El terror de la mala praxis destrozó a la familia Nieva

El periodista Néstor Nieva y su familia permanecen sumidos en el dolor, la angustia y la impotencia, tras la sorpresiva muerte de su esposa por supuesta mala praxis. A María Cristina Ulibarri, de 53 años, le pasó lo mismo que a la comunicadora y diputada porteña Débora Pérez Volpín, esposa del también periodista Enrique Sacco. El 13 de abril pasado la mujer ingresó lúcida, sonriente, llena de vida, a un consultorio médico y murió cuando era sometida a unas punciones para mitigar un dolor de espalda que la aquejaba desde hacía un tiempo. En el caso de Ulivarri la situación se agrava más aún porque la práctica médica a la que fue sometida se realizó en un policonsultorio, donde no había anestesista ni los elementos básicos de rehabilitación cardíaca que hubieran permitido salvarle la vida tras el infarto que sufrió.

Con su muerte, Néstor Nieva sufrió la segunda tragedia familiar. Hace 20 años perdió a su primer hijo, Gonzalo (11 años), quien fue aplastado por un camión. "Aquella vez María Cristina fue mi sostén; gracias a ella pude salir adelante", dijo, y agregó: "Ahora que ella no está me siento desbordado y si aún estoy en pie es gracias al apoyo de mis hijas, Noelia y Silvana".

Eran las 15 cuando la esposa de Nieva, acompañada de su hermana Laura, llegó al Centro de Diagnóstico "Santa Agatha", ubicado en calle Santa Fe al 100. Quince minutos después ingresó al consultorio de la médica Norma Beatriz Brandoni, y una hora después la familia recibió la dramática noticia de que la paciente había muerto. El deceso de la mujer se produjo cuando era sometida a una punción en la columna cervical para aliviar los dolores. Era la cuarta práctica y la segunda en el lapso de tres días. Lo que Nieva señala es que desconocían en qué condiciones se realizaban estos tratamientos. "Se supone que el médico conoce los riegos y que no puede exponer a un paciente a una práctica sin contar con los elementos indispensables ante una emergencia, como la que pasó", expresó Silvana Nieva. La hija de María Cristina explicó que luego del fatal desenlace recién tomaron conocimiento de que la médica no contaba con el equipamiento para realizar las punciones, como tampoco anastesista. "No había quirófano, instrumental quirúrgico esterilizado, tubo de oxígeno ni equipo de reanimación cardiovascular", explicó la joven. Por eso cuando su madre sufrió el paro cardíaco, en plena intervención, no hubo posibilidades de salvarla.

"Todos depositamos la confianza en el médico", subrayó Nieva. "Sin embargo -apuntó-, lo que pasó con mi esposa confirmó que esta doctora estaba haciendo un ejercicio ilegal de la medicina". El periodista explicó que en el Santa Aghata funciona un policonsultorio donde atienden profesionales de distintas especialidades, además de un tomógrafo y el centro de diagnóstico por imágenes a cargo de Brandoni.

El primer interrogante que surgió cuando se conoció la muerte de Ulivarri fue el siguiente: ¿Por qué esta médica le realizó punciones cuando su especialidad es el diagnóstico por imágenes? Néstor Nieva lo explicó en estos términos: "El médico tratante de mi señora le sugirió que fuera a ver a esta doctora para que le hiciera un diagnóstico por los dolores que padecía desde hace tiempo. Fue entonces que la médica le manifestó que le podía hacer punciones en la cervical y ella aceptó". Explicó que Brandoni le pedía una orden del IPS para una tomografía, con la que disfrazaba el tratamiento de las punciones, y un plus de 3.000 pesos por sesión. "La del 13 de abril era la cuarta punción y nos llama la atención que la haya sometido a semejante rigor cuando tres días antes le había realizado la tercera intervención", apuntó el periodista.

El segundo interrogante que se planteó la familia fue si Brandoni tenía alguna especialidad en la materia. "Sabemos que desde el Colegio Médico dicen que estaba capacitada para realizar estas prácticas", señaló Nieva. Sin embargo, lo que comprometería a la profesional sería el hecho de haber realizado la intervención en un lugar no autorizado, y sin contar con los instrumentos para una práctica de esa magnitud. "Está claro que la doctora hizo todo; es decir colocó la anestesia, controló la presión arterial y realizó la función. Ahora sabemos que una sola persona no puede hacer todo eso a la vez", apuntó. Otro de los interrogantes que se plantea la familia es saber qué droga se le inoculó a la paciente para la punción. "La médica se negó a declarar y ahora estamos esperando que se haga una junta médica y los resultados de los estudios complementarios", dijo Nieva. Además, apuntó que en el consultorio de Brandoni no se encontró la historia clínica de la paciente, como tampoco ninguna orden médica para la práctica de las punciones ni la droga que se le inoculó. Silvana Nieva lloró al recordar un episodio ocurrido días pasados en la fiscalía a cargo de Pablo Rivero. "Cuando la doctora llegó esbozó una sonrisa y eso nos dolió mucho, lo que demuestra la insensibilidad frente nuestro dolor", expresó.

“Debe ser imputada por homicidio simple”

El abogado querellante pidió el cambio de carátula contra la doctora Brandoni.  

A partir de las pruebas colectadas, el querellante de la familia Nieva, Carlos Saravia, pidió al fiscal Rivero que se le amplíe la imputación a la doctora Brandoni, quien está acusada de homicidio culposo por negligencia médica. “Entendemos que esta profesional excedió el marco de la negligencia, que de su parte hubo una conducta desaprensiva y por eso hemos solicitamos al fiscal que sea imputada de homicidio simple”, expresó Saravia a El Tribuno. 

“En el lugar donde murió la señora Ulivarri funcionaba un centro de diagnóstico que no estaba habilitado por el Colegio Médico”, refirió el querellante. Explicó que “si bien la terapia del dolor está aceptada científicamente, pero antes de practicarla el médico tiene la obligación de pedir un consentimiento informando al paciente y en este caso eso no ocurrió”. Saravia sostuvo que “como toda práctica invasiva implica riesgos, y la señora Brandoni no tomó los recaudos establecidos por los protocolos médicos”.

A juicio de Saravia, lo que hacía la doctora Brandoni era lisa y llanamente una “práctica ilegal de la medicina”, y como prueba de ello indicó que “todavía no se sabe qué droga le inoculó a la señora de Nieva”. También aseveró que la “profesional cometió un fraude contra la obra social (IPS), ya que le pedía a la paciente una orden para una tomografía y le realizaba una terapia del dolor y el pago de un plus en negro”.

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