, y la arrolló. Julieta murió dos días después.
A pesar de los testimonios, la policía rotuló el caso como "accidente" y borró de los registros el nombre del conductor y los datos del vehículo. La casa de la periodista de El Mundo que denunció las irregularidades fue saqueada por policías de civil.
Las batallas de Julieta fueron episodios de una larga y única guerra que peleó con uñas y dientes en los tribunales y en las calles de la ciudad. Perdió cuando se usó contra ella un arma que nunca había usado: la violencia. Julieta siempre dirimió sus contiendas ante la Justicia.
Su nombre está unido a la lucha por las garantías constitucionales y los derechos civiles de la mujer. Su cuestionamiento a cuanto afectara sus derechos fue un ejemplo de civismo y de confianza en la Justicia, más allá del resultado.

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